No seré muy buena con las palabras, pero lo que sí es que podré explicar mas o menos lo que siento. Por un lado me animé a escribir este blog para platicar la mala experiencia que estoy viviendo con la parálisis facial y deshogarme de alguna forma; pero por otra parte, al estar navegando por la internet y ver que hay muy pocos blogs que hablen de este mal y a muchas personas buscando respuestas como yo, decidí escribirlo para al menos brindar un poco de ayuda y luz a quienes lo precisen. Esto con el fin de apoyar.
Espero desde el fondo de mi corazón que la información aquí recabada les ayude y puedan salir adelante para lograr su recuperación total.
Antes que nada, les dejo la url que habla de forma metódica lo que trata la parálisis:
Les recomiendo que la lean con detenimiento. Comprendan que la mejor arma es informarse aunque claro está que nada sustituye la visita a los especialistas. Tomen en cuenta que escribo esto para contarles mi experiencia y como llevo día con día mi enfermedad y que tal vez desde mi punto de vista pueda servirles a ustedes o a las personas que padecen por lo mismo.
En fin, dejando a un lado esto, ahora procedo a contar mi experiencia: Yo lo que porque esa enfermedad que me dio fue una inflamación del nervio facial. ¿Cómo comenzó todo? el 29 de junio del 2012, comencé a sentir a medio día un extraño cosquilleo en la lengua. Claro, uno lo atribuye a una mal comida o en mi caso, a altas y bajas de azúcar (sufro prediabetes) por lo que busqué refrescar mi lengua y me olvidé del asunto. Sin embargo al irme a dormir el cosquilleo aumentó y la cena me había dejado un mal sabor de boca, tanto que pensé que estaba la comida mal pasada. Sin embargo no sentía dolor ni nada más.
Al día siguiente, salí con mi madre en automóvil y de repente comencé a sentir que se me tapaba los oídos y que parpadeaba más de mi ojo derecho. A la hora de eso, comencé a almorzar y fue cuando sentía que la boca se me iba de lado y no podía tomar agua pues se me salía y mi familia, que estaba conmigo me miraba raro y efectivamente notaba mi esfuerzo por comer y beber. Total que asustada, fui con una tía médico, la cual al verme me declaró que padecía de "Parálisis Facial" que era tratable, curable, que la mayoría se cura completamente, pero estar enfermo del rostro, sin poder mover una parte de la cara, no poder parpadear con normalidad y que por eso se irrite el ojo, no poder comer con normalidad porque los labios no se quieren levantar, no poder retener agua en la boca porque se sale, y por eso tampoco poder lavarme bien los dientes porque ni siquiera buches podía hacer, no poder hablar ni reír con naturalidad, ni poder levantar las 2 cejas (solo se levantaba una), cuando me bañaba por eso de que un párpado como que no tenía fuerza para cerrarse bien a veces me entraba el agua jabonosa y el shampoo, no poder silbar e inflar globos, todo eso junto … pues sí te pega de forma física, psicológica y por supuesto...social pues todos te miran feo. Tu vida da un giro total y te desesperas pues jamás has pasado por esa situación tan dolorosa, al menos en tu mente pasan imágenes tan traumáticas.
Bueno, habían muchas cosas que no podía hacer y ¡en tan poco tiempo!, entonces estar así es como para no sentirse bien y sentirse bien limitado, te sientes infeliz y quieres que pase todo rápido, recuperarte en un tris-tras, pero conforme pasan las horas te das cuenta que no son así las cosas y lloras.
La primer semana ha sido la más difícil... creo, porque yo quería ver resultados a la de ya, porque me habían dicho que en esa semana tenía que ver resultados, y yo ¡no miraba nada! fue bastante decepcionante. Me tomaba el antiviral que me recetaron, así como tomaba religiosamente el diclofenaco y sufría ponerme cada 12 horas una inyección dolorosa de vitaminas. Igualmente comencpe a acudir a fisioterapia para recuperarme YA: Me daban electroestimulación, ultrasonidos, ventosas...todo caro pero no me importaba pues yo quería tener mi rostro bien, para poder trabajar (ando buscando trabajo y me daban puestos importantes y por esta enfermedad se me truncó el asunto) Pasaron los 7 días y no sentía que mejorara, pero lo que si notaba y por lo menos decía yo era buena señal, es que no empeoraba, entonces me imaginé que por lo menos las pastillas habían ayudado en algo, aunque igual me desesperaba y lloraba a pesar que todos me decían que no se me notaba mucho pero uno solo sabe lo que se siente. Igual, a los 7 días ya me estaba terminando el tratamiento y no sabía que hacer, hasta que me recomendaron a otro médico y acudí a una segunda opinión.
Al entrar a la sala del médico (que es especialista en estrés y homeopatía, asi como diplomado en diabetes) me inspiró confianza, ya era una persona grande pero se ve experimentada. Me dijo sorprendido que era el tercer caso en el día que llegaba a su consulta con parálisis facial y me dijo que probablemente la causa de la mia era por un coágulo prediabético o un coraje y que había sido agresivo (debo admitir que no he pasado por buenas semanas y he tenido mucho estrés) pero igual me salí sin cubrirme a pesar de la época de lluvias. En fin, muchos factores pudieron ser. Me animó el médico y me dijo que le echara ganas y que si seguía las instrucciones, podría salir en mínimo 10 días. Inmediatamente me tomó mis datos y me dio terapia que consistió en lo siguiente:
-Homeosiniatría: Consiste en inyectar los medicamentos homeopáticos en los puntos de acupuntura de la Medicina Tradicional China.
En mi caso, nunca me habían puesto agujas o inyecciones en el rostro, temía por el dolor (en mi parálisis si sentía que me ponían los dedos y detectaba los sabores) pero por mejorar lo soporté. El dolor es palpable pero tolerable. Inyectaron en mi nuca y en el rostro. Hay que checar que el material era desechable y aplicado de forma profesional.
-Electro-estimulación: Inmediatamente de la homeosiniatría, me aplicaron corriente eléctrica en mi rostro. Eran "toques" continuos que iba aplicando el médico en ciertas zonas.
-Ultrasonido infrarrojo: Después de la electro.estimulación me pasó el ultrasonido y aplicaba calor.
-Masaje: No recuerdo el nombre de esta técnica pues era a través de un aparato mecánico cuyos nodos daban vueltas, igual escuchaba al médico contar el tiempo en cada zona.
-Ejercicios faciales: Después de lo anterior, para finalizar, el médico me enseñó algunos ejercicios que debía hacer en mi casa de 3 a 4 veces al día. Esos ejercicios eran en abrir y cerrar los ojos con fuerza y luego leve (40 repeticiones) todo sentada, con la espalda recta, el rostro derecho y me hacía mover los ojos solamente, la vista de arriba y hacia abajo totalmente, fuerte, en la misma serie de repeticiones, luego de izquierda a derecha, y al último en círculos (20 a la derecha y 20 a la izquierda) luego trabajaba con la lengua y la boca, con ayuda del espejo sacar la lengua de forma recta 40 veces metiendo y sacando fuertemente la lengua de mi boca. Después pasar la lengua entre los dientes y los labios en circulos, siguiendo la hilera de mis dientes y muelas, 20 de un lado y 20 de otro, e igual empujar la lengua de forma interna de una mejilla a otra en el mismo número. Para terminar debía acomodar mis labios e inflar un globo. El médico me dijo que al o largo del día lo intentará como 100 veces y que no me preocupara, que de esas 100 se inflaría una o dos.
Debo añadir que al terminar todo esto (al salir de la consulta del médico después de una hora y media) recuperé el 30% de mi movimiento. Eso fue el día sábado 7 de julio del 2012, a una semana de cuando empecé con la parálisis.
Nueva medicación: Como ya había terminado con el antiviral, me recomendó continuar con dosis de Soma-B (inyecciones de vitaminas) y 4 más de corticoides. Igual tomar Neurobión y diclofenaco cada 8 horas. En las noches debo beber una infusión de ruda con chocolate abuelita antes de irme a costar pues es caliente. Claro, esto me lo dijo checando que mi glucosa estuviera bien y no estuviera embarazada. La ruda es de cuidado.
Hoy, lunes 9 de abril he acudido a mi segunda consulta. Pasé por el tratamiento de Homeosiniatría y masaje mecánico, así como los ejercicios faciales. Me recomendó ahora conseguir un tabique o ladrillo rojo (exclusivamente, pues el barro con que está hecho es caliente), cubrirlo con una toalla y meterlo en agua hirviendo, que la sacara y con ayuda de otra toalla darme masaje para acomodar mis labios que aún siguen un poquito chueco y jugara con un huesito de durazno (melocotón) en mi boca como si fuera un dulce y eso me ayudaría. Igual siguiera con el globo y me da esperanzas de mejorar mucho esta semana. Debo añadir que me siento mejor, puedo abrir y cerrar mas mi ojo y articular un poco más las palabras, creo que he avanzado otro 10% y estoy algo mas contenta y tranquila. Igual debo cubrirme del frío con una bufanda cuando salga. Debo confesar que de repente me desespero pero estoy viendo avances y eso que apenas llevo 10 días con este mal. El médico confía que salga en esta semana o la otra. Así que debo ser constante y pensar positivo ¿no?
Puedo decir que creo que soy bastante afortunada a pesar de todo, porque el tratamiento lo empecé cuando comencé y sentí lo raro en la parte izquierda del rostro, también seguí al pie de la letra las pastillas que me recomendo el doctor a las horas que me las tenía que tomar, seguir los ejercicios y mirarme al espejo, aunque luego lo hacía luego incoscientemente todo por salir bien.
Les digo a todos que le echen ganas, que acuden con el médico correcto y si no les convence a quien acuden busquen una segunda opinión. Recuerden que esto afecta en varios sentidos a la persona que lo padece. Desafortunadamente, tenemos que pasar por estas terribles situaciones para entender que debemos cuidar nuestra salud, en hacer caso en la gente que te dice que te cuides. Debo añadir que ahora entiendo un poquito el mundo de las personas que han sufrido parálisis más fuertes y no me gustaría estar en sus zapatos, pero eso no deja de ser menos admirable lo mucho que luchan para salir adelante. Admiro a la gente que es perseverante en su tratamiento, en sus terapias. Ver que ellos tienes que pasar por varios años para recuperarse, tal vez no al 100%, pero siguen al pie del cañón. Es por eso que a nosotros, que ha sido algo parcial, no por ello nos vamos a dejar vencer. Si ellos han podido, nosotros con más razón.
Ánimo. Les estaré avisando de mi evolución y ustedes, compartan su experiencia, por favor =) me será grato su ayuda, sus consejos y por su puesto, sus vivencias.
Besos y piensen "SI PUEDO; ESTOY BIEN"
lunes, 9 de julio de 2012
viernes, 25 de noviembre de 2011
Capítulo 3. "Camino de nueces y chocolate"
Capítulo 3. Camino de nueces y chocolate.
-¡Veo luz, veo luz!
Casi me iba de espaldas por la emoción y no era para menos. Habíamos pasado varios días e interminables noches que se hicieron semanas enteras compartiendo sinsabores, tristezas y tragos amargos. El túnel en donde nos hallábamos atrapados era difícil que entrase siquiera un poco de los rayos del sol. Casi siempre en nuestras cabezas gobernaban las tinieblas.
-Golondrina, te vas a caer.- Me advirtió el Dragón un poco tarde pues los grises ladrillos estaban húmedos, muy lisos y por la exclamación que solté, así por la debilidad que aún resentían mis alas, resbalé y caí al vacío.
-¡Ay!
¡Pum! Se escuchó muy quedo. Abrí lentamente los ojos y me los froté. Me levanté y comprobé con mis pequeñas patas que había aterrizado sobre la barriga del Dragón. Con razón no sentí dolor cuando choqué con algo suave.
-¡Gracias Dragón!- Fui dando de brinquitos sobre el vientre plateado.- Si no hubiese sido por ti me hubiera convertido en puré de pollo.
-O de humano.- Dijo el Dragón, algo divertido.- Menos mal que estabas en tu forma de Golondrina que si no…
Reí por el comentario de mi compañero. Era verdad que también estaba de mejor humor que en días pasados. El escucharle con más ánimo me hizo sentirme también un poco más fuerte. Era también que las heridas continuaban haciendo mella en nuestros cuerpos y su interior, pero su risa me parecía que un viento agradable refrescaba todo de mí.
-Quisiera intentar subir de nuevo.- Comenté batiendo las alas con cuidado. El Dragón movió la cabeza inquisitivamente.
-¿Tan tenaz eres? Llevas días intentándolo…
-Un poquito solamente, sí.- Volví a sonreír.- Oye, que no quiero que la tripa más chica se coma a la más grande. Ya me acabé las semillas que traía conmigo.- Palmeé mi estómago que estaba rugiendo como si tuviese una manada de leones hambrientos dentro.- No sé tú pero yo tengo mucha hambre, más grande que de lo que mido. Imagino que la tuya ha de ser monumental por más dragón que seas y hayas aguantado tanto tiempo sin probar bocado.
El Dragón soltó una pequeña carcajada y entornó sus ojos.
-Sí, tal vez tenga algo.
-Uhm. Si salgo prometo traerte algo. Algunas bayas, hierbas, frutos secos…- Al decir esto, él comenzó a reírse con más estruendo.
-Esa dieta es un poco difícil de llevar por seres como yo.
-Ah pues…yo no sé que coman los de tu clase.- Volví a dar otros saltitos y me posé sobre su frente ladeando mi cabecita con interrogantes.- ¿No te gustan las hierbas?
-No soy conejo.
-¡Oye! – Fruncí el ceño algo sentida y crucé mis alas sobre mi pinto pecho.
-Perdona, perdona.- Me enseñó toda la hilera de sus dientes en una mueca de sonrisa y disculpa.- No quise ofenderte, solamente que no estoy acostumbrado a comer esa clase de…alimento. Soy más carnívoro que los mismos felinos.- Al decir lo último vislumbré una sombra de tristeza fugaz que pasó por sus pupilas.
-No tiene nada de malo.- Dije dándole de toquecitos con mi pico para animarlo. Ya me daba cuenta cuando él se ponía melancólico y yo no quería verle así. Me gustaba más verle sonreír.- Mira, yo no soy tan grande ni tan fuerte para traerte un rebaño de ovejas o un lechón porque no puedo con él, pero si te traigo algunas frutas y verduras… ¿prometes comerlas aunque sea un poquito? Debes ponerte fuerte para salir de aquí.
Él volteó a mirarme y haciendo un esfuerzo, me contestó un poco más alegre, asintiendo.
-Te prometo que si caes, yo estaré aquí para levantarte.
Sonreí. Me sentí muy contenta, mucho, como nunca me había sentido antes pues sus palabras destilaban sinceridad y eso desde hace mucho me hacía falta.
-Bueno, entonces ayúdame de nuevo por favor.- Abaniqué mi cola y miré hacía arriba, intentando calcular como podría alcanzar la boca del pozo.
El Dragón intentó incorporarse mientras yo me posaba entre sus fosas nasales. Sentía su respiración, un aire calientito que salía de su interior. Cuando noté que ya no podía levantarse más por el dolor de sus cortes en el pecho y su espalda –en donde tenía claramente la marca de la empuñadura de una daga- Dí unos brincos para poder impulsarme hacía arriba.
Hicimos varios intentos, de las cuales la mayoría de las veces volvía a irme de bruces al fondo del pozo, pero siempre el Dragón de Xián amortiguaba mi caída. A veces quise darme por vencida, sin embargo al ver que Él me ayudaba soportando su gran dolor, me di cuenta que lo que quería hacer no era solo por mí, sino por él…por los dos.
Estaba exhausta pero continúe, tenía que luchar…fue entonces que en una de esas pude brincar más alto y antes de volver a caer en picado batí mis alas oscuras y fui alcanzando altura. Poco a poquito, a veces yéndome de lado, a veces chocando con las circulares paredes, logré ir subiendo.
-Tú puedes, Golondrina. Puedes volar- Escuché a mi amigo animarme. Eso me inyectó más energía sin darle importancia al ardor que sentía en mi garganta. Igual debo confesar que tenía mucho miedo en salir de ahí porque el zorro estaba en alguna parte…ahí afuera…en el exterior, igual mi padre el Buitre que estaría, tal vez buscándome para darme el castigo de mi vida... Pero la voz del Dragón por un momento me hizo vencer ese miedo.
“Yo puedo, yo puedo” Me dije a mi misma a la par de lo que me decía el Dragón.” Además hice una promesa, ¡tengo que poder!”
Dejé mi figura de Golondrina y me quedé como una simple muchacha semidesnuda. Divisé el cielo y supuse que el atardecer estaba ya cayendo. Una brisa fría me congeló hasta los huesos. Pronto se haría noche y los animales carroñeros estarían acechando el sitio. Debía darme prisa.
Encontré, muy cerca a la boca del pozo, una bolsa verde tejida que me había dado mi madre la Paloma como regalo de cumpleaños y que traía conmigo antes de que el Zorro me hiciera trizas…Suspiré con fuerza e intenté contener la tristeza, apreté los puños y aspiré el aroma de las pocas flores que crecían entre las matas de hierba bruta. Inmediatamente la recogí, la sacudí para quitarle la tierra y busqué dentro de ella. Solté un murmullo entre agradecimiento y decepción. Dentro quedaba un vestido blanco con polvo, una cantimplora vacía y dos barras de chocolate dentro de su envoltura. Con eso no apagaría nuestra hambre, así que, después de ponerme el vestido, me dediqué a explorar tratando de ir no muy lejos para no perderme en esas tierras extrañas y que tontamente fui a explorar sin compañía de nadie, solo del zorro traicionero…
“Pero…en estas tierras pude encontrarme y conocer mejor al Dragón.” Me dije, animándome, pensando que siempre detrás de la oscuridad hay una perlita de luz. Un por qué a ese dolor tan desgarrante.
El camino esta repleto de piedras y seca tierra por lo que me hice otros cortes nuevos en mis pies, pero poco me importó. Me encontré con un árbol repleto de nueces. Busqué si no había ardillas por el sitio pues me parecía que si las tomaba sin permiso dejaría a las pobres sin poder comer. Estaba hambrienta pero no podía hacer esa acción tan vil. Al no encontrar ningún rastro, comencé a acopiar los frutos secos, contenta e intentando tararear alguna canción. Pocas notas salieron de mí.
“Poquito a poquito. El Dragón me dijo que si practicaba y dejaba sanar bien mis heridas, podría volver a cantar.” Sonreí.
Pronto encontré también un arroyuelo del cual pude llenar mi cantimplora; junto a él varios colibríes revoloteaban sobre un ramaje lleno de flores coloridas y tupidas. Me acerqué a ellas, me saludaron con afecto y sin contar mucho notaron que no era de esas tierras, así igual que tenía rasguños recientes y mi rostro fatigado, sediento y lleno de hambruna. Uno de aquellos pajarillos, quien dijo ser el que protegía a los colibríes, se convirtió en un hombre anciano de cabello blancuzco y largas barbas, me obsequió su ración de néctar después se escuchar un poco de mis penas.
-Un poco de ayuda para una hermana de los vientos.- Dijo dándome también una porción generosa de moras dulces y señalándome donde podría encontrar más alimento.- Y más siendo alguien quien ha sobrevivido a la caída en el Pozo de la Traición. Somos pequeños pero entre nosotros, los hijos del aire siempre habrá hermandad y comprensión. Noto que aún te falta mucho por superar ese dolor que carcomió tu alma. Mucho de ese camino debes superarlo por ti misma, primero debes curarte, eliminar tu tristeza y rabia así como pasar otras pruebas y perdonar. Pero nunca olvides que no estás sola…- Dicho esto me abrazó mientras yo lloraba llena de gratitud pensando que ese señor tan amable me recordaba a mi amada abuela que tanto añoraba.
La extrañaba, igual echaba de menos a mi mamá Paloma y a mis hermanos. ¿Cómo estarían ellos? Tenía tantas ganas de abrazarles, de cobijarme entre sus cálidas plumas…es cierto que deseaba con tanto ahínco volver a mis tierras, pero el señor Colibrí tenía razón. Además, alguien estaba aguardándome, sufriendo lo mismo que yo…
Después de dar las gracias, me apresuré a seguir recolectando bayas y despidiéndome de los amables colibríes regresé al pozo cuando salía la primera estrella nocturna.
Cuando regresé al lugar donde hace tantas semanas el Zorro me lanzó, al querer bajar, una oleada de terror volvió a sacudirme. Mis pesadillas volvieron y recordé con nitidez como él se había deshecho de mí. A lo lejos escuché el ulular de los búhos y el aullido de los lobos… La oscuridad de ese pozo no me gustaba nada pero…tenía que volver. El Dragón me esperaba.
Me posé sobre la entrada, aleteé un poco y comencé a bajar, pero sin querer mi cuerpo se paralizó y me fui de pico. Por un momento las plumas de mis alas fallaron, tampoco el peso de la bolsa me ayudó. Quise asirme de las paredes pero si lo hacía de seguro estropearía lo que llevaba, igual no pude gritar. Apreté los párpados y levanté mis patitas. Rezaba por que el Dragón se percatara de mi presencia. Pasaron los segundos volando y yo seguía cayendo, cayendo. En eso escuché la voz de mi amigo el Dragón y entonces abrí muy bien mis ojos y pude ver una mano me atrapaba como si fuese una pelota de goma, pero fue con mucha sutileza…Espera… ¿una mano? Volteé hacía arriba, muy extrañada intentando orientarme y buscando la garrafal figura de dragón que ya había memorizado. Pero para mi sorpresa no estaba Él, al menos como lo había conocido…
-¿Estás bien, Golondrina?- Me preguntó algo preocupado. No cabía duda que era el Dragón, pero aún así no salía de mi sorpresa. Lucía tan distinto pero no menos poderoso.
Ya no lo veía de ese tamaño tan descomunal, si no que lo miraba mucho más pequeño, muy diferente…lo vi como un humano. La poca luz de sol que daba me hizo poder vislumbrar un poco su cabello que era castaño, ondulado, bonito…la piel de su rostro era blanca y estaba tapizada por una abundante barba y un bigote que coronaba unos finos labios. Me costó trabajo enfocar sus ojos pues estos se encontraba ocultos detrás de unas gafas de oscura pasta pero lo poco que vi me parecieron penetrantes y llenos de misterio. Se veía en verdad tan erudito pero a la vez tan dulce.
-¿Golondrina?- Me volvió a llamar mientras con su dedo índice se posaba sobre mi pico. Fue entonces cuando reaccioné y me puse de un brinco, algo avergonzada.
-Estoy bien.- Dije intentando ocultar mi sonrojo. No era tan difícil por el color de mi plumaje, al menos eso creía.- Gracias por salvarme de nuevo, Dragón.
-No tienes que agradecer.- Dijo con amabilidad mientras me ponía sobre el suelo y él se sentaba a mi lado. No veía bien como iba vestido, pero escuché el roce de telas que abrazaban su cuerpo.- Me reconociste…
-Eso es fácil. Tienes una voz peculiar y muy varonil. Me gusta.- Noté que sus mejillas se le ponían coloradas y miraba hacia otro lado. Entonces sentí de nuevo vergüenza.- Perdona, no quería ofenderte. A veces soy muy lengua larga y hablo de más.
-No, no me ofendiste, al contrario.- Volvió a mirarme y sus labios bonitos me sonrieron mientras yo me acicalaba las plumas y pasaba la tira del zurrón por encima de mi cabeza para dejarla en el piso. Él me había ayudado también con el peso de la bolsa. Después se puso serio- Volaste muy bien y se ve que conseguiste algo para comer…pero… ¿Por qué volviste a este foso? Bien podías ir a casa, Golondrina.
La pregunta me hizo echarme para atrás, alcé el cuello y le miré directamente.
-Por que soy alguien quien cumple sus promesas, igual que tú.- Al decir eso, en un abrir y cerrar de ojos volví a mi forma humana y me acomodé a su lado mientras, sin mirarle, comenzaba a vaciar la bolsa tejida. No estaba segura si el Dragón podría verme bien pues otra vez ya no había mucha luz- No podía dejarte solo y hambriento, ¿ne?
Él se quedó en silencio. Sentí que cavilaba e igual que me perforaba con sus ojos. Cuando acabé de vaciar mi zurrón, le enseñé lo que traía conmigo y le platiqué mi encuentro con los colibríes al igual le ofrecía disculpas por no poderle lo que a él le gustaba.
-Te prometo que mañana saldré más temprano y buscaré algo para ti. Algo de carne - Le dije volviendo a mirarle de frente.- Le preguntaré al señor Colibrí si sabe como puedo conseguirla.
-Tienes los ojos rasgados, muy bonitos…como de egipcia.- Fue lo único que me dijo, con una sonrisa por delante y que me hizo ponerme colorada.
Nadie me había dicho algo así. Con nerviosismo rompí la envoltura de uno de los chocolates y estrujaba unas hierbas curativas que había encontrado y que le había dicho que servirían para seguir sanando sus heridas.
No supe que contestarle, solo me reí mientras le metía un pedazo de chocolate en su boca para que lo saboreara…
-Nuestro camino es como un chocolate…a veces duro, a veces amargo… otras veces es dulce y placentero. Lo que me dices son estas últimas cosas. Gracias, Dragón…- Le mostré los frutos secos.- Creo que lo mismo pasa con éstas. Son duras por fuera pero su fruto es delicioso. Yo no sé partir nueces… ¿me ayudas?
-¡Veo luz, veo luz!
Casi me iba de espaldas por la emoción y no era para menos. Habíamos pasado varios días e interminables noches que se hicieron semanas enteras compartiendo sinsabores, tristezas y tragos amargos. El túnel en donde nos hallábamos atrapados era difícil que entrase siquiera un poco de los rayos del sol. Casi siempre en nuestras cabezas gobernaban las tinieblas.
-Golondrina, te vas a caer.- Me advirtió el Dragón un poco tarde pues los grises ladrillos estaban húmedos, muy lisos y por la exclamación que solté, así por la debilidad que aún resentían mis alas, resbalé y caí al vacío.
-¡Ay!
¡Pum! Se escuchó muy quedo. Abrí lentamente los ojos y me los froté. Me levanté y comprobé con mis pequeñas patas que había aterrizado sobre la barriga del Dragón. Con razón no sentí dolor cuando choqué con algo suave.
-¡Gracias Dragón!- Fui dando de brinquitos sobre el vientre plateado.- Si no hubiese sido por ti me hubiera convertido en puré de pollo.
-O de humano.- Dijo el Dragón, algo divertido.- Menos mal que estabas en tu forma de Golondrina que si no…
Reí por el comentario de mi compañero. Era verdad que también estaba de mejor humor que en días pasados. El escucharle con más ánimo me hizo sentirme también un poco más fuerte. Era también que las heridas continuaban haciendo mella en nuestros cuerpos y su interior, pero su risa me parecía que un viento agradable refrescaba todo de mí.
-Quisiera intentar subir de nuevo.- Comenté batiendo las alas con cuidado. El Dragón movió la cabeza inquisitivamente.
-¿Tan tenaz eres? Llevas días intentándolo…
-Un poquito solamente, sí.- Volví a sonreír.- Oye, que no quiero que la tripa más chica se coma a la más grande. Ya me acabé las semillas que traía conmigo.- Palmeé mi estómago que estaba rugiendo como si tuviese una manada de leones hambrientos dentro.- No sé tú pero yo tengo mucha hambre, más grande que de lo que mido. Imagino que la tuya ha de ser monumental por más dragón que seas y hayas aguantado tanto tiempo sin probar bocado.
El Dragón soltó una pequeña carcajada y entornó sus ojos.
-Sí, tal vez tenga algo.
-Uhm. Si salgo prometo traerte algo. Algunas bayas, hierbas, frutos secos…- Al decir esto, él comenzó a reírse con más estruendo.
-Esa dieta es un poco difícil de llevar por seres como yo.
-Ah pues…yo no sé que coman los de tu clase.- Volví a dar otros saltitos y me posé sobre su frente ladeando mi cabecita con interrogantes.- ¿No te gustan las hierbas?
-No soy conejo.
-¡Oye! – Fruncí el ceño algo sentida y crucé mis alas sobre mi pinto pecho.
-Perdona, perdona.- Me enseñó toda la hilera de sus dientes en una mueca de sonrisa y disculpa.- No quise ofenderte, solamente que no estoy acostumbrado a comer esa clase de…alimento. Soy más carnívoro que los mismos felinos.- Al decir lo último vislumbré una sombra de tristeza fugaz que pasó por sus pupilas.
-No tiene nada de malo.- Dije dándole de toquecitos con mi pico para animarlo. Ya me daba cuenta cuando él se ponía melancólico y yo no quería verle así. Me gustaba más verle sonreír.- Mira, yo no soy tan grande ni tan fuerte para traerte un rebaño de ovejas o un lechón porque no puedo con él, pero si te traigo algunas frutas y verduras… ¿prometes comerlas aunque sea un poquito? Debes ponerte fuerte para salir de aquí.
Él volteó a mirarme y haciendo un esfuerzo, me contestó un poco más alegre, asintiendo.
-Te prometo que si caes, yo estaré aquí para levantarte.
Sonreí. Me sentí muy contenta, mucho, como nunca me había sentido antes pues sus palabras destilaban sinceridad y eso desde hace mucho me hacía falta.
-Bueno, entonces ayúdame de nuevo por favor.- Abaniqué mi cola y miré hacía arriba, intentando calcular como podría alcanzar la boca del pozo.
El Dragón intentó incorporarse mientras yo me posaba entre sus fosas nasales. Sentía su respiración, un aire calientito que salía de su interior. Cuando noté que ya no podía levantarse más por el dolor de sus cortes en el pecho y su espalda –en donde tenía claramente la marca de la empuñadura de una daga- Dí unos brincos para poder impulsarme hacía arriba.
Hicimos varios intentos, de las cuales la mayoría de las veces volvía a irme de bruces al fondo del pozo, pero siempre el Dragón de Xián amortiguaba mi caída. A veces quise darme por vencida, sin embargo al ver que Él me ayudaba soportando su gran dolor, me di cuenta que lo que quería hacer no era solo por mí, sino por él…por los dos.
Estaba exhausta pero continúe, tenía que luchar…fue entonces que en una de esas pude brincar más alto y antes de volver a caer en picado batí mis alas oscuras y fui alcanzando altura. Poco a poquito, a veces yéndome de lado, a veces chocando con las circulares paredes, logré ir subiendo.
-Tú puedes, Golondrina. Puedes volar- Escuché a mi amigo animarme. Eso me inyectó más energía sin darle importancia al ardor que sentía en mi garganta. Igual debo confesar que tenía mucho miedo en salir de ahí porque el zorro estaba en alguna parte…ahí afuera…en el exterior, igual mi padre el Buitre que estaría, tal vez buscándome para darme el castigo de mi vida... Pero la voz del Dragón por un momento me hizo vencer ese miedo.
“Yo puedo, yo puedo” Me dije a mi misma a la par de lo que me decía el Dragón.” Además hice una promesa, ¡tengo que poder!”
Dejé mi figura de Golondrina y me quedé como una simple muchacha semidesnuda. Divisé el cielo y supuse que el atardecer estaba ya cayendo. Una brisa fría me congeló hasta los huesos. Pronto se haría noche y los animales carroñeros estarían acechando el sitio. Debía darme prisa.
Encontré, muy cerca a la boca del pozo, una bolsa verde tejida que me había dado mi madre la Paloma como regalo de cumpleaños y que traía conmigo antes de que el Zorro me hiciera trizas…Suspiré con fuerza e intenté contener la tristeza, apreté los puños y aspiré el aroma de las pocas flores que crecían entre las matas de hierba bruta. Inmediatamente la recogí, la sacudí para quitarle la tierra y busqué dentro de ella. Solté un murmullo entre agradecimiento y decepción. Dentro quedaba un vestido blanco con polvo, una cantimplora vacía y dos barras de chocolate dentro de su envoltura. Con eso no apagaría nuestra hambre, así que, después de ponerme el vestido, me dediqué a explorar tratando de ir no muy lejos para no perderme en esas tierras extrañas y que tontamente fui a explorar sin compañía de nadie, solo del zorro traicionero…
“Pero…en estas tierras pude encontrarme y conocer mejor al Dragón.” Me dije, animándome, pensando que siempre detrás de la oscuridad hay una perlita de luz. Un por qué a ese dolor tan desgarrante.
El camino esta repleto de piedras y seca tierra por lo que me hice otros cortes nuevos en mis pies, pero poco me importó. Me encontré con un árbol repleto de nueces. Busqué si no había ardillas por el sitio pues me parecía que si las tomaba sin permiso dejaría a las pobres sin poder comer. Estaba hambrienta pero no podía hacer esa acción tan vil. Al no encontrar ningún rastro, comencé a acopiar los frutos secos, contenta e intentando tararear alguna canción. Pocas notas salieron de mí.
“Poquito a poquito. El Dragón me dijo que si practicaba y dejaba sanar bien mis heridas, podría volver a cantar.” Sonreí.
Pronto encontré también un arroyuelo del cual pude llenar mi cantimplora; junto a él varios colibríes revoloteaban sobre un ramaje lleno de flores coloridas y tupidas. Me acerqué a ellas, me saludaron con afecto y sin contar mucho notaron que no era de esas tierras, así igual que tenía rasguños recientes y mi rostro fatigado, sediento y lleno de hambruna. Uno de aquellos pajarillos, quien dijo ser el que protegía a los colibríes, se convirtió en un hombre anciano de cabello blancuzco y largas barbas, me obsequió su ración de néctar después se escuchar un poco de mis penas.
-Un poco de ayuda para una hermana de los vientos.- Dijo dándome también una porción generosa de moras dulces y señalándome donde podría encontrar más alimento.- Y más siendo alguien quien ha sobrevivido a la caída en el Pozo de la Traición. Somos pequeños pero entre nosotros, los hijos del aire siempre habrá hermandad y comprensión. Noto que aún te falta mucho por superar ese dolor que carcomió tu alma. Mucho de ese camino debes superarlo por ti misma, primero debes curarte, eliminar tu tristeza y rabia así como pasar otras pruebas y perdonar. Pero nunca olvides que no estás sola…- Dicho esto me abrazó mientras yo lloraba llena de gratitud pensando que ese señor tan amable me recordaba a mi amada abuela que tanto añoraba.
La extrañaba, igual echaba de menos a mi mamá Paloma y a mis hermanos. ¿Cómo estarían ellos? Tenía tantas ganas de abrazarles, de cobijarme entre sus cálidas plumas…es cierto que deseaba con tanto ahínco volver a mis tierras, pero el señor Colibrí tenía razón. Además, alguien estaba aguardándome, sufriendo lo mismo que yo…
Después de dar las gracias, me apresuré a seguir recolectando bayas y despidiéndome de los amables colibríes regresé al pozo cuando salía la primera estrella nocturna.
Cuando regresé al lugar donde hace tantas semanas el Zorro me lanzó, al querer bajar, una oleada de terror volvió a sacudirme. Mis pesadillas volvieron y recordé con nitidez como él se había deshecho de mí. A lo lejos escuché el ulular de los búhos y el aullido de los lobos… La oscuridad de ese pozo no me gustaba nada pero…tenía que volver. El Dragón me esperaba.
Me posé sobre la entrada, aleteé un poco y comencé a bajar, pero sin querer mi cuerpo se paralizó y me fui de pico. Por un momento las plumas de mis alas fallaron, tampoco el peso de la bolsa me ayudó. Quise asirme de las paredes pero si lo hacía de seguro estropearía lo que llevaba, igual no pude gritar. Apreté los párpados y levanté mis patitas. Rezaba por que el Dragón se percatara de mi presencia. Pasaron los segundos volando y yo seguía cayendo, cayendo. En eso escuché la voz de mi amigo el Dragón y entonces abrí muy bien mis ojos y pude ver una mano me atrapaba como si fuese una pelota de goma, pero fue con mucha sutileza…Espera… ¿una mano? Volteé hacía arriba, muy extrañada intentando orientarme y buscando la garrafal figura de dragón que ya había memorizado. Pero para mi sorpresa no estaba Él, al menos como lo había conocido…
-¿Estás bien, Golondrina?- Me preguntó algo preocupado. No cabía duda que era el Dragón, pero aún así no salía de mi sorpresa. Lucía tan distinto pero no menos poderoso.
Ya no lo veía de ese tamaño tan descomunal, si no que lo miraba mucho más pequeño, muy diferente…lo vi como un humano. La poca luz de sol que daba me hizo poder vislumbrar un poco su cabello que era castaño, ondulado, bonito…la piel de su rostro era blanca y estaba tapizada por una abundante barba y un bigote que coronaba unos finos labios. Me costó trabajo enfocar sus ojos pues estos se encontraba ocultos detrás de unas gafas de oscura pasta pero lo poco que vi me parecieron penetrantes y llenos de misterio. Se veía en verdad tan erudito pero a la vez tan dulce.
-¿Golondrina?- Me volvió a llamar mientras con su dedo índice se posaba sobre mi pico. Fue entonces cuando reaccioné y me puse de un brinco, algo avergonzada.
-Estoy bien.- Dije intentando ocultar mi sonrojo. No era tan difícil por el color de mi plumaje, al menos eso creía.- Gracias por salvarme de nuevo, Dragón.
-No tienes que agradecer.- Dijo con amabilidad mientras me ponía sobre el suelo y él se sentaba a mi lado. No veía bien como iba vestido, pero escuché el roce de telas que abrazaban su cuerpo.- Me reconociste…
-Eso es fácil. Tienes una voz peculiar y muy varonil. Me gusta.- Noté que sus mejillas se le ponían coloradas y miraba hacia otro lado. Entonces sentí de nuevo vergüenza.- Perdona, no quería ofenderte. A veces soy muy lengua larga y hablo de más.
-No, no me ofendiste, al contrario.- Volvió a mirarme y sus labios bonitos me sonrieron mientras yo me acicalaba las plumas y pasaba la tira del zurrón por encima de mi cabeza para dejarla en el piso. Él me había ayudado también con el peso de la bolsa. Después se puso serio- Volaste muy bien y se ve que conseguiste algo para comer…pero… ¿Por qué volviste a este foso? Bien podías ir a casa, Golondrina.
La pregunta me hizo echarme para atrás, alcé el cuello y le miré directamente.
-Por que soy alguien quien cumple sus promesas, igual que tú.- Al decir eso, en un abrir y cerrar de ojos volví a mi forma humana y me acomodé a su lado mientras, sin mirarle, comenzaba a vaciar la bolsa tejida. No estaba segura si el Dragón podría verme bien pues otra vez ya no había mucha luz- No podía dejarte solo y hambriento, ¿ne?
Él se quedó en silencio. Sentí que cavilaba e igual que me perforaba con sus ojos. Cuando acabé de vaciar mi zurrón, le enseñé lo que traía conmigo y le platiqué mi encuentro con los colibríes al igual le ofrecía disculpas por no poderle lo que a él le gustaba.
-Te prometo que mañana saldré más temprano y buscaré algo para ti. Algo de carne - Le dije volviendo a mirarle de frente.- Le preguntaré al señor Colibrí si sabe como puedo conseguirla.
-Tienes los ojos rasgados, muy bonitos…como de egipcia.- Fue lo único que me dijo, con una sonrisa por delante y que me hizo ponerme colorada.
Nadie me había dicho algo así. Con nerviosismo rompí la envoltura de uno de los chocolates y estrujaba unas hierbas curativas que había encontrado y que le había dicho que servirían para seguir sanando sus heridas.
No supe que contestarle, solo me reí mientras le metía un pedazo de chocolate en su boca para que lo saboreara…
-Nuestro camino es como un chocolate…a veces duro, a veces amargo… otras veces es dulce y placentero. Lo que me dices son estas últimas cosas. Gracias, Dragón…- Le mostré los frutos secos.- Creo que lo mismo pasa con éstas. Son duras por fuera pero su fruto es delicioso. Yo no sé partir nueces… ¿me ayudas?
jueves, 24 de noviembre de 2011
"Sangre de Dragón y Lágrimas de una Avecilla"
Capítulo 2. "Sangre de Dragón y Lágrimas de una Avecilla"
La noche estaba fría...no había una estrella en el firmamento. Al menos no había una que brillara para mí e igual manera era difícil ver alguna desde ese pozo...Pero por uno momentos no me importó pues la voz cálida del dragón hacía que me olvidase unos momentos de aquella gelidez y oscuridad que aturdían mi corazón más que mi cuerpo.
-Pequeña Golondrina. ¿Qué haces aquí?- Escuché al dragón dirigirse a mí con cierto esfuerzo después de haber tosido secamente un par de ocasiones y haberme saludado después de las risas. A pesar de que no podía ver nada, salvo la sombra de su silueta, pude saber donde se encontraban sus ojos.
Bajé la cabeza, avergonzada. ¿Cómo podría decirle que el ser a quien había confiado mi vida me había arrojado a la profundidad de ese foso que tanto miedo me había causado? Además, poco lo conocía pero tenía ganas de hablar y él me inspiró confianza. ¡Que raro!…yo confiando después de lo que me había pasado…
-Yo...desobedecí a mi abuela y ahora estoy pagando el precio de no haber escuchado sus sabios consejos.- Suspiré profundamente y volví a dejar caer el mentón sobre mi pecho muy avergonzada. “Bien, ya la he hecho, ahora ha de pensar mal de mí este ser tan sabio.”
El Dragón exhaló, sacando un poco de aire caliente de sus fosas nasales. En parte ese ruidito parecía denotar que estaba cansado y por otra sentí comprensión.
-De los errores se aprende.- Dijo él por un momento. Guardó silencio por un momento como si meditase lo que iba a decir a continuación.- Creo que puedes arreglar el error que cometiste ¿no?
-Algo difícil, por no decir imposible.- Respondí con tristeza meneando la cabeza negativamente.
Mi acompañante volvió a soltar un suspiro, más hondo que los anteriores que incluso me hizo temblar. Sin saber por qué, alcé uno de mis brazos con cierto esfuerzo e intenté tocarle.
-Dragón.- Le llamé, me sentí preocupada al escuchar que su respiración estaba entrecortada.- ¿Qué te ocurre?
No respondió inmediatamente, a cambio de ello sentí que mis cabellos se despeinaban de nuevo por las exhalaciones que emitía. Saqué fuerzas de la flaqueza y olvidándome un poco de mi propio dolor me puse de pie y logré alcanzarlo. Al tocarle sentí que algo húmedo y pegajoso se adhería a la palma de mano. Palpé un poco más y sentí los pliegues de carne abierta. Las perfectas escamas estaban descarnadas y algunas despedazadas.
-¡Señor Dragón!- Solté un grito ronco al asegurarme que tenía una herida parecía a la mía, solo que más grande, más profunda y sangrante. Con la ayuda de mis manos adoloridas y que le recorrían, noté que iba desde la garganta hasta su pecho.- ¡Está gravemente herido!
Retiré las palmas de él y me retorcí los dedos con nerviosismo. ¿Qué podía hacer? Tan solo era una pobre, débil y desgarrada Golondrina que no podía ni con su propia alma. Me asusté más al notar que el cuerpo del Dragón era mil veces más grande que yo. Me angustió de sobremanera al verle agitado y luchando por respirar. Necesitaba que le ayudase a que dejara de sangrar.
Me rompí los pocos trapos que traía encima. Con esfuerzo formé unos paños y sudorosa busqué algo para poder limpiar la sangre. Pero recordé que no había nada más en ese pozo que él, yo, un suelo frío y un charco formado por el agua de mis lágrimas…
Humedecí los trapos con esa agua y poco a poco, en la oscuridad, fui colocándolos en donde estaba más profunda la herida, limpiaba la sangre con la humedad y volvía al charco para enjuagar. Iba y venía sin parar. A veces sentía que el Dragón se estremecía de dolor por el contacto del algodón. No sé cuánto tiempo estuve en esa tarea que parecía interminable pues el tamaño descomunal del Dragón superaba con creces a la mía. Los dos estábamos exhaustos, pero no me importaba, de alguna manera quería ser útil…ser lo contrario a lo que me decía mi padre el buitre.
“Tú no sirves para nada.”
-Perdóname, quisiera hacer más por ti.- Murmuré bajito poniendo de nueva cuenta los paños e intentando sacarme aquella voz tétrica. Sentía que se me doblaban las piernas.- Si tan solo pudiese volar y traer algunas hierbas curativas…
-Tus lágrimas son saladas pero cálidas.- Dijo el Dragón alzando un poco la cabeza, sorprendiéndome y no dejándome caer de nuevo en la tristeza.- Me están ayudando…gracias…- Y volvió a recostarse.
-Dragón.- Le llamé con algo de rubor en la cara sin dejar de pasar lo hilachos de tela. No sabía si debía cerrar la boca o preguntar, pero mi naturaleza curiosa me hizo querer hacerlo así como la forma como él estaba- ¿Quién…quién te hizo esto? ¿Por qué antes de verte escuché el maullido de una gata?- Sentí que estaba siendo muy descarada y tontamente cotilla. Me disculpé- ¡Lo lamento! No respondas si no quieres pero tú, siendo tan magnífico, tan poderoso…se me hace injusto que estés en este lugar tan lúgubre y triste…
El Dragón de Xián, volvió a inhalar y exhalar con fuerza, aún con dificultad antes de responder:
-Pequeña Golondrina, si no te importa, te contaré una historia …Mi historia…
Lenta, quedamente, el Dragón comenzó un relato largo pero pausado. Me limité a escuchar, a comprender mientras seguía con mis pequeñas manos limpiando todo coágulo del plateado cuerpo, de vez en cuando usando mis cabellos para enjuagarle. En unas partes de su narración, al Dragón se le cortaba el aliento y parecía que no podría continuar más, pero valiente como era, continuó hasta el final.
Sentía que se me encogía el corazón en unas partes del relato, al menos los pedazos que me quedaban. Más cuando supe que aquella excelsa criatura que estaba posado a mi lado…tenía el mismo mal que yo padecía…
“El Dragón quería mucho a una hermosa Gata. Muchísimo. La había conocido en un reino que no estaba tan alejado del suyo. Parecía que tenían mucho en común y en poco tiempo ambos se enamoraron uno del otro. Para el Dragón, todo su mundo se comenzó a estructurar alrededor de ella, incluso a tal punto de dejar sus tierras para irse a las de ella y vivir juntos en un precioso y nuevo Palacio, junto a dos grandes amigos suyos: El Semielfo y al Samurai. Por muchos años todo parecía ser felicidad y todo marchaba viento en popa.
Sin embargo, todos tenemos un lado oculto, y el lado oculto de la Gata empezó a mostrarse, haciendo que el Dragón tuviese un gran dolor en el alma. Los gustos del Dragón estaban fuera de los de la Gata y ella intentó cambiarlo. Intentó cambiar sus gustos, sus pensamientos, su forma de ser... Intentó cambiarle incluso de Religión. Pero al final, cuando la Gata pensó que lo tenía controlado, encontró otra diversión, un Perro que sabía cosas que el Dragón no sabía, y que simplemente era "diferente" a lo que el Dragón le había dado.
La decisión de la Gata fue rápida, y aunque el Semielfo asegura que fue dolorosa, no pareció dolerle en absoluto cuando le clavó el puñal a la espalda del Dragón y lanzarlo a un pozo profundo de dolor y olvido, a las manos de la Pálida Dama y al túnel de la traición.”
-Tal como a mí me arrojó el zorro…y también vino a mi la Señora Blanca- Sollocé un poco después de que el Dragón terminó. Pero me guardé las lágrimas, tragándomelas. No quería ponerle de peor de ánimo. El Dragón volvió a alzar la cabeza, sentí que lo hacía con cierta sorpresa e incredulidad.
- Golondrina…¿A ti también…?
-Sí…- Me quité una perla acuosa de uno de mis ojos y me senté de nuevo en el frío suelo, frotándome los pies desnudos.- Es irónico ¿no? .- Los labios me temblaron y comencé a contarle también mi triste historia sin pedirle permiso.
Pasaron los minutos, una hora…dos…el tiempo pasaba pero a la vez se congelaba. El Dragón escuchaba atentamente y sabía aguardar cuando a mí se me cerraba la garganta y me echaba a llorar como una cría. Pasó un largo rato cuando terminé de contarle y que limpiase la nariz con un pequeño estruendo.
-Golondrina.- El Dragón plateado hizo una pausa antes de proseguir. Tenía un tono dulcemente comprensivo.- Toma un poco de mi sangre, por favor y úntala en las heridas de tu pecho.
-¿Tu sangre?- Le miré de hito a hito, sin comprender.
- Me has limpiado mis heridas con las perlas de tus ojos, permíteme curar las tuyas con la sangre que emana de mí. Tal vez no se curen totalmente pero al menos ambos han surgido por el mismo sufrimiento…Por favor, confía en mí.
Sin preguntar más, asentí.
-Confío en ti
Tomé con las yemas de sus dedos un poquito de la sangre que aún manchaba las escamas plateadas y me la puse con cuidado en mis propios cortes…Inmediatamente sentí mucha calidez y cierto alivio. Pero también sentí algo conocido. Y por un momento dejé de sentir ese peso en mi alma, el ancla de la soledad.
-Al menos, por el momento no estamos ya tan solos ¿ne?- Sonreí tenuemente hablando más para mí misma de forma jovial.-Es un placer tener a alguien a quien poder hablarle y escuchar aunque sean tristezas.
-Como un compañero de aventuras.- Contestó el Dragón con cortesía y haciendo un amago de sonrisa, enseñando la sombra de sus colmillos que no me asustó.
- Y desventuras.- Completé. Sin saber porque algo me impulsó a poner mi mano en su propio pecho desgarrado y dije con tono neutro.- Dragón, yo sé que no te conozco mucho y que tú no me conoces pero te prometo que yo…Nunca te voy a traicionar….
En eso, algunas motas de agua salieron como hilillos de los ojos del Dragón y yo, sin más palabras, me acerqué para abrazarle, al menos una parte de él.
Y por un momento, la luna salió, apareciendo en lo alto del pozo y nos iluminó tenuemente. Era buena señal, una pálida luz en aquella oquedad.
La noche estaba fría...no había una estrella en el firmamento. Al menos no había una que brillara para mí e igual manera era difícil ver alguna desde ese pozo...Pero por uno momentos no me importó pues la voz cálida del dragón hacía que me olvidase unos momentos de aquella gelidez y oscuridad que aturdían mi corazón más que mi cuerpo.
-Pequeña Golondrina. ¿Qué haces aquí?- Escuché al dragón dirigirse a mí con cierto esfuerzo después de haber tosido secamente un par de ocasiones y haberme saludado después de las risas. A pesar de que no podía ver nada, salvo la sombra de su silueta, pude saber donde se encontraban sus ojos.
Bajé la cabeza, avergonzada. ¿Cómo podría decirle que el ser a quien había confiado mi vida me había arrojado a la profundidad de ese foso que tanto miedo me había causado? Además, poco lo conocía pero tenía ganas de hablar y él me inspiró confianza. ¡Que raro!…yo confiando después de lo que me había pasado…
-Yo...desobedecí a mi abuela y ahora estoy pagando el precio de no haber escuchado sus sabios consejos.- Suspiré profundamente y volví a dejar caer el mentón sobre mi pecho muy avergonzada. “Bien, ya la he hecho, ahora ha de pensar mal de mí este ser tan sabio.”
El Dragón exhaló, sacando un poco de aire caliente de sus fosas nasales. En parte ese ruidito parecía denotar que estaba cansado y por otra sentí comprensión.
-De los errores se aprende.- Dijo él por un momento. Guardó silencio por un momento como si meditase lo que iba a decir a continuación.- Creo que puedes arreglar el error que cometiste ¿no?
-Algo difícil, por no decir imposible.- Respondí con tristeza meneando la cabeza negativamente.
Mi acompañante volvió a soltar un suspiro, más hondo que los anteriores que incluso me hizo temblar. Sin saber por qué, alcé uno de mis brazos con cierto esfuerzo e intenté tocarle.
-Dragón.- Le llamé, me sentí preocupada al escuchar que su respiración estaba entrecortada.- ¿Qué te ocurre?
No respondió inmediatamente, a cambio de ello sentí que mis cabellos se despeinaban de nuevo por las exhalaciones que emitía. Saqué fuerzas de la flaqueza y olvidándome un poco de mi propio dolor me puse de pie y logré alcanzarlo. Al tocarle sentí que algo húmedo y pegajoso se adhería a la palma de mano. Palpé un poco más y sentí los pliegues de carne abierta. Las perfectas escamas estaban descarnadas y algunas despedazadas.
-¡Señor Dragón!- Solté un grito ronco al asegurarme que tenía una herida parecía a la mía, solo que más grande, más profunda y sangrante. Con la ayuda de mis manos adoloridas y que le recorrían, noté que iba desde la garganta hasta su pecho.- ¡Está gravemente herido!
Retiré las palmas de él y me retorcí los dedos con nerviosismo. ¿Qué podía hacer? Tan solo era una pobre, débil y desgarrada Golondrina que no podía ni con su propia alma. Me asusté más al notar que el cuerpo del Dragón era mil veces más grande que yo. Me angustió de sobremanera al verle agitado y luchando por respirar. Necesitaba que le ayudase a que dejara de sangrar.
Me rompí los pocos trapos que traía encima. Con esfuerzo formé unos paños y sudorosa busqué algo para poder limpiar la sangre. Pero recordé que no había nada más en ese pozo que él, yo, un suelo frío y un charco formado por el agua de mis lágrimas…
Humedecí los trapos con esa agua y poco a poco, en la oscuridad, fui colocándolos en donde estaba más profunda la herida, limpiaba la sangre con la humedad y volvía al charco para enjuagar. Iba y venía sin parar. A veces sentía que el Dragón se estremecía de dolor por el contacto del algodón. No sé cuánto tiempo estuve en esa tarea que parecía interminable pues el tamaño descomunal del Dragón superaba con creces a la mía. Los dos estábamos exhaustos, pero no me importaba, de alguna manera quería ser útil…ser lo contrario a lo que me decía mi padre el buitre.
“Tú no sirves para nada.”
-Perdóname, quisiera hacer más por ti.- Murmuré bajito poniendo de nueva cuenta los paños e intentando sacarme aquella voz tétrica. Sentía que se me doblaban las piernas.- Si tan solo pudiese volar y traer algunas hierbas curativas…
-Tus lágrimas son saladas pero cálidas.- Dijo el Dragón alzando un poco la cabeza, sorprendiéndome y no dejándome caer de nuevo en la tristeza.- Me están ayudando…gracias…- Y volvió a recostarse.
-Dragón.- Le llamé con algo de rubor en la cara sin dejar de pasar lo hilachos de tela. No sabía si debía cerrar la boca o preguntar, pero mi naturaleza curiosa me hizo querer hacerlo así como la forma como él estaba- ¿Quién…quién te hizo esto? ¿Por qué antes de verte escuché el maullido de una gata?- Sentí que estaba siendo muy descarada y tontamente cotilla. Me disculpé- ¡Lo lamento! No respondas si no quieres pero tú, siendo tan magnífico, tan poderoso…se me hace injusto que estés en este lugar tan lúgubre y triste…
El Dragón de Xián, volvió a inhalar y exhalar con fuerza, aún con dificultad antes de responder:
-Pequeña Golondrina, si no te importa, te contaré una historia …Mi historia…
Lenta, quedamente, el Dragón comenzó un relato largo pero pausado. Me limité a escuchar, a comprender mientras seguía con mis pequeñas manos limpiando todo coágulo del plateado cuerpo, de vez en cuando usando mis cabellos para enjuagarle. En unas partes de su narración, al Dragón se le cortaba el aliento y parecía que no podría continuar más, pero valiente como era, continuó hasta el final.
Sentía que se me encogía el corazón en unas partes del relato, al menos los pedazos que me quedaban. Más cuando supe que aquella excelsa criatura que estaba posado a mi lado…tenía el mismo mal que yo padecía…
“El Dragón quería mucho a una hermosa Gata. Muchísimo. La había conocido en un reino que no estaba tan alejado del suyo. Parecía que tenían mucho en común y en poco tiempo ambos se enamoraron uno del otro. Para el Dragón, todo su mundo se comenzó a estructurar alrededor de ella, incluso a tal punto de dejar sus tierras para irse a las de ella y vivir juntos en un precioso y nuevo Palacio, junto a dos grandes amigos suyos: El Semielfo y al Samurai. Por muchos años todo parecía ser felicidad y todo marchaba viento en popa.
Sin embargo, todos tenemos un lado oculto, y el lado oculto de la Gata empezó a mostrarse, haciendo que el Dragón tuviese un gran dolor en el alma. Los gustos del Dragón estaban fuera de los de la Gata y ella intentó cambiarlo. Intentó cambiar sus gustos, sus pensamientos, su forma de ser... Intentó cambiarle incluso de Religión. Pero al final, cuando la Gata pensó que lo tenía controlado, encontró otra diversión, un Perro que sabía cosas que el Dragón no sabía, y que simplemente era "diferente" a lo que el Dragón le había dado.
La decisión de la Gata fue rápida, y aunque el Semielfo asegura que fue dolorosa, no pareció dolerle en absoluto cuando le clavó el puñal a la espalda del Dragón y lanzarlo a un pozo profundo de dolor y olvido, a las manos de la Pálida Dama y al túnel de la traición.”
-Tal como a mí me arrojó el zorro…y también vino a mi la Señora Blanca- Sollocé un poco después de que el Dragón terminó. Pero me guardé las lágrimas, tragándomelas. No quería ponerle de peor de ánimo. El Dragón volvió a alzar la cabeza, sentí que lo hacía con cierta sorpresa e incredulidad.
- Golondrina…¿A ti también…?
-Sí…- Me quité una perla acuosa de uno de mis ojos y me senté de nuevo en el frío suelo, frotándome los pies desnudos.- Es irónico ¿no? .- Los labios me temblaron y comencé a contarle también mi triste historia sin pedirle permiso.
Pasaron los minutos, una hora…dos…el tiempo pasaba pero a la vez se congelaba. El Dragón escuchaba atentamente y sabía aguardar cuando a mí se me cerraba la garganta y me echaba a llorar como una cría. Pasó un largo rato cuando terminé de contarle y que limpiase la nariz con un pequeño estruendo.
-Golondrina.- El Dragón plateado hizo una pausa antes de proseguir. Tenía un tono dulcemente comprensivo.- Toma un poco de mi sangre, por favor y úntala en las heridas de tu pecho.
-¿Tu sangre?- Le miré de hito a hito, sin comprender.
- Me has limpiado mis heridas con las perlas de tus ojos, permíteme curar las tuyas con la sangre que emana de mí. Tal vez no se curen totalmente pero al menos ambos han surgido por el mismo sufrimiento…Por favor, confía en mí.
Sin preguntar más, asentí.
-Confío en ti
Tomé con las yemas de sus dedos un poquito de la sangre que aún manchaba las escamas plateadas y me la puse con cuidado en mis propios cortes…Inmediatamente sentí mucha calidez y cierto alivio. Pero también sentí algo conocido. Y por un momento dejé de sentir ese peso en mi alma, el ancla de la soledad.
-Al menos, por el momento no estamos ya tan solos ¿ne?- Sonreí tenuemente hablando más para mí misma de forma jovial.-Es un placer tener a alguien a quien poder hablarle y escuchar aunque sean tristezas.
-Como un compañero de aventuras.- Contestó el Dragón con cortesía y haciendo un amago de sonrisa, enseñando la sombra de sus colmillos que no me asustó.
- Y desventuras.- Completé. Sin saber porque algo me impulsó a poner mi mano en su propio pecho desgarrado y dije con tono neutro.- Dragón, yo sé que no te conozco mucho y que tú no me conoces pero te prometo que yo…Nunca te voy a traicionar….
En eso, algunas motas de agua salieron como hilillos de los ojos del Dragón y yo, sin más palabras, me acerqué para abrazarle, al menos una parte de él.
Y por un momento, la luna salió, apareciendo en lo alto del pozo y nos iluminó tenuemente. Era buena señal, una pálida luz en aquella oquedad.
martes, 18 de octubre de 2011
Luna de Octubre
Dice una canción por ahí que llegué a escuchar de pequeña: "La lunas, pero la de octubre es más hermosa." Y es cierto, el cielo se engalana con su hermosa luz a veces amarillenta, a veces plateada y con ella trae alegría a la tierra.
En noches pasadas la he contemplado, el 11 de octubre fue luna llena e iluminaba con paciencia y con silencio a quien la miraba. Yo la veía y recibía su tierno brillo, cuando lo hacía yo llegaba a pedir que me transmitiera su serenidad.
Ha sido un mes problemático, raro, curioso, a veces triste...pocos de los que me conocen se han enterado que la he pasado mal. Problemas en casa, la misma historia de que los padres no te entienden, vuelven las ganas de echarte a llorar y salir corriendo para no volver, los problemas económicos...pero ante todo siento que el tiempo pasa muy rápido.
Hoy que venía de una entrevista de trabajo, al regresar por el metro y subía sola por unas escaleras eléctricas parecía que el túnel se me hacía cada vez más pequeño y los escalones me llevaban rápido a la cumbre...sentí mareo y un poco de miedo que hasta me hizo regresar al escalón de abajo sin dar la espalda a lo más alto...y así lo hice un par de veces...fue cuando entendí ese concepto del tiempo que por más que quería regresar no podría, igual las oportunidades...
Siempre he creído en un Dios, más no en una religión...Siempre he imaginado a "Papá" riéndose cuando pienso, escuchándome cuando hablo conmigo misma, cuidándome de mis pasos para que nada malo me ocurra, consolándome cuando me siento triste y cuando le reprocho por que me salen las cosas. Hoy he entendido que me ha dado oportunidades y no dependen de Él, si no de mí en llevarlas a cabo. Nada es fruto del azar o destino, debo levantar las manos y luchar por lo que quiero.
Tal vez no pueda cambiar a mi padre, pero yo sí. Debo empezar a ver por mi misma, cuidarme, salir adelante y luchar para obtener todo lo que anhelo. Nadie dijo que sería fácil, muchas veces me tropezaré y me caeré, pero tengo motivos suficientes para levantarme y volverlo a intentar. Sé que muchas situaciones me dolerán y me querrán hacer a un lado...pero tengo que poder, si he podido antes ¿por qué no ahora? Hoy que alguien me ha preguntado qué es lo que en verdad quiero para mí me hizo plantearme seriamente todo esto. YA BASTA de sufrir, YA BASTA de escuchar calumnias, YA BASTA de decir "No puedo", YA BASTA de soportar humillaciones, YA BASTA en echarme atrás a último momento. Quiero superarme, quiero vivir dignamente de hoy en adelante, ante todo me he animado por que tengo a alguien por quien luchar también.
Sé que mis esfuerzos serán ante todo por mi bienestar y sé que no estoy sola. Después de tanto buscar, de tanto llorar y sufrir...de pensar que me quedaría andando por este camino de piedras sin nadie a quien tomar de la mano, me dí cuenta que "Alguien" o "Algo" me puso a la persona que más amo en el mundo: Miguel.
Extraño, fascinante, confuso, bendito...no sé como definir mi encuentro con él. Después de aquella llamada madrugadora (que me encontraba fuera de casa, sola, sin nadie y con ganas de no volver a despertar) apareció él...me llamó entre la oscuridad...tal vez he sido débil y aún sigo siéndolo, pero sin no hubiera sido por Miguel, mi ciclo de vida estaría estancada en este momento. Por ello, gracias...GRACIAS a quien le hizo que me llamase y gracias a tí por tu hermosa luz, mi amor, que fuíste por mí y me sacaste de ese pozo tan profundo donde había caído.
Eres mi inspiración, mi pilar, mi complemento...Sé que nadie debe depender de nadie, y no dependo de tí, simplemente TE AMO por lo que eres, no por necesidad, sino por amor.
NO TE AMO PORQUE TE NECESITE; TE NECESITO POR QUE TE AMO.
Confío en tí. Sé que al igual que yo comenzarás a librar tu lucha interna, contra el miedo, contra la adversidad. Habrá una batalla campal en nuestros hogares. Es cierto que muchas veces nos invade la nostalgia de no poder haber tenido una casa llena de paz y armonía, nos hizo falta cariño, unión...pero siento que a raíz de estos sinsabores, tú y yo construíremos nuestro futuro con pilares sólidos, sin raíces podridas por que las arrancaremos. No caeremos en la tontería de decir o actuar igual al los que nos hizo sufrir y que nuestros pequeños sufran lo mismo que nosotros.
Ahora hay que aguantar un poco más, intentar no toparse con la misma piedra, sino rodearla...pero sé que tarde o temprano ese dolor se irá y cuando estemos viejitos o no tanto, comprenderemos el por qué nos sucedió a nosotros pero lo tomaremos con humor. Ante todo, ahora, te prometo que lucharé por vencer mis demonios internos para poder enfrentarme a mis mas grandes temores, trabajaré, estudiaré más y más para tener las armas y que tú te sientas orgulloso de tu futura esposa, igual yo me sentiré orgullosa y dejar un legado firme a nuestra descendencia. Ese es mi sueño: Estar contigo siempre, en lo bueno y en lo malo.
Siempre estaré para tí para darte aliento, para darte ambas manos cuando caigas, te daré mis oídos y mi mente para escucharte, te doy mi corazón para consolarte, lo poco que sé para compartirte...por que no eres mi media naranja pues no eres media persona, eres UN SER entero, que siente, canta, respira, llora, ríe y ama...el SER QUE AMO.
Yo sé que lucharás por tu cuenta mientras estemos en esta espera, anhelando el momento que volveremos a estar juntos. Eres un ser maduro, centrado, maravilloso...confío que seguirás tus estudios y serás ese Dr. Miguel Ángel Molina en un futuro. Te ayudaré a construir el camino de ese sueño...es cierto que los sueños son frágiles, como seda, como terciopelo...pero depende de tí que se haga firme, sólido y realizable. Nunca dejes tus sueños atrás, aprovecha las oportunidades. Sé que tal vez en momentos dados te de miedo y quieras abandonar el barco...yo te comprendo pero debes entender (al igual que yo) que todos siempre hemos tenido miedo alguna vez y si has luchado contra la Dama, contra las angustias, contra monstruos en tus historias y en la vida real, sé que podrás con el ángel del miedo por que tú NUNCA ESTARÁS SOLO. Te lo juro.
Para lograr todo esto, quiérete, ámate, confía en tí. Así como tú me pides que confíe en tí, díselo a alguien más importante: A tí. Párate en un espejo, o mira tu reflejo en el agua y dí: Confía en tí, Miguel. Confío en mí mismo. Si los demás se burlan, si los demás te dicen que no vales ya sea con palabras o con hechos, haz lo que te dice mi abuela: Mándales bendiciones o prácticamente a la chingada, pero ante todo perdónalos por no saber lo que hacen, que solo viven criticando antes de mirarse ellos en ese mismo espejo de la vida. Cuando te sacudas esos miedos, la Dama no volverá, nadie tendrá el poder de herirte y tú serás inmensamente feliz. No dejes de amar a los tuyos, perdona y ve para adelante. Nunca cargues con culpas, remordimientos, envidias, odios o demás que te contaminen. Creéme que cada uno,a su manera, paga lo que hace en esta vida. No es castigo divino, no hay tal, son las cosechas que uno recoge de su tierra, de sus pies, de las semillas que cultivaste. No te falles a tí mismo para no fallarle a nadie.
Te amo, mi ser más importante. México te estará esperando, cuentas con mi apoyo, mi ayuda, pero sobretodo mi amor sincero.
No te sientas solo, habla, pelea, escribe, dibuja, aspira el aroma del mar, ve la luna...así como la veo yo y pienso en tí, siempre, siempre...eres parte del motor de mi vida, mi anhelo, el hombre de mis sueños que tanto busqué hasta que alguien me llevó a tí.
TE AMO: MIGUEL ÁNGEL. TE AMÉ EN OTRAS VIDAS, TE AMO EN ESTA Y TE AMARÉ EN LAS QUE SIGUEN.
TUYA SIEMPRE.
En noches pasadas la he contemplado, el 11 de octubre fue luna llena e iluminaba con paciencia y con silencio a quien la miraba. Yo la veía y recibía su tierno brillo, cuando lo hacía yo llegaba a pedir que me transmitiera su serenidad.
Ha sido un mes problemático, raro, curioso, a veces triste...pocos de los que me conocen se han enterado que la he pasado mal. Problemas en casa, la misma historia de que los padres no te entienden, vuelven las ganas de echarte a llorar y salir corriendo para no volver, los problemas económicos...pero ante todo siento que el tiempo pasa muy rápido.
Hoy que venía de una entrevista de trabajo, al regresar por el metro y subía sola por unas escaleras eléctricas parecía que el túnel se me hacía cada vez más pequeño y los escalones me llevaban rápido a la cumbre...sentí mareo y un poco de miedo que hasta me hizo regresar al escalón de abajo sin dar la espalda a lo más alto...y así lo hice un par de veces...fue cuando entendí ese concepto del tiempo que por más que quería regresar no podría, igual las oportunidades...
Siempre he creído en un Dios, más no en una religión...Siempre he imaginado a "Papá" riéndose cuando pienso, escuchándome cuando hablo conmigo misma, cuidándome de mis pasos para que nada malo me ocurra, consolándome cuando me siento triste y cuando le reprocho por que me salen las cosas. Hoy he entendido que me ha dado oportunidades y no dependen de Él, si no de mí en llevarlas a cabo. Nada es fruto del azar o destino, debo levantar las manos y luchar por lo que quiero.
Tal vez no pueda cambiar a mi padre, pero yo sí. Debo empezar a ver por mi misma, cuidarme, salir adelante y luchar para obtener todo lo que anhelo. Nadie dijo que sería fácil, muchas veces me tropezaré y me caeré, pero tengo motivos suficientes para levantarme y volverlo a intentar. Sé que muchas situaciones me dolerán y me querrán hacer a un lado...pero tengo que poder, si he podido antes ¿por qué no ahora? Hoy que alguien me ha preguntado qué es lo que en verdad quiero para mí me hizo plantearme seriamente todo esto. YA BASTA de sufrir, YA BASTA de escuchar calumnias, YA BASTA de decir "No puedo", YA BASTA de soportar humillaciones, YA BASTA en echarme atrás a último momento. Quiero superarme, quiero vivir dignamente de hoy en adelante, ante todo me he animado por que tengo a alguien por quien luchar también.
Sé que mis esfuerzos serán ante todo por mi bienestar y sé que no estoy sola. Después de tanto buscar, de tanto llorar y sufrir...de pensar que me quedaría andando por este camino de piedras sin nadie a quien tomar de la mano, me dí cuenta que "Alguien" o "Algo" me puso a la persona que más amo en el mundo: Miguel.
Extraño, fascinante, confuso, bendito...no sé como definir mi encuentro con él. Después de aquella llamada madrugadora (que me encontraba fuera de casa, sola, sin nadie y con ganas de no volver a despertar) apareció él...me llamó entre la oscuridad...tal vez he sido débil y aún sigo siéndolo, pero sin no hubiera sido por Miguel, mi ciclo de vida estaría estancada en este momento. Por ello, gracias...GRACIAS a quien le hizo que me llamase y gracias a tí por tu hermosa luz, mi amor, que fuíste por mí y me sacaste de ese pozo tan profundo donde había caído.
Eres mi inspiración, mi pilar, mi complemento...Sé que nadie debe depender de nadie, y no dependo de tí, simplemente TE AMO por lo que eres, no por necesidad, sino por amor.
NO TE AMO PORQUE TE NECESITE; TE NECESITO POR QUE TE AMO.
Confío en tí. Sé que al igual que yo comenzarás a librar tu lucha interna, contra el miedo, contra la adversidad. Habrá una batalla campal en nuestros hogares. Es cierto que muchas veces nos invade la nostalgia de no poder haber tenido una casa llena de paz y armonía, nos hizo falta cariño, unión...pero siento que a raíz de estos sinsabores, tú y yo construíremos nuestro futuro con pilares sólidos, sin raíces podridas por que las arrancaremos. No caeremos en la tontería de decir o actuar igual al los que nos hizo sufrir y que nuestros pequeños sufran lo mismo que nosotros.
Ahora hay que aguantar un poco más, intentar no toparse con la misma piedra, sino rodearla...pero sé que tarde o temprano ese dolor se irá y cuando estemos viejitos o no tanto, comprenderemos el por qué nos sucedió a nosotros pero lo tomaremos con humor. Ante todo, ahora, te prometo que lucharé por vencer mis demonios internos para poder enfrentarme a mis mas grandes temores, trabajaré, estudiaré más y más para tener las armas y que tú te sientas orgulloso de tu futura esposa, igual yo me sentiré orgullosa y dejar un legado firme a nuestra descendencia. Ese es mi sueño: Estar contigo siempre, en lo bueno y en lo malo.
Siempre estaré para tí para darte aliento, para darte ambas manos cuando caigas, te daré mis oídos y mi mente para escucharte, te doy mi corazón para consolarte, lo poco que sé para compartirte...por que no eres mi media naranja pues no eres media persona, eres UN SER entero, que siente, canta, respira, llora, ríe y ama...el SER QUE AMO.
Yo sé que lucharás por tu cuenta mientras estemos en esta espera, anhelando el momento que volveremos a estar juntos. Eres un ser maduro, centrado, maravilloso...confío que seguirás tus estudios y serás ese Dr. Miguel Ángel Molina en un futuro. Te ayudaré a construir el camino de ese sueño...es cierto que los sueños son frágiles, como seda, como terciopelo...pero depende de tí que se haga firme, sólido y realizable. Nunca dejes tus sueños atrás, aprovecha las oportunidades. Sé que tal vez en momentos dados te de miedo y quieras abandonar el barco...yo te comprendo pero debes entender (al igual que yo) que todos siempre hemos tenido miedo alguna vez y si has luchado contra la Dama, contra las angustias, contra monstruos en tus historias y en la vida real, sé que podrás con el ángel del miedo por que tú NUNCA ESTARÁS SOLO. Te lo juro.
Para lograr todo esto, quiérete, ámate, confía en tí. Así como tú me pides que confíe en tí, díselo a alguien más importante: A tí. Párate en un espejo, o mira tu reflejo en el agua y dí: Confía en tí, Miguel. Confío en mí mismo. Si los demás se burlan, si los demás te dicen que no vales ya sea con palabras o con hechos, haz lo que te dice mi abuela: Mándales bendiciones o prácticamente a la chingada, pero ante todo perdónalos por no saber lo que hacen, que solo viven criticando antes de mirarse ellos en ese mismo espejo de la vida. Cuando te sacudas esos miedos, la Dama no volverá, nadie tendrá el poder de herirte y tú serás inmensamente feliz. No dejes de amar a los tuyos, perdona y ve para adelante. Nunca cargues con culpas, remordimientos, envidias, odios o demás que te contaminen. Creéme que cada uno,a su manera, paga lo que hace en esta vida. No es castigo divino, no hay tal, son las cosechas que uno recoge de su tierra, de sus pies, de las semillas que cultivaste. No te falles a tí mismo para no fallarle a nadie.
Te amo, mi ser más importante. México te estará esperando, cuentas con mi apoyo, mi ayuda, pero sobretodo mi amor sincero.
No te sientas solo, habla, pelea, escribe, dibuja, aspira el aroma del mar, ve la luna...así como la veo yo y pienso en tí, siempre, siempre...eres parte del motor de mi vida, mi anhelo, el hombre de mis sueños que tanto busqué hasta que alguien me llevó a tí.
TE AMO: MIGUEL ÁNGEL. TE AMÉ EN OTRAS VIDAS, TE AMO EN ESTA Y TE AMARÉ EN LAS QUE SIGUEN.
TUYA SIEMPRE.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Caída y Despertar.
-¡Zorro! ¡¿Por qué me dejas aquí, zorro?!
Sollocé. Cada vocal que hacía eco en aquel lugar oscuro se me atoraba en la garganta a causa de las lágrimas. Sentía mi pecho húmedo, caliente...mi corazón latía a mil, pero no era por gozo, sino un profundo dolor que me cercenaba tanto de adentro y afuera. La sangre fluía con lentitud y caía por todo mi cuerpo.
-¡Zorro!
Le llamé de nuevo, aún resguardando esperanzas en alguna parte de mi ya derruido corazón. No hubo respuesta, solo sus aullidos que, por la distancia supuse que se alejaba cada vez más de donde me encontraba; pronto solo éramos el silencio y yo, la única pareja en aquel pozo. Aguardé unos minutos, mis pequeños ojos estaban atestados de agua salada. Con dificultades alcé una de mis alas para poder secarme, pero la herida que me carcomía me lo impidió.
-¡Ay!- Me quejé, aspirando hondo sintiendo el punzante frío que me congelaba la espalda- Me duele mucho...Y aquí está muy oscuro, tengo miedo.
Y me volví a echar a llorar, temblando. En eso, la imagen majestuosa de mi abuela, la anciana y sabia halcón apareció entre las brumas de mi inconsciencia. Ella me lo había advertido: "El zorro solo quiere ganarse tu cariño, tu amor y tu confianza para arrebatarte el tesoro que el Fénix te ha confiado. Mi niña, no vayas a las tierras del zorro...Puede ser una trampa."
-Qué razón tenías, abuela...-Me susurré a mí misma, sintiendo que me faltaba el aire al sentir de nuevo como las punzadas que provocaron las fauces del zorro hacían mella sobre mi piel herida.- Perdóname por haberte desobedecido. Estoy tan arrepentida...Sé que cuando sepas que he venido al reino del zorro sin tu permiso te avergonzarás de mí…no me quitó el tesoro pero por ello ya he pagado…mi Papá Buitre tenía razón…soy una desgracia para la familia…
Intenté girarme de nuevo atacada por una crisis de lagrimones e hipos. Si seguía boca arriba acabaría por ahogarme. Chasqueé mi pico y con terribles dolores pude ponerme de lado; así las lágrimas comenzaron a fluir más ligeramente hasta caer sobre el helado fondo de piedra. Mi ahora cama, mi ahora tumba…Lloré y lloré…nadie sabe en donde me encuentro ahora y pronto moriré…Hubo un momento que dejó de importarme, tal vez si moría de una buena vez, dejaría de sentir pronto lo que me estaba desgarrando por dentro. Al pensar esto me pareció escuchar una cruel carcajada que resonaba cerca de mis oídos. Reconocí a quien pertenecía…ya muchas veces antes la había escuchado…antes me daba mucho miedo…mi madre, la paloma, me había protegido de ella con sus hermosas y puras alas blancas cuando una vez caí enferma y en otra ocasión cuando un hermoso oso me pisó sin querer y me hizo mucho daño.
-Mamita… ¡ven por mí!
Pero, mi mamá ahora no estaba…ni el águila, ni el cardenal…mis hermanos. Estaban a cientos de kilómetros lejos. De nuevo, todo volvió a ser oscuro y sin sentido.
-Quiero que acabe de una vez.- Pensé en voz alta después de una pausa entre mis sollozos, dispuesta a dejarme llevar por la dueña de la risotada.-Quiero que me lleves…
La risita sardónica volvió a cobrar fuerza. Entre los nubarrones de mis ojos, perdidos en algún punto de aquel tétrico pozo, me pareció ver que se materializaba una figura que vestía una vaporosa túnica negra, tan negra que se confundía con las paredes pero su piel blanca daba mucho contraste a la oscuridad. Unos ojos cincelados y bonitos se hicieron presentes y me miraron con cierta alegría y malicia. Puedo asegurar que estaba contenta por verme y más…por llevarme….
-Pequeña Golondrina…- Me llamó con un dejo gélido haciendo a un lado sus largos cabellos azabache.- ¿Lo ves? Te dije que no podías enamorarte de alguien diferente a ti. Hubieras sido buena pajarilla y hubieras ido conmigo cuando oso te aplastó…así no estarías lamentándote de nuevo…
-Que mala eres, señora.- Sentía de nuevo, como a través de esas palabras me volvía a romper por dentro.- No soy una piedra, un ser sin alma…-Mis ojos se pusieron de nuevo rojos.- Quise creer que todavía existía una luz para mí…
La mujer hizo una pausa. Noté que en una de sus manos portaba una guadaña.
-Claro, aún hay luz…la que guía tu camino al otro mundo, Golondrina.- Al decir eso, se acercó a mí a paso seguro. Alzó su guadaña y con la punta de la misma hurgó la herida que mal formaba mi pecho. Sentí que de nuevo la carne se me abría.
-¡Ay!- Me quejé, pero mi dolor iba más allá de lo meramente físico, en realidad no me estaba haciendo daño.-Si me va a matar, señora, no demore…hágalo ahora.
-Paciencia, mi pequeñita.- Sonrió ella mientras deslizaba la afilada hoz pero ahora sobre mi garganta.- Antes me gustaría escuchar tu hermoso trino, por última vez…una vez más. Además sabes que yo no mato.- Extendió su blanca mano como la nieva en dirección dirigida a mí, su sonrisa desapareció.- Solo te guiaré a un mundo mejor. Ahora, no luches, acepta este designio y déjate llevar… canta mi avecilla…
Suspiré con tristeza. Era verdad…Tanto peleé para nada…Cerré mis ojos con fuerza y los volví a abrir pero esta vez dirigiendo mi vista hacía donde estaba el cielo. Quería ver por última vez un rayo de luna o de sol..Otra decepción…la salida de aquel foso estaba lejos de donde estaba postrada, apenas se veía un punto minúsculo y grisáceo por encima de mi cabeza.
-Hay nubes. Esta noche lloverá, Golondrina.- Dijo la Muerte apenada.-Ellas llorarán por ti en lugar de tu familia, en lugar del zorro que ya ha ido en caza de la garza…
Astillas de dolor seguían incrustándose en mi corazón como afiladas cuchillas. Volví a respirar hondo, me acomodé con esfuerzo para tener una mejor postura y comencé a emitir algunos trinos pero solamente pude cantar algunas notas tristes, descompuestas, sin vida…mis últimos cantos, mi último adiós…
Era natural, estaba más ya muerta que viva…la tristeza absoluta me cegó. Hice algunos intentos más pero ahora solo balbuceaba el aire, pronto ya no hubo ningún sonido. Sin quererlo, mi forma como Golondrina también se desvaneció. Cuando me di cuenta tenía la forma de una muchacha, de cabellos como la obsidiana, con desnuda piel morena, descalza y con una enorme herida sangrante que me cortaba desde el pecho hasta el cuello.
-Mi voz…-Me agarré el cuello, palpándolo con una de mis manos. Mi desolación fue mayúscula.
-Los colmillos del zorro te desgarraron entera, mi niña.- La Muerte suspiró mientras se arrodillaba frente a mí y me acariciaba los cabellos explicándome.-Le hubieras entregado el tesoro que con tanto recelo has guardado desde que naciste. No estarías sufriendo así…
-Iba a dárselo.- Agaché mi cabeza mientras que abrazaba mi cuerpo con mis propios brazos.- Pero al final…me dí cuenta que no le correspondía a él tenerlo…él no era el indicado para mí…por eso se enfadó conmigo…
-¡Que estúpida eres! Con razón te traicionó y fue a buscar a alguien quien si satisficiere sus deseos. Carne fresca y nueva. Pobre Golondrina vieja…así el zorro te llamó.
Intenté hacer caso omiso al comentario de la dama quien dejó de acicalarme el pelo y se levantó, la escuché dar unos pasos, pero no supe hacía a donde.
“Ella dice la verdad.” Los labios me temblaron con mucha melancolía. “Ya no puedo ni cantar…ya no me queda nada”. Apreté fuertemente mis párpados y me recargué en la pared sin dejar de rodear mi silueta con mis brazos. Otro soplo de viento frío me heló entera y mis pies comenzaron a sentir que un flujo de agua los cubría. Eran mis lágrimas que ya habían formado un charco. Ya no quería seguir llorando, pero mis pupilas no me obedecían, los párpados me ardían.”Ojalá ya acabe esto, si no, lloraré y lloraré hasta ahogarme. Llenaré este pozo si no me muero ya.”
Pronto mi cabeza comenzó a darme vueltas; me sentí muy mareada. Sentí que de nuevo caía en una infinidad de círculos de dolor, sin principio y sin fin. La sangre seguía fluyendo… Volví a escuchar la risa de la Muerte, entonces supe que mi hora había llegado pues sentí una honda pesadez, ya no podía mover ni un músculo, la respiración se me cortó mientras me seguía vaciando. Después…caí en un sueño del cual no quise despertar…mejor esto que continuar dentro de esta pesadilla.
“Adiós.” Fue lo último que alcancé a pensar, antes de que mi alma expirara. Y al hacerlo escuché el maullido de una gata seguido de un sordo lamento…
No supe que pasó, que ocurrió ni cuánto tiempo había transcurrido…pero a mis oídos llegó el repiqueteo de algo…al principio no me dí cuenta de que se trataba. Entre la niebla de mi confusión y delirio me parecía que escuchaba que me llamaban…
-¿Abuela?- Me pregunté mientras intentaba abrir mis ojos. Imposible, los párpados parecían piedras pesadas que se negaban en separarse.
El repiqueteo siguió sonando, retumbando con suavidad pero con suficiente fuerza como para despertarme.
Intenté desembarazarme de la pesadez que me embriagaba así que comencé a moverme…sabía que debía hacerlo, algo o alguien me incitaba a intentarlo. Era extraño…yo ya no tenía ni la mínima voluntad en querer salir de mi letargo pero por esa razón ajena a mi me pedía, me suplicaba que lo hiciera…una vez más, un momento más…pero ¿por qué yo que ya lo había perdido todo?
Estaba a punto de dejarme vencer de nuevo pero, antes de claudicar escuché algo que hizo que mi corazón palpitara de nuevo…ya no eran los tañidos esta vez si no una voz que no pertenecía a nadie quien yo conociese o al menos que recordase pero que me sonaba familiar…
-Golondrina…señorita Golondrina… ¿eres tú?
-¿Eh?-
-¿Eres tú, señorita Golondrina?- Repitió la voz, paciente.
- Si…soy yo.- No sé cómo pude responder si tenía la garganta hecha añicos.- ¿Quién eres tú?
Se escuchó un suspiro ronco antes de responder. Parecía que se enforzaba en hilar frases pero habló pronto con sabia naturalidad.
-Soy el único Dragón de Plata que surca las tierras de Xián. Nos conocimos hace ya mucho tiempo atrás- Dijo en voz queda, que me pareció tan triste como yo.
Me quedé callada un momento. No veía casi nada pero caí en cuenta que, gracias a una débil fuente de luz que llegaba del exterior, pude adivinar las formas de un ser gigantesco postrado a un lado de donde me encontraba yo y que por un pelo, si se movía un poco más me hubiera aplastado. "¿Cómo llegó aquí?"
-¿Cuál de todos los Dragón de Plata de Xián?- Dije luchando por salir de las brumas de la confusión. Estaba atontada mirando hacia arriba buscando la luz y hacia las sombras que daba su figura. No me di cuenta que hablé con un tono de niña boba y adormilada y que no había entendido del todo bien lo que, el que se decía Dragón, me había querido decir.
-¿Cuál ha de ser?- El ser, soltó de pronto una risotada que parecía que dejaba de momento su tristeza atrás.- Te he dicho que soy el único Dragón plateado de Xián. ¿Es que no me has puesto atención?
-¡Ah, perdona!.- Dije ruborizándome y abriendo los ojos como platos.- ¡Ya me acordé! Es que estaba dormida y me atonto fácilmente. Te estaba confundiendo con un Draco que anda por ahí y también conozco. Es que se escriben casi igual Dragón y Draco ¿no? Bueno no…que distan mucho por una letra “g” en lugar de una “c” y sobra una “n”… ¡Oh! Ando diciendo tonteras de nuevo…
El Dragón volvió a reír esta vez con ganas y yo, sin darme cuenta…también le imité…
Continuará…
*¨*¨*¨*¨*¨
Un sueño que tuve, una tristeza que llevé en mi corazón y un destello de esperanza que llegó a mi en forma de Dragón y que borró mis tristezas. Te amo, Miguel n.n como hace mucho tiempo superé esa difícil prueba he decidido escribirlo, gracias a tí, mi sol, mi destello eterno. T´estimo.
Sollocé. Cada vocal que hacía eco en aquel lugar oscuro se me atoraba en la garganta a causa de las lágrimas. Sentía mi pecho húmedo, caliente...mi corazón latía a mil, pero no era por gozo, sino un profundo dolor que me cercenaba tanto de adentro y afuera. La sangre fluía con lentitud y caía por todo mi cuerpo.
-¡Zorro!
Le llamé de nuevo, aún resguardando esperanzas en alguna parte de mi ya derruido corazón. No hubo respuesta, solo sus aullidos que, por la distancia supuse que se alejaba cada vez más de donde me encontraba; pronto solo éramos el silencio y yo, la única pareja en aquel pozo. Aguardé unos minutos, mis pequeños ojos estaban atestados de agua salada. Con dificultades alcé una de mis alas para poder secarme, pero la herida que me carcomía me lo impidió.
-¡Ay!- Me quejé, aspirando hondo sintiendo el punzante frío que me congelaba la espalda- Me duele mucho...Y aquí está muy oscuro, tengo miedo.
Y me volví a echar a llorar, temblando. En eso, la imagen majestuosa de mi abuela, la anciana y sabia halcón apareció entre las brumas de mi inconsciencia. Ella me lo había advertido: "El zorro solo quiere ganarse tu cariño, tu amor y tu confianza para arrebatarte el tesoro que el Fénix te ha confiado. Mi niña, no vayas a las tierras del zorro...Puede ser una trampa."
-Qué razón tenías, abuela...-Me susurré a mí misma, sintiendo que me faltaba el aire al sentir de nuevo como las punzadas que provocaron las fauces del zorro hacían mella sobre mi piel herida.- Perdóname por haberte desobedecido. Estoy tan arrepentida...Sé que cuando sepas que he venido al reino del zorro sin tu permiso te avergonzarás de mí…no me quitó el tesoro pero por ello ya he pagado…mi Papá Buitre tenía razón…soy una desgracia para la familia…
Intenté girarme de nuevo atacada por una crisis de lagrimones e hipos. Si seguía boca arriba acabaría por ahogarme. Chasqueé mi pico y con terribles dolores pude ponerme de lado; así las lágrimas comenzaron a fluir más ligeramente hasta caer sobre el helado fondo de piedra. Mi ahora cama, mi ahora tumba…Lloré y lloré…nadie sabe en donde me encuentro ahora y pronto moriré…Hubo un momento que dejó de importarme, tal vez si moría de una buena vez, dejaría de sentir pronto lo que me estaba desgarrando por dentro. Al pensar esto me pareció escuchar una cruel carcajada que resonaba cerca de mis oídos. Reconocí a quien pertenecía…ya muchas veces antes la había escuchado…antes me daba mucho miedo…mi madre, la paloma, me había protegido de ella con sus hermosas y puras alas blancas cuando una vez caí enferma y en otra ocasión cuando un hermoso oso me pisó sin querer y me hizo mucho daño.
-Mamita… ¡ven por mí!
Pero, mi mamá ahora no estaba…ni el águila, ni el cardenal…mis hermanos. Estaban a cientos de kilómetros lejos. De nuevo, todo volvió a ser oscuro y sin sentido.
-Quiero que acabe de una vez.- Pensé en voz alta después de una pausa entre mis sollozos, dispuesta a dejarme llevar por la dueña de la risotada.-Quiero que me lleves…
La risita sardónica volvió a cobrar fuerza. Entre los nubarrones de mis ojos, perdidos en algún punto de aquel tétrico pozo, me pareció ver que se materializaba una figura que vestía una vaporosa túnica negra, tan negra que se confundía con las paredes pero su piel blanca daba mucho contraste a la oscuridad. Unos ojos cincelados y bonitos se hicieron presentes y me miraron con cierta alegría y malicia. Puedo asegurar que estaba contenta por verme y más…por llevarme….
-Pequeña Golondrina…- Me llamó con un dejo gélido haciendo a un lado sus largos cabellos azabache.- ¿Lo ves? Te dije que no podías enamorarte de alguien diferente a ti. Hubieras sido buena pajarilla y hubieras ido conmigo cuando oso te aplastó…así no estarías lamentándote de nuevo…
-Que mala eres, señora.- Sentía de nuevo, como a través de esas palabras me volvía a romper por dentro.- No soy una piedra, un ser sin alma…-Mis ojos se pusieron de nuevo rojos.- Quise creer que todavía existía una luz para mí…
La mujer hizo una pausa. Noté que en una de sus manos portaba una guadaña.
-Claro, aún hay luz…la que guía tu camino al otro mundo, Golondrina.- Al decir eso, se acercó a mí a paso seguro. Alzó su guadaña y con la punta de la misma hurgó la herida que mal formaba mi pecho. Sentí que de nuevo la carne se me abría.
-¡Ay!- Me quejé, pero mi dolor iba más allá de lo meramente físico, en realidad no me estaba haciendo daño.-Si me va a matar, señora, no demore…hágalo ahora.
-Paciencia, mi pequeñita.- Sonrió ella mientras deslizaba la afilada hoz pero ahora sobre mi garganta.- Antes me gustaría escuchar tu hermoso trino, por última vez…una vez más. Además sabes que yo no mato.- Extendió su blanca mano como la nieva en dirección dirigida a mí, su sonrisa desapareció.- Solo te guiaré a un mundo mejor. Ahora, no luches, acepta este designio y déjate llevar… canta mi avecilla…
Suspiré con tristeza. Era verdad…Tanto peleé para nada…Cerré mis ojos con fuerza y los volví a abrir pero esta vez dirigiendo mi vista hacía donde estaba el cielo. Quería ver por última vez un rayo de luna o de sol..Otra decepción…la salida de aquel foso estaba lejos de donde estaba postrada, apenas se veía un punto minúsculo y grisáceo por encima de mi cabeza.
-Hay nubes. Esta noche lloverá, Golondrina.- Dijo la Muerte apenada.-Ellas llorarán por ti en lugar de tu familia, en lugar del zorro que ya ha ido en caza de la garza…
Astillas de dolor seguían incrustándose en mi corazón como afiladas cuchillas. Volví a respirar hondo, me acomodé con esfuerzo para tener una mejor postura y comencé a emitir algunos trinos pero solamente pude cantar algunas notas tristes, descompuestas, sin vida…mis últimos cantos, mi último adiós…
Era natural, estaba más ya muerta que viva…la tristeza absoluta me cegó. Hice algunos intentos más pero ahora solo balbuceaba el aire, pronto ya no hubo ningún sonido. Sin quererlo, mi forma como Golondrina también se desvaneció. Cuando me di cuenta tenía la forma de una muchacha, de cabellos como la obsidiana, con desnuda piel morena, descalza y con una enorme herida sangrante que me cortaba desde el pecho hasta el cuello.
-Mi voz…-Me agarré el cuello, palpándolo con una de mis manos. Mi desolación fue mayúscula.
-Los colmillos del zorro te desgarraron entera, mi niña.- La Muerte suspiró mientras se arrodillaba frente a mí y me acariciaba los cabellos explicándome.-Le hubieras entregado el tesoro que con tanto recelo has guardado desde que naciste. No estarías sufriendo así…
-Iba a dárselo.- Agaché mi cabeza mientras que abrazaba mi cuerpo con mis propios brazos.- Pero al final…me dí cuenta que no le correspondía a él tenerlo…él no era el indicado para mí…por eso se enfadó conmigo…
-¡Que estúpida eres! Con razón te traicionó y fue a buscar a alguien quien si satisficiere sus deseos. Carne fresca y nueva. Pobre Golondrina vieja…así el zorro te llamó.
Intenté hacer caso omiso al comentario de la dama quien dejó de acicalarme el pelo y se levantó, la escuché dar unos pasos, pero no supe hacía a donde.
“Ella dice la verdad.” Los labios me temblaron con mucha melancolía. “Ya no puedo ni cantar…ya no me queda nada”. Apreté fuertemente mis párpados y me recargué en la pared sin dejar de rodear mi silueta con mis brazos. Otro soplo de viento frío me heló entera y mis pies comenzaron a sentir que un flujo de agua los cubría. Eran mis lágrimas que ya habían formado un charco. Ya no quería seguir llorando, pero mis pupilas no me obedecían, los párpados me ardían.”Ojalá ya acabe esto, si no, lloraré y lloraré hasta ahogarme. Llenaré este pozo si no me muero ya.”
Pronto mi cabeza comenzó a darme vueltas; me sentí muy mareada. Sentí que de nuevo caía en una infinidad de círculos de dolor, sin principio y sin fin. La sangre seguía fluyendo… Volví a escuchar la risa de la Muerte, entonces supe que mi hora había llegado pues sentí una honda pesadez, ya no podía mover ni un músculo, la respiración se me cortó mientras me seguía vaciando. Después…caí en un sueño del cual no quise despertar…mejor esto que continuar dentro de esta pesadilla.
“Adiós.” Fue lo último que alcancé a pensar, antes de que mi alma expirara. Y al hacerlo escuché el maullido de una gata seguido de un sordo lamento…
No supe que pasó, que ocurrió ni cuánto tiempo había transcurrido…pero a mis oídos llegó el repiqueteo de algo…al principio no me dí cuenta de que se trataba. Entre la niebla de mi confusión y delirio me parecía que escuchaba que me llamaban…
-¿Abuela?- Me pregunté mientras intentaba abrir mis ojos. Imposible, los párpados parecían piedras pesadas que se negaban en separarse.
El repiqueteo siguió sonando, retumbando con suavidad pero con suficiente fuerza como para despertarme.
Intenté desembarazarme de la pesadez que me embriagaba así que comencé a moverme…sabía que debía hacerlo, algo o alguien me incitaba a intentarlo. Era extraño…yo ya no tenía ni la mínima voluntad en querer salir de mi letargo pero por esa razón ajena a mi me pedía, me suplicaba que lo hiciera…una vez más, un momento más…pero ¿por qué yo que ya lo había perdido todo?
Estaba a punto de dejarme vencer de nuevo pero, antes de claudicar escuché algo que hizo que mi corazón palpitara de nuevo…ya no eran los tañidos esta vez si no una voz que no pertenecía a nadie quien yo conociese o al menos que recordase pero que me sonaba familiar…
-Golondrina…señorita Golondrina… ¿eres tú?
-¿Eh?-
-¿Eres tú, señorita Golondrina?- Repitió la voz, paciente.
- Si…soy yo.- No sé cómo pude responder si tenía la garganta hecha añicos.- ¿Quién eres tú?
Se escuchó un suspiro ronco antes de responder. Parecía que se enforzaba en hilar frases pero habló pronto con sabia naturalidad.
-Soy el único Dragón de Plata que surca las tierras de Xián. Nos conocimos hace ya mucho tiempo atrás- Dijo en voz queda, que me pareció tan triste como yo.
Me quedé callada un momento. No veía casi nada pero caí en cuenta que, gracias a una débil fuente de luz que llegaba del exterior, pude adivinar las formas de un ser gigantesco postrado a un lado de donde me encontraba yo y que por un pelo, si se movía un poco más me hubiera aplastado. "¿Cómo llegó aquí?"
-¿Cuál de todos los Dragón de Plata de Xián?- Dije luchando por salir de las brumas de la confusión. Estaba atontada mirando hacia arriba buscando la luz y hacia las sombras que daba su figura. No me di cuenta que hablé con un tono de niña boba y adormilada y que no había entendido del todo bien lo que, el que se decía Dragón, me había querido decir.
-¿Cuál ha de ser?- El ser, soltó de pronto una risotada que parecía que dejaba de momento su tristeza atrás.- Te he dicho que soy el único Dragón plateado de Xián. ¿Es que no me has puesto atención?
-¡Ah, perdona!.- Dije ruborizándome y abriendo los ojos como platos.- ¡Ya me acordé! Es que estaba dormida y me atonto fácilmente. Te estaba confundiendo con un Draco que anda por ahí y también conozco. Es que se escriben casi igual Dragón y Draco ¿no? Bueno no…que distan mucho por una letra “g” en lugar de una “c” y sobra una “n”… ¡Oh! Ando diciendo tonteras de nuevo…
El Dragón volvió a reír esta vez con ganas y yo, sin darme cuenta…también le imité…
Continuará…
*¨*¨*¨*¨*¨
Un sueño que tuve, una tristeza que llevé en mi corazón y un destello de esperanza que llegó a mi en forma de Dragón y que borró mis tristezas. Te amo, Miguel n.n como hace mucho tiempo superé esa difícil prueba he decidido escribirlo, gracias a tí, mi sol, mi destello eterno. T´estimo.
viernes, 1 de julio de 2011
40 hechos y confesiones de Zeldas.
Reglas: Una vez que fuiste etiquetado, debes escribir una nota con 40 cosas al azar, hechos, hábitos o metas tuyas. Al final elige a las personas que quieras y etiquetalas. Tienes que etiquetar a la persona que te etiquetó a ti.
Si yo te etiqueté, es porque quiero saber más sobre ti (o mejor que lo haga quien quiera, asi es mas divertido)
De titulo tienes que poner 40 hechos y confesiones de (tu nombre)
1. Mi máximo deseo es vivir con calidad y alegría, lo considero como un gran regalo de Dios (mira, que no soy de seguir religiones eh?). Quiero disfrutar mi paso por este planeta.
2. Aparentemente, soy bastante callada y más cuando conozco a alguien o entro en terrenos desconocidos. Desde pequeña me costó relacionarme con las personas, lo que no saben es que me la paso bomba ya con el simple hecho de escuchar.
3. No me gusta estar quieta, aunque lo parezca. Necesito siempre estar haciendo algo…ahora que cuando me encuentro muy cansada la verdad si flojeo mucho pero lo disfruto o me retiro a mi mundo imaginario.
4. Mi primera y única borrachera (entiéndase que me puse ebria) tenía como 10 años…lo curioso es que fue de la manera más tontorrona que cualquiera pudiese imaginar. Es típico que en México, concretamente en mi comunidad, se realicen ferias y kermesses con sendos puestos de juegos, comidas y bebidas en fin de año. Una noche, después de tanto jolgorio y diversión estaba sedienta, solicité un “jarrito” una bebida de frutas a la que se le puede añadir limón, sal, un poco de chile piquín y si gusta el cliente un poco de licor, obviamente en mi caso no quería alcohol, esta bebida la puedes beber con ayuda de un popote o pajilla plástica. Sucede que cuando me entregaron el jarrito preparado y comencé a beberlo noté algo extraño en el sabor, era amargo pero pensé que era por el jugo de limón y me lo bebí de un solo golpe…resultado? Una gran borrachera y una tremenda cruda que me duró tres benditos días. Mi mamá se dio cuenta al oler las pocas gotas etílicas que dejé en el jarrito y aparte me dijo que esa noche me puse muy necia de repente. Obvio, no recuerdo nada LoL.
5. En mis cursos básicos desde la primaria a la secundaria, casi no me llevaba bien con mis compañeros de clase, por ende casi la pasaba sola en horas de recreo, recuerdo que me la pasaba vagando por el patio del colegio o me ponía a platicar con la gente mayor. Me tachaban de rara y típica nerd, igual me decían "guapa" en forma de burla irónica diciendo que era fea. Poco a poco eso fue cambiando al ver que nunca les hice una mala cara y pues el tiempo...hizo cambios en mi cuerpo que agradecí xD.
6. Al entrar al bachillerato, solo me duró poco tiempo el gusto en estar en el colegio. Recuerdo que en ese año de 1999 la UNAM se fue a huelga. Tuve que entrar a trabajar a tiempo parcial en un Carrefour para pagarme un colegio de sistema abierto. Terminé antes de tiempo y me dediqué un par de años a solo enfocarme al trabajo.
7. Antes de incursionar en el ámbito docente, he trabajado como vendedora en tiendas de ropa, juguetes, atendiendo en una cafetería, de profesora de nivel bachillerato, en hospitales y consultorios. Echo de menos esos tiempos donde mi trato con las personas era agradable y más por que me convertí en una persona desenvuelta. Fue de las mejores épocas de mi vida al entrar en contacto con tanta gente y conocí a los que hoy por hoy son mis mejores amigos.
8. ¿He dicho que tengo una adicción? No puedo vivir sin masticar chicle. Me calma los nervios, pero lo prefiero antes que echarme a la boca un cigarro, beber alcohol o drogas. ¡fuchi!
9. La forma de mi rostro es ovalada pero no hay armonía entre mis ojos, nariz, labios y mentón, esto me hace aparecer de forma distinta en fotografías, soy muy camaleónica y se acentúa más si me hago un cambio de look como un corte de cabello o de color o maquillaje, incluso con diferente ropa.
10. Por la razón anterior, al incursionar en el mundo del modelaje amateur y ropa/cosméticos por invitación de una vieja amiga (Brenda, desgraciada) y un fotógrafo que alegaba que tenia buen cuerpo LoL sólo me hacían tomas en ciertas partes de mi cuerpo, sobretodo los labios que dicen es mi principal atractivo, así como las manos. Aunque luego comencé a salir de cuerpo entero xD A mi padre le dio el infarto, mi madre es la orgullosa. Recibí llamadas de mis ex compañeras de secundaria que antes me odiaban para felicitarme.
11. En mi vida cotidiana no me agradaba mucho que me tomen fotos o videos. Me siento súper extraña aparte que me quedó muy dentro la superstición que me atrapaban el alma si me hacían una toma xD. Lógico ahora ya no lo creo pero no me acostumbro y me enojo si me fotografían sin permiso, no es vanidad ni que me cotice mucho pero, así es. Ahora me gusta hacerlo más si es con mi novio.
12. De todas mis amistades y familiares cercanos, soy la única que no he tenido hijos y le ha ido buenamente en el colegio. Mis tíos me adoran más que mis padres .___.
13. De pequeña, debido a la falta de recursos en mi hogar casi no tuve juguetes. Sólo cuando era Día de Reyes. Tuve dos o tres muñecas Barbie que eran mi adoración y me las robaron. Sin embargo me hacía feliz tener mi pequeña bota de dulces y con eso me conformaba, igualmente adoraba ver en mis ratos libres ver televisión, lo famosos cartoons o anime. Cuando mis padres tuvieron más solvencia económica pude disfrutar de otras cosas y de los juguetes de mis hermanos xD Ahora tengo unos cuantos muñecos de peluche regalo de amigos, pretendientes y tengo uno favorito que Linkaín me regaló: Mi adorado hijo Peanut. Un moguri precioso y duermo con él siempre. Por mí lo llevaría a todas partes xD aunque mi querida suegra me echó bronca por hacerlo XD.
14. Cuando tenía escasos 2 o 3 añitos, mi padre se compró una consola de videojuegos que fue pagando en abonos, un NES. Ahí fue cuando tuve mi primer contacto con el mundo de los videojuegos. El Duck Hunt y Mario BROS fueron mis primeros pininos. Cada vez que salía una nueva consola hacíamos lo posible por adquirirla, ahí me enamoré de los juegos de rol, aventuras y peleas como Zelda y Street Fighter. A pesar de ser mujer tuve la habilidad suficiente para aprender rápido e incluso retar a hombres…con el tiempo me convertí el la sensei de mis hermanos, les enseñé a jugar y ahora ellos me hacen polvo a mí xD. Ah! Nunca tuve retraso mental por ello, me concentraba mejor en la escuela y una memoria fotográfica que ya he perdido.
15. He participado en torneos de videojuegos, como Smash Bros, Smash Bros Melee y Smash Bros Brawl. Logré llegar junto con mi hermano entre los primeros lugares y derrotar a grandes jugadores, pero lo principal la satisfacción de conocer a personas y convivir. Pero la edad ya me pasa factura xD apenas recuerdo como se agarra el control. Nah broma n__n
16. Me encantan los retos, ser muy luchona, perseverante y tener espíritu competitivo. Si algo no lo sé, lo aprendo =), mi lema es nunca decir “hubiera o no puedo”
17. Adoro dibujar, escribir, coser, componer canciones y poemas/pensamientos. Llegué a participar en concursos a nivel nacional internacional. Mi primer premio de primer lugar fue por un dibujo inspirado en Zelda: Four Swords Adventure presentando en la categoría de Dibujo Digital a Vaati…lo gracioso es que no sabía ni pío de photoshop o Paint lol. Igual tuve en primer puesto una pequeña historia igual inspirado en el juego de Zelda: A Link to the Past y Ocarina of Time; era un fanfic escrito en francés.
18. Mi pasión por la lectura, escritura y videojuegos me motivó a entrar al mundo de la Internet. Siempre he sido una persona que gusta de la realidad pero igual de fantasía y sueños, un balance que me agradó profundamente. Conocí a grandes personas con un talento impresionante y en un momento dado quise compartir letras con ellos…ese sueño se convirtió en realidad gracias a “Las Crónicas de Mimir.” Es una historia interactiva que se me ocurrió una noche al pensar como resolver un puzzle xD. Ahora esa historia lleva 4 años de vida y no la hemos terminado!, hasta cómics, muñecos de peluche, dibujos y una segunda parte llevamos. Que orgullo, si señor! Ahora espero volver cumplida como antes por que por mi culpa se ha retrasado mucho .____. Pido perdón a los escritores y lectores.
19. Gracias a la página web del “Palacio de Sheik”, hoy mejor conocido como "Sheikav" conocí a personas que el día de hoy son mis amigos como Roskat, Jlink, Triforce Deity, Kernuac, Young_Link, Saku, Nay, Jerry...hace poco conocí a Mitsuita y Ednock, aunque fueron pocos días de tratarlos se han vuelto muy especiales para mí.También ahí conocí a los que fueron alguna vez mis parejas sentimentales, a la fecha, mi novio actual, Linkaín también lo conocí en esa página. Nunca imaginé que acabaríamos juntos, que él sería mi complemento, pero todo se dio poco a poco y estoy profundamente enamorada de él y soy tremendamente feliz. Te amo, Miguel ^^
20.He viajado a muchas partes gracias a mi trabajo y estudios. He visitado sitios preciosos como varias partes de México, USA, Canadá, Panamá, Colombia, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Cuba, Puerto Rico y por supuesto una parte linda de España, Barcelona para ir a ver a mi novio. ¡Que días tan maravillosos!
21. ¿He mencionado que tengo musofobia? Por favor, no soporto a los ratones y ratas >.< me muero del susto! NO me regalen una de esas cosas por favor ;O; prefiero enfrentarme a escorpiones, víboras y arañas.
22. Me gusta comer de todo, pero mis platillos favoritos son la comida japonesa y la mexicana. Sin embargo no le pongo “pero” a lo demás. Gummi gummi, igual me gusta cocinar y creo que no lo hago nada mal, me dicen que tengo buena mano. Echo de menos las migas que prepara la abuelita de mi león hermoso.
23. Me gusta el picante, el queso y las papas a morir! Aunque luego me duela el estómago.
24. Adoro mis manos, creo que no son feas o.o son mi orgullo al igual que...joer *se pone roja* mis senos xDDD nunca he sido talla chica ni extra-grande.
25. Soy nefasta para las matemáticas…aún no me explico como acredité el kinder garden lol
26. Amo la mitología griega, nórdica, azteca…la astrología, las ciencias paranormales…Me interesa mucho las raíces del mundo, las leyendas, el folclor de los pueblos…me encanta palpar la belleza y peculiaridad de cada país. En ellos me baso para hacer mis historias, mis poesías y dibujos. Así como sus frases las relaciono a mi vida.
27. Me encanta escuchar a la gente. Creo que soy buena amiga y tengo el tacto. Sé que aunque no pueda ayudar a alguien a resolver sus problemas le presto mi ser, una mano amiga o mi hombro para llorar o reír.
28. Mis defectos: Soy muy sensible a morir. Pregúntele a mi novio xD Me considero una persona muy tenaz, con garra e independiente. No me gusta quedarme de de brazos cruzados, aunque no lo parezca, suelo ser muy sutil y educada, con clase….me considero una dama. Igualmente soy enojona, pero es difícil que alguien me vea en ese estado…cuidado! Me dejo llevar por el pecado de la ira. Igual soy muy bromista e irónica y a veces no me sé explicar, digo una cosa cuando quería decir otra y muchos me malentienden.
29. Odio la indiferencia de las personas. Me sienta pésimo cuando abusan o traicionan de la amistad o amor o que no cumplan sus promesas y no me valoren, siempre he creído que esos sentires no sólo deben ofrecerse o recibirse sino ambos, pero me doy cuenta quien vale la pena…y quien tiene sesos en la cabeza. Es fastidioso que te traten pésimo como si uno les hubiera hecho mal, luego que después regresen como si nada y otro día...no vuelves a existir para ellos!...cómo le hacen para olvidar tan fácil los momentos lindos? no entiendo, señores...a menos que en verdad sepan mentir tan bien .
30. No me gustan los prejuicios, ni la egolatría, ni la soberbia. Lo peor que puede ocurrir es no ser fiel. Los excesos me fastidian. El orgullo y la autoestima son cosas muy distintas.
31. Lo primero que me fijo en un chico es su espontaneidad y carisma, así como el amor y orgullo que le inculca a sus actos. También en la expresión de sus ojos, sus labios y su voz. Mi amor, los tienes preciosos n////////n
32. Nunca me ha importado la edad o físico para entablar una relación amistosa o amorosa con alguien. Para mi es relativo, el físico se acaba, la edad no es limitante para compartir, crecer y experimentar sentires.
33. Debo confesar que no sé andar en bicicleta ni patines lol es mi mayor trauma.
34. Me siento identificada con la naturaleza. Amo el verde de un bosque, los sonidos de la selva, el oro de los desiertos y el crepitar de las olas. El cielo me apasiona, amo la luna y las estrellas. Me maravilla la creación.
35. De todos los animales me asombra la nobleza e inteligencia del delfín, la valentía de los perros, el misterio de los lobos, la elegancia de los caballos y la majestuosidad de los halcones.
36. A mi edad sufro dolencias peores que mi abuela >.>
37. Tengo ángel con los bebés y los animales. Creo que sería buena mamá o.o
38. Me trauma mucho la forma y tamaño de mis caderas al igual que mis ojos, unas grandes, otros pequeños.
39. Se me da mucho por practicar deportes extremos. Incluso quise llegar a jugar profesionalmente soccer, pero mis múltiples golpes en el cuerpo a causa de las artes marciales y kick boxing no me lo permitieron…aunque adoro la adrenalina de esas prácticas que no los dejo por nada, tanto que me ha dado por entrenar en disciplinas más fuertes sin importarme que me partan el cuello xD.
40. Me considero una chica sensual y coqueta, pero depende con quien este porque para mi es serlo con alguien especial y no con cualquiera. Me encanta el tono de mi voz para esto.
Si yo te etiqueté, es porque quiero saber más sobre ti (o mejor que lo haga quien quiera, asi es mas divertido)
De titulo tienes que poner 40 hechos y confesiones de (tu nombre)
1. Mi máximo deseo es vivir con calidad y alegría, lo considero como un gran regalo de Dios (mira, que no soy de seguir religiones eh?). Quiero disfrutar mi paso por este planeta.
2. Aparentemente, soy bastante callada y más cuando conozco a alguien o entro en terrenos desconocidos. Desde pequeña me costó relacionarme con las personas, lo que no saben es que me la paso bomba ya con el simple hecho de escuchar.
3. No me gusta estar quieta, aunque lo parezca. Necesito siempre estar haciendo algo…ahora que cuando me encuentro muy cansada la verdad si flojeo mucho pero lo disfruto o me retiro a mi mundo imaginario.
4. Mi primera y única borrachera (entiéndase que me puse ebria) tenía como 10 años…lo curioso es que fue de la manera más tontorrona que cualquiera pudiese imaginar. Es típico que en México, concretamente en mi comunidad, se realicen ferias y kermesses con sendos puestos de juegos, comidas y bebidas en fin de año. Una noche, después de tanto jolgorio y diversión estaba sedienta, solicité un “jarrito” una bebida de frutas a la que se le puede añadir limón, sal, un poco de chile piquín y si gusta el cliente un poco de licor, obviamente en mi caso no quería alcohol, esta bebida la puedes beber con ayuda de un popote o pajilla plástica. Sucede que cuando me entregaron el jarrito preparado y comencé a beberlo noté algo extraño en el sabor, era amargo pero pensé que era por el jugo de limón y me lo bebí de un solo golpe…resultado? Una gran borrachera y una tremenda cruda que me duró tres benditos días. Mi mamá se dio cuenta al oler las pocas gotas etílicas que dejé en el jarrito y aparte me dijo que esa noche me puse muy necia de repente. Obvio, no recuerdo nada LoL.
5. En mis cursos básicos desde la primaria a la secundaria, casi no me llevaba bien con mis compañeros de clase, por ende casi la pasaba sola en horas de recreo, recuerdo que me la pasaba vagando por el patio del colegio o me ponía a platicar con la gente mayor. Me tachaban de rara y típica nerd, igual me decían "guapa" en forma de burla irónica diciendo que era fea. Poco a poco eso fue cambiando al ver que nunca les hice una mala cara y pues el tiempo...hizo cambios en mi cuerpo que agradecí xD.
6. Al entrar al bachillerato, solo me duró poco tiempo el gusto en estar en el colegio. Recuerdo que en ese año de 1999 la UNAM se fue a huelga. Tuve que entrar a trabajar a tiempo parcial en un Carrefour para pagarme un colegio de sistema abierto. Terminé antes de tiempo y me dediqué un par de años a solo enfocarme al trabajo.
7. Antes de incursionar en el ámbito docente, he trabajado como vendedora en tiendas de ropa, juguetes, atendiendo en una cafetería, de profesora de nivel bachillerato, en hospitales y consultorios. Echo de menos esos tiempos donde mi trato con las personas era agradable y más por que me convertí en una persona desenvuelta. Fue de las mejores épocas de mi vida al entrar en contacto con tanta gente y conocí a los que hoy por hoy son mis mejores amigos.
8. ¿He dicho que tengo una adicción? No puedo vivir sin masticar chicle. Me calma los nervios, pero lo prefiero antes que echarme a la boca un cigarro, beber alcohol o drogas. ¡fuchi!
9. La forma de mi rostro es ovalada pero no hay armonía entre mis ojos, nariz, labios y mentón, esto me hace aparecer de forma distinta en fotografías, soy muy camaleónica y se acentúa más si me hago un cambio de look como un corte de cabello o de color o maquillaje, incluso con diferente ropa.
10. Por la razón anterior, al incursionar en el mundo del modelaje amateur y ropa/cosméticos por invitación de una vieja amiga (Brenda, desgraciada) y un fotógrafo que alegaba que tenia buen cuerpo LoL sólo me hacían tomas en ciertas partes de mi cuerpo, sobretodo los labios que dicen es mi principal atractivo, así como las manos. Aunque luego comencé a salir de cuerpo entero xD A mi padre le dio el infarto, mi madre es la orgullosa. Recibí llamadas de mis ex compañeras de secundaria que antes me odiaban para felicitarme.
11. En mi vida cotidiana no me agradaba mucho que me tomen fotos o videos. Me siento súper extraña aparte que me quedó muy dentro la superstición que me atrapaban el alma si me hacían una toma xD. Lógico ahora ya no lo creo pero no me acostumbro y me enojo si me fotografían sin permiso, no es vanidad ni que me cotice mucho pero, así es. Ahora me gusta hacerlo más si es con mi novio.
12. De todas mis amistades y familiares cercanos, soy la única que no he tenido hijos y le ha ido buenamente en el colegio. Mis tíos me adoran más que mis padres .___.
13. De pequeña, debido a la falta de recursos en mi hogar casi no tuve juguetes. Sólo cuando era Día de Reyes. Tuve dos o tres muñecas Barbie que eran mi adoración y me las robaron. Sin embargo me hacía feliz tener mi pequeña bota de dulces y con eso me conformaba, igualmente adoraba ver en mis ratos libres ver televisión, lo famosos cartoons o anime. Cuando mis padres tuvieron más solvencia económica pude disfrutar de otras cosas y de los juguetes de mis hermanos xD Ahora tengo unos cuantos muñecos de peluche regalo de amigos, pretendientes y tengo uno favorito que Linkaín me regaló: Mi adorado hijo Peanut. Un moguri precioso y duermo con él siempre. Por mí lo llevaría a todas partes xD aunque mi querida suegra me echó bronca por hacerlo XD.
14. Cuando tenía escasos 2 o 3 añitos, mi padre se compró una consola de videojuegos que fue pagando en abonos, un NES. Ahí fue cuando tuve mi primer contacto con el mundo de los videojuegos. El Duck Hunt y Mario BROS fueron mis primeros pininos. Cada vez que salía una nueva consola hacíamos lo posible por adquirirla, ahí me enamoré de los juegos de rol, aventuras y peleas como Zelda y Street Fighter. A pesar de ser mujer tuve la habilidad suficiente para aprender rápido e incluso retar a hombres…con el tiempo me convertí el la sensei de mis hermanos, les enseñé a jugar y ahora ellos me hacen polvo a mí xD. Ah! Nunca tuve retraso mental por ello, me concentraba mejor en la escuela y una memoria fotográfica que ya he perdido.
15. He participado en torneos de videojuegos, como Smash Bros, Smash Bros Melee y Smash Bros Brawl. Logré llegar junto con mi hermano entre los primeros lugares y derrotar a grandes jugadores, pero lo principal la satisfacción de conocer a personas y convivir. Pero la edad ya me pasa factura xD apenas recuerdo como se agarra el control. Nah broma n__n
16. Me encantan los retos, ser muy luchona, perseverante y tener espíritu competitivo. Si algo no lo sé, lo aprendo =), mi lema es nunca decir “hubiera o no puedo”
17. Adoro dibujar, escribir, coser, componer canciones y poemas/pensamientos. Llegué a participar en concursos a nivel nacional internacional. Mi primer premio de primer lugar fue por un dibujo inspirado en Zelda: Four Swords Adventure presentando en la categoría de Dibujo Digital a Vaati…lo gracioso es que no sabía ni pío de photoshop o Paint lol. Igual tuve en primer puesto una pequeña historia igual inspirado en el juego de Zelda: A Link to the Past y Ocarina of Time; era un fanfic escrito en francés.
18. Mi pasión por la lectura, escritura y videojuegos me motivó a entrar al mundo de la Internet. Siempre he sido una persona que gusta de la realidad pero igual de fantasía y sueños, un balance que me agradó profundamente. Conocí a grandes personas con un talento impresionante y en un momento dado quise compartir letras con ellos…ese sueño se convirtió en realidad gracias a “Las Crónicas de Mimir.” Es una historia interactiva que se me ocurrió una noche al pensar como resolver un puzzle xD. Ahora esa historia lleva 4 años de vida y no la hemos terminado!, hasta cómics, muñecos de peluche, dibujos y una segunda parte llevamos. Que orgullo, si señor! Ahora espero volver cumplida como antes por que por mi culpa se ha retrasado mucho .____. Pido perdón a los escritores y lectores.
19. Gracias a la página web del “Palacio de Sheik”, hoy mejor conocido como "Sheikav" conocí a personas que el día de hoy son mis amigos como Roskat, Jlink, Triforce Deity, Kernuac, Young_Link, Saku, Nay, Jerry...hace poco conocí a Mitsuita y Ednock, aunque fueron pocos días de tratarlos se han vuelto muy especiales para mí.También ahí conocí a los que fueron alguna vez mis parejas sentimentales, a la fecha, mi novio actual, Linkaín también lo conocí en esa página. Nunca imaginé que acabaríamos juntos, que él sería mi complemento, pero todo se dio poco a poco y estoy profundamente enamorada de él y soy tremendamente feliz. Te amo, Miguel ^^
20.He viajado a muchas partes gracias a mi trabajo y estudios. He visitado sitios preciosos como varias partes de México, USA, Canadá, Panamá, Colombia, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Cuba, Puerto Rico y por supuesto una parte linda de España, Barcelona para ir a ver a mi novio. ¡Que días tan maravillosos!
21. ¿He mencionado que tengo musofobia? Por favor, no soporto a los ratones y ratas >.< me muero del susto! NO me regalen una de esas cosas por favor ;O; prefiero enfrentarme a escorpiones, víboras y arañas.
22. Me gusta comer de todo, pero mis platillos favoritos son la comida japonesa y la mexicana. Sin embargo no le pongo “pero” a lo demás. Gummi gummi, igual me gusta cocinar y creo que no lo hago nada mal, me dicen que tengo buena mano. Echo de menos las migas que prepara la abuelita de mi león hermoso.
23. Me gusta el picante, el queso y las papas a morir! Aunque luego me duela el estómago.
24. Adoro mis manos, creo que no son feas o.o son mi orgullo al igual que...joer *se pone roja* mis senos xDDD nunca he sido talla chica ni extra-grande.
25. Soy nefasta para las matemáticas…aún no me explico como acredité el kinder garden lol
26. Amo la mitología griega, nórdica, azteca…la astrología, las ciencias paranormales…Me interesa mucho las raíces del mundo, las leyendas, el folclor de los pueblos…me encanta palpar la belleza y peculiaridad de cada país. En ellos me baso para hacer mis historias, mis poesías y dibujos. Así como sus frases las relaciono a mi vida.
27. Me encanta escuchar a la gente. Creo que soy buena amiga y tengo el tacto. Sé que aunque no pueda ayudar a alguien a resolver sus problemas le presto mi ser, una mano amiga o mi hombro para llorar o reír.
28. Mis defectos: Soy muy sensible a morir. Pregúntele a mi novio xD Me considero una persona muy tenaz, con garra e independiente. No me gusta quedarme de de brazos cruzados, aunque no lo parezca, suelo ser muy sutil y educada, con clase….me considero una dama. Igualmente soy enojona, pero es difícil que alguien me vea en ese estado…cuidado! Me dejo llevar por el pecado de la ira. Igual soy muy bromista e irónica y a veces no me sé explicar, digo una cosa cuando quería decir otra y muchos me malentienden.
29. Odio la indiferencia de las personas. Me sienta pésimo cuando abusan o traicionan de la amistad o amor o que no cumplan sus promesas y no me valoren, siempre he creído que esos sentires no sólo deben ofrecerse o recibirse sino ambos, pero me doy cuenta quien vale la pena…y quien tiene sesos en la cabeza. Es fastidioso que te traten pésimo como si uno les hubiera hecho mal, luego que después regresen como si nada y otro día...no vuelves a existir para ellos!...cómo le hacen para olvidar tan fácil los momentos lindos? no entiendo, señores...a menos que en verdad sepan mentir tan bien .
30. No me gustan los prejuicios, ni la egolatría, ni la soberbia. Lo peor que puede ocurrir es no ser fiel. Los excesos me fastidian. El orgullo y la autoestima son cosas muy distintas.
31. Lo primero que me fijo en un chico es su espontaneidad y carisma, así como el amor y orgullo que le inculca a sus actos. También en la expresión de sus ojos, sus labios y su voz. Mi amor, los tienes preciosos n////////n
32. Nunca me ha importado la edad o físico para entablar una relación amistosa o amorosa con alguien. Para mi es relativo, el físico se acaba, la edad no es limitante para compartir, crecer y experimentar sentires.
33. Debo confesar que no sé andar en bicicleta ni patines lol es mi mayor trauma.
34. Me siento identificada con la naturaleza. Amo el verde de un bosque, los sonidos de la selva, el oro de los desiertos y el crepitar de las olas. El cielo me apasiona, amo la luna y las estrellas. Me maravilla la creación.
35. De todos los animales me asombra la nobleza e inteligencia del delfín, la valentía de los perros, el misterio de los lobos, la elegancia de los caballos y la majestuosidad de los halcones.
36. A mi edad sufro dolencias peores que mi abuela >.>
37. Tengo ángel con los bebés y los animales. Creo que sería buena mamá o.o
38. Me trauma mucho la forma y tamaño de mis caderas al igual que mis ojos, unas grandes, otros pequeños.
39. Se me da mucho por practicar deportes extremos. Incluso quise llegar a jugar profesionalmente soccer, pero mis múltiples golpes en el cuerpo a causa de las artes marciales y kick boxing no me lo permitieron…aunque adoro la adrenalina de esas prácticas que no los dejo por nada, tanto que me ha dado por entrenar en disciplinas más fuertes sin importarme que me partan el cuello xD.
40. Me considero una chica sensual y coqueta, pero depende con quien este porque para mi es serlo con alguien especial y no con cualquiera. Me encanta el tono de mi voz para esto.
lunes, 22 de marzo de 2010
Carta a mi ex.
Vagando por la internet, me encontré con esta cartita, de un chico para su ex. A pesar de su sencillez me llamó la atención y bueh, quise compartirlo =)
"Hola, después de tanto tiempo que juré no volver a hablarte o escribirte aquí me encuentro, escribiéndote este mail y dándome cuenta que aún me tiembla el pulso al pensar en ti. Pero el motivo del mail no es el mismo que el de otros. No te escribo para decir que aún te amo ni para decir todo el rencor que te guardo, porque sinceramente ya no siento ninguna de esas dos cosas.
Quería expresarte lo que sentí al cruzarte en la calle hace un par de semanas. ¡Al mirarte a los ojos aquel instante me quedé helado! y solo se me cruzó por mi cabeza una palabra... ¡Gracias!
Gracias por haberme hecho esta persona que soy ahora. Por haberme hecho más segura, más inteligente, más sensible... Menos inocente. Gracias por haberme enseñado que los cuentos de amor de princesas y príncipes son solo eso, cuentos.
Me enseñaste que en la vida hay personas buenas, pero también personas malas que se disfrazan de buenas. Gracias por haberme enseñado que decir te amo, no son palabras sagradas, que son palabras que cualquiera puede decir, pero no todos podemos sentir.
Me enseñaste a que por más que yo le abra a alguien las puertas de mi casa, de mi familia, de mi corazón, de mi cama, de mi vida, no quiere decir que esa persona me las abra a mí también.
Gracias por haberme dicho mirándome a los ojos que me amabas, que nunca me engañaste, que yo era el hombre de tú vida con el que querías tener hijos... En fin, gracias por tantas mentiras. Aprendí a ya no enamorarme de palabras sino de hechos. Gracias por todas las veces que me culpaste por nuestra relación.
Ahora sé que yo hice todo lo que estaba a mi alcance por buscar lo mejor para todos y creo que lo logré. Mirando atrás, puedo decir que el año pasado me trajo más cosas malas que buenas pero también fue el año que más crecí. Me di cuenta de lo mucho que me desvalorizaba y lo mucho que me desvalorizaron... Y ya no soy aquel nene inocente que se creía todo lo que le decían.
Cuando te crucé en la calle al ver tus ojos ya no vi a aquella chica dulce de la que hace un año me enamoré... Dentro de tus ojos solo vi un gran vacío y me di cuenta de que estaba enamorado de una ilusión, de una mentira, de un cuento, de una máscara. Pero no te culpo por eso, al contrario, te agradezco porque la desilusión me genera más ganas de conocer a una persona verdadera que me devuelva todo lo que yo le doy, sin tantas palabras y con más hechos.
Creo que ya te dije todo lo que senti realmente necesitaba desahogarme, espero no haber sido mucha molestia. Finalmente gracias por haber sido el mayor error y la mejor lección. Tantas lágrimas no fueron en vano.
Ivan.
"Hola, después de tanto tiempo que juré no volver a hablarte o escribirte aquí me encuentro, escribiéndote este mail y dándome cuenta que aún me tiembla el pulso al pensar en ti. Pero el motivo del mail no es el mismo que el de otros. No te escribo para decir que aún te amo ni para decir todo el rencor que te guardo, porque sinceramente ya no siento ninguna de esas dos cosas.
Quería expresarte lo que sentí al cruzarte en la calle hace un par de semanas. ¡Al mirarte a los ojos aquel instante me quedé helado! y solo se me cruzó por mi cabeza una palabra... ¡Gracias!
Gracias por haberme hecho esta persona que soy ahora. Por haberme hecho más segura, más inteligente, más sensible... Menos inocente. Gracias por haberme enseñado que los cuentos de amor de princesas y príncipes son solo eso, cuentos.
Me enseñaste que en la vida hay personas buenas, pero también personas malas que se disfrazan de buenas. Gracias por haberme enseñado que decir te amo, no son palabras sagradas, que son palabras que cualquiera puede decir, pero no todos podemos sentir.
Me enseñaste a que por más que yo le abra a alguien las puertas de mi casa, de mi familia, de mi corazón, de mi cama, de mi vida, no quiere decir que esa persona me las abra a mí también.
Gracias por haberme dicho mirándome a los ojos que me amabas, que nunca me engañaste, que yo era el hombre de tú vida con el que querías tener hijos... En fin, gracias por tantas mentiras. Aprendí a ya no enamorarme de palabras sino de hechos. Gracias por todas las veces que me culpaste por nuestra relación.
Ahora sé que yo hice todo lo que estaba a mi alcance por buscar lo mejor para todos y creo que lo logré. Mirando atrás, puedo decir que el año pasado me trajo más cosas malas que buenas pero también fue el año que más crecí. Me di cuenta de lo mucho que me desvalorizaba y lo mucho que me desvalorizaron... Y ya no soy aquel nene inocente que se creía todo lo que le decían.
Cuando te crucé en la calle al ver tus ojos ya no vi a aquella chica dulce de la que hace un año me enamoré... Dentro de tus ojos solo vi un gran vacío y me di cuenta de que estaba enamorado de una ilusión, de una mentira, de un cuento, de una máscara. Pero no te culpo por eso, al contrario, te agradezco porque la desilusión me genera más ganas de conocer a una persona verdadera que me devuelva todo lo que yo le doy, sin tantas palabras y con más hechos.
Creo que ya te dije todo lo que senti realmente necesitaba desahogarme, espero no haber sido mucha molestia. Finalmente gracias por haber sido el mayor error y la mejor lección. Tantas lágrimas no fueron en vano.
Ivan.
viernes, 15 de enero de 2010
Transmitiendo desde el aeropuerto Viru Viru de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
Toda desvelada y sin poder dormir (niños lol)desde que salí de la Ciudad de México y haber comido pescado blanco y natilla *gumi gumi* y hablar horas y horas, me hallo en el aeropuerto de Viru Viru en la linda ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, después de hacer una breve parada de 20 minutos en Panamá.
Es la segunda vez que ando aquí como escala para tomar el avión directo a Rio de Janeiro, Brasil =D.
Desde el avión, Santa Cruz de la Sierra se ve totalmente verde, grandes hectáreas de pastizales rica en vegetación y ganado. Es un sitio muy húmedo y claro que hace mucho calor, es sencillo pero nuestro sentido de la vista se ha deleitado por la belleza del lugar. Al bajarnos del avión y poner pie en la pista de asfalto sentímos ese golpe de la alta temperatura pero lo suficiente para resistir. Lo curioso de esto fue que al caminar rumbo al edificio central nos guíaban soldados con armas de alto poder xD jo, hasta nos sentimos importantes.
Marcello: Nah, nos vieron con cara de narcotraficantes o terroristas :O
COn mis amigos hemos capturado unas imàgenes y hasta video de estos lugares. Espero subirlo pronto a mi facebook para que se deleiten un poco.
Marcello: Se supone que es viaje de trabajo, no de placer u_u
Cinthya: Chitón! <.<
Por mientras me saboreo una empanada aquí con mi marido Chelo, y veo como a Sophie se le cae el refresco y Cat ve las pequeñas tiendas de Viru Viru (a ver que me compra para mi cumple O=D) me echaré una dormidita. Ya cuando lleguemos a Rio les seguiré contando.
Marcello: Una dormidita? o.O...lesbiana!
Cinthya: Una siesta, mal pensando ¬¬u
See ya!
Es la segunda vez que ando aquí como escala para tomar el avión directo a Rio de Janeiro, Brasil =D.
Desde el avión, Santa Cruz de la Sierra se ve totalmente verde, grandes hectáreas de pastizales rica en vegetación y ganado. Es un sitio muy húmedo y claro que hace mucho calor, es sencillo pero nuestro sentido de la vista se ha deleitado por la belleza del lugar. Al bajarnos del avión y poner pie en la pista de asfalto sentímos ese golpe de la alta temperatura pero lo suficiente para resistir. Lo curioso de esto fue que al caminar rumbo al edificio central nos guíaban soldados con armas de alto poder xD jo, hasta nos sentimos importantes.
Marcello: Nah, nos vieron con cara de narcotraficantes o terroristas :O
COn mis amigos hemos capturado unas imàgenes y hasta video de estos lugares. Espero subirlo pronto a mi facebook para que se deleiten un poco.
Marcello: Se supone que es viaje de trabajo, no de placer u_u
Cinthya: Chitón! <.<
Por mientras me saboreo una empanada aquí con mi marido Chelo, y veo como a Sophie se le cae el refresco y Cat ve las pequeñas tiendas de Viru Viru (a ver que me compra para mi cumple O=D) me echaré una dormidita. Ya cuando lleguemos a Rio les seguiré contando.
Marcello: Una dormidita? o.O...lesbiana!
Cinthya: Una siesta, mal pensando ¬¬u
See ya!
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Volviendo!
Después de tanto tiempo me doy a la tarea de regresar a estos lares con nuenos ánimos, pero antes que nada debo anunciar que pronto comenzaré a subir de nuevo el manga de Tsubasa Reservoir Chronicle en español. Una disculpa muy grande si dejé de hacerlo pero es que pasaron tantas cosas nñu ya contaré en entradas posteriores.
Bueno igual anuncio que cerré mi fotolog y he abierto una cuenta en facebook, quien desee curiosear nomás me avisan, eh? x3
Por el momento me encuentro de ociosa en mi casa y no entraré a la uni hasta octubre y de trabajo ni se diga pero bueno aprovecharé para actualizar muchas cosas. Ahora por ejemplo ando en una élite para jugar Wii vía online, sigo con Crónicas de Mimir y haciendo unas peques traducciones para otros mangas y si los dioses quieren espero pronto actualizar mi deviantart y mi cuadernillo de historias.
Como sea ya volví y no tardaré, please paciencia jeje. Por lo pronto, ciao!
Bueno igual anuncio que cerré mi fotolog y he abierto una cuenta en facebook, quien desee curiosear nomás me avisan, eh? x3
Por el momento me encuentro de ociosa en mi casa y no entraré a la uni hasta octubre y de trabajo ni se diga pero bueno aprovecharé para actualizar muchas cosas. Ahora por ejemplo ando en una élite para jugar Wii vía online, sigo con Crónicas de Mimir y haciendo unas peques traducciones para otros mangas y si los dioses quieren espero pronto actualizar mi deviantart y mi cuadernillo de historias.
Como sea ya volví y no tardaré, please paciencia jeje. Por lo pronto, ciao!
miércoles, 2 de abril de 2008
Revolution
Últimamente mi vida ha pasado por una gran revolución. Mis aciertos y errores me están cobrando factura en estos momentos y de una manera muy cara, de un alto precio. Creí poder enfrentarlo sola y me doy cuenta que en parte no me he equivocado peor por otra sí.
He comenzado a ir con un psiquiatra porque perdí el control de mi vida hace ya muchos pero mucho meses y aunque he yendo saliendo poco a poco por mi misma como he dicho me dí cuenta que hay muchos traumas que no he podido superar a la fecha y me averguenzo de ello porque no resulté ser tan fuerte como esperaba. Sí, sé que es lo mejor para mí, debería seguir el patrón que yo recomiendo a mis pacientes, pero siendo así yo no puedo tratarme a mi misma.
Sin darme cuenta fui cerrandome de nuevo en mi bola de cristal, y francamente sigo encerrada en ese ostra. Me dicen perla rara y no me ofende, pero tiene razón que ando aún encarcelada, cosas muy dentro de mí han quedado o bien muertas o dormidas, en un sueño muy profundo que ignoro cuando despierte.
Por el momento no tengo ganas de hacerlo. Si quiero pero no puedo. Ya debo de dejarme de niñerías.
Hay alguien quien me ha estado dominando por completo, puede que suene estúpido, absurdo, loco. Pero ese alguien es como un alter ego propio. Le he puesto el nombre de Galatea y me ha dominado. Es fría, directa, no tiene mucha piedad que digamos, toma las cosas muy secamente y sobretodo, no deja que nadie entre porque tiene la idea que si lo hace la van a dañar o peor aún: que le pidan algo que no puede hacer, algo que hizo pero que no volverá a hacer por nadie.
Cris, ya fuiste víctima de Galatea u.u gomen. Pero creo que es verdad lo que te dijo: El corazón ya se le pudrió y no haría ya nada de lo que hizo antes. Quiere que lo hagan por ella, ya no tiene alas porque las olvidó por ahí o se las cortó asi misma. Ella sabe que todo ella es piedra y mármol. Como su leyenda.
Ignoro si una estatua como ella pueda convertirse en alguien dulce, carismático, paciente, con humor transparente. Ojalá y espero, esa Galatea se desvanezca porque ya me cayó mal vivir con ella. Es insoportable n.ñu No la odio, pero no quiero estar con ella, y rezó por ello.
Y Bueno. Mientras Zel debe luchar mucho, distraerse, dormir como nunca, pensar, escribir, escuchar, cantar, mientras Galatea duerme.
Zel aprovecha ahora a leer el cap de Tsubasa y Holic. Ya lo he puesto en pikaflash y en mi flog. En fin. Veremos que pasa.
Ya llegó abril y yo siento que ya se me está acabando el año. Ojalá este calor infernal haga que el marmól de Galatea se derrita.
Ojalá.
He comenzado a ir con un psiquiatra porque perdí el control de mi vida hace ya muchos pero mucho meses y aunque he yendo saliendo poco a poco por mi misma como he dicho me dí cuenta que hay muchos traumas que no he podido superar a la fecha y me averguenzo de ello porque no resulté ser tan fuerte como esperaba. Sí, sé que es lo mejor para mí, debería seguir el patrón que yo recomiendo a mis pacientes, pero siendo así yo no puedo tratarme a mi misma.
Sin darme cuenta fui cerrandome de nuevo en mi bola de cristal, y francamente sigo encerrada en ese ostra. Me dicen perla rara y no me ofende, pero tiene razón que ando aún encarcelada, cosas muy dentro de mí han quedado o bien muertas o dormidas, en un sueño muy profundo que ignoro cuando despierte.
Por el momento no tengo ganas de hacerlo. Si quiero pero no puedo. Ya debo de dejarme de niñerías.
Hay alguien quien me ha estado dominando por completo, puede que suene estúpido, absurdo, loco. Pero ese alguien es como un alter ego propio. Le he puesto el nombre de Galatea y me ha dominado. Es fría, directa, no tiene mucha piedad que digamos, toma las cosas muy secamente y sobretodo, no deja que nadie entre porque tiene la idea que si lo hace la van a dañar o peor aún: que le pidan algo que no puede hacer, algo que hizo pero que no volverá a hacer por nadie.
Cris, ya fuiste víctima de Galatea u.u gomen. Pero creo que es verdad lo que te dijo: El corazón ya se le pudrió y no haría ya nada de lo que hizo antes. Quiere que lo hagan por ella, ya no tiene alas porque las olvidó por ahí o se las cortó asi misma. Ella sabe que todo ella es piedra y mármol. Como su leyenda.
Ignoro si una estatua como ella pueda convertirse en alguien dulce, carismático, paciente, con humor transparente. Ojalá y espero, esa Galatea se desvanezca porque ya me cayó mal vivir con ella. Es insoportable n.ñu No la odio, pero no quiero estar con ella, y rezó por ello.
Y Bueno. Mientras Zel debe luchar mucho, distraerse, dormir como nunca, pensar, escribir, escuchar, cantar, mientras Galatea duerme.
Zel aprovecha ahora a leer el cap de Tsubasa y Holic. Ya lo he puesto en pikaflash y en mi flog. En fin. Veremos que pasa.
Ya llegó abril y yo siento que ya se me está acabando el año. Ojalá este calor infernal haga que el marmól de Galatea se derrita.
Ojalá.
martes, 4 de marzo de 2008
Los Destellos y Rosalina

Capítulo 1 “Dos Almas”
Nuestra historia comienza hace mucho, mucho tiempo.
Un día, una muchacha encontró una nave estelar, En ella vivía Destello, un ser diminuto.
La muchacha preguntó a la pequeña estrella:
-¿Cómo te llamas? ¿Estás perdido?
-Soy Destello, y estoy esperando a mi mamá. ¡Vendrá por mí en un cometa!
Destello llevaba ya esperando largos días y largas noches.
La muchacha hizo una promesa a Destello:
-No te preocupes. Esperaré contigo.
Cuando cayó la noche, la muchacha tomó prestado el telescopio de su padre y observó el cielo. Por desgracia, por mucho que mirara el firmamento, el cometa que buscaban no aparecía. Pasaron los días, las semanas, y los años, pero seguía sin aparecer.
Al final, la muchacha le dijo a Destello entre suspiro y suspiro:
-Acabaré cumpliendo más de cien años si nos quedamos aquí esperando.
Entonces tuvo una idea.
-¡Vamos a buscar a tu mamá nosotros mismos!
La muchacha y Destello arreglaron la oxidada nave estelar y pusieron rumbo al cielo estrellado. Y así fue como comenzó la búsqueda de la madre de Destello.
Capítulo 2. “Trozos de Estrellas”
Los días pasaban sin rastro del cometa, ni de un solo planeta. En su lugar, solo se podían ver asteroides tan lejos como alcanzaba la vista.
- Si hubiera sabido que nos íbamos a tardar tanto tiempo, habría traído más mermelada.- Dijo la muchacha al sentirse hambrienta.
Antes de marchar, había preparado todo lo imprescindible: pan, leche, mermelada, un telescopio, un conejito de peluche, una res para mariposas y té con sabor a albaricoque, pero…
-¡Olvidé traer agua!
Al oír esto, Destello rompió a reír, y la muchacha comenzó a hacer pucheros.
-Estaré bien mientras tenga Trozos de Estrellas.- Dijo Destello - ¿Porqué no los pruebas?
La muchacha no pudo seguir enojada después de escuchar esto. Destello continuó riendo y la muchacha no pudo evitar reír también.
-De acuerdo, supongo que puedo probar un poco.
Con la red para mariposas de la muchacha, los dos se asomaron desde la nave y comenzaron a recoger Trozos de Estrellas. Estuvieron a punto de caer varias veces, pero continuaron.
Los Trozos de Estrellas sabían como la miel.
Capítulo 3 “El Cometa”
Un rayo de luz atravesó la ventana de la nave. Creyendo que era el sol de la mañana, la muchacha miro por la ventana y vio un brillante cometa de color azul turquesa.
La muchacha despertó a Destello y gritó con emoción:
-¡Tenemos que llegar hasta ese cometa!
Ambos descendieron sobre el cometa y descubrieron que estaba hecho de hielo. Buscaron por todas partes, pero no encontraron a la madre de Destello. Agotada, la muchacha se sentó sobre el suelo algo desconcertada, incapaz de dar un paso más.
-¡Mira! ¡Mira!
Destello se fijó en el hielo de la superficie y descubrió varios Trozos de Estrellas.
-¿Qué te parece? ¡Encontrar Trozos de Estrellas es mi especialidad! – Destello estaba radiante – Aquí hay mucho hielo, pero también es muy cálido. Además, seguro que también encontramos agua. Es un paraíso.
Tras pensarlo, decidieron vivir allí durante un tiempo. Los dos continuaron buscando a la madre de Destello sobre el cometa color turquesa.
Capítulo 4. “El Sueño”
Una noche, la muchacha soñó con su madre.
-¿A dónde vas? – La muchacha preguntó mientras su madre estaba de espaldas.
Su madre habló sin voltearse:
-No voy a ninguna parte. Siempre estaré observándote. Por el día seré el sol, y por la noche seré la luna. Siempre estaré velando por ti.
De repente la muchacha entristeció.
-¿Qué ocurrirá los días de lluvia, cuando no pueda ver el sol ni la luna? –
Su madre permaneció pensativa un momento y contestó…
-Esos días, seré una estrella que espera por el fin de tus llantos sobre una nube.
Al despertar, la muchacha tenía los ojos bañados en lágrimas. Destello se acercó y le dijo:
-Tienes toda la cara llena de Trozos de Estrellas.-
-¡Son lágrimas, no Trozos de Estrellas! ¡Estoy llorando porque nunca volveré a ver a mi madre!
Al oír esto, Destello también comenzó a llorar.
-Mamá, mamá…-
Viajaron sobre el cometa a través del cielo estrellado, y aunque encontraron muchos otros cometas, la madre de Destello no estaba en ninguno de ellos. Destello estaba muy triste.
-Vamos, Destello. Las nubes de lluvia no se irán si sigues llorando.- Dijo la muchacha, abrazando a Destello. –Si dejas de llorar te daré un regalo…-
La muchacha cerró los ojos y dijo con una voz gentil:
-Yo cuidaré de ti.
Y en ese mismo instante, sintió encenderse una llama cálida en lo más hondo de su corazón.
Capítulo 5 “Hogar”
-Aquí irá la cocina, aquí pondremos la biblioteca. Aquí pondremos el cuarto de juegos.- La muchacha se dijo enérgicamente así misma.
Desde que la muchacha decidió cuidar de Destello, había estado muy ajetreada.
-Es mucho trabajo, pero vale la pena crear un hogar feliz.
Resultó que los Trozos de Estrellas no eran lo único enterrado en el hielo. Había herramientas y muebles que eran distintos de todo cuanto habían visto, y la muchacha los utilizó para construir una casa. Cuando terminaron, Destello dijo:
-¿No crees que es muy grande para nosotros dos?
Tenía una biblioteca, un dormitorio, una cocina, una fuente y hasta un cuarto de juegos. Era muy espaciosa, pero todavía faltaba algo.
-Ojalá mi padre, madre y hermano estuvieran aquí.- Dijo la muchacha con nostalgia.
Era cierto. La casa era demasiado grande para los dos pequeños residentes.
Aquella noche, abrazando su conejo de peluche hacia su corazón, la muchacha se durmió en la nave estelar.
Capítulo 6 “Amistad”
Entonces, un día que la muchacha estaba sentada bebiendo té, un pequeño planeta del color de un albaricoque apareció en el horizonte. Allí vivía un ser igual que su pequeño compañero. La muchacha dijo emocionada:
-¡Ustedes dos son iguales!
Pero ellos se quedaron callados y parecían un poco nerviosos. Los dos pequeños se observaban interminablemente sin acercarse ni alejarse.
-¡Es mi mamá! –
Al momento, el Destello de color albaricoque respondió con un eco:
-¡Mi mamá! ¡Mi mamá!
-¡Mi mamá! ¡Mi mamá!
Los dos Destellos bailaban frenéticamente alrededor de la muchacha, y ninguno de ellos se detenía. La muchacha estaba tan encantada con esta adorable escena que comenzó a reírse.
Y en ese momento ocurrió algo muy extraño.
De repente, más Destellos empezaron a saltar del planeta albaricoque. Eran Destellos azules, amarillos, y de todos los colores, pero todos ellos gritaban lo mismo.
-¡Mi mamá! ¡Mi mamá!
Al ver los Destellos gritando, la muchacha reía más y más.
-¡¿Qué voy a hacer con todos estos niños?!- Los Destellos la miraban, confusos, mientras ella reía aún más.- Bueno, supongo que comenzaré a cada uno de ustedes un nombre.
La muchacha decidió que, al día siguiente, se mudaría a vivir con todos los Destellos en la nueva casa.
Capítulo 7 “El Telescopio”
Después de ver el cometa número cien, la muchacha pensó de repente:
-Me pregunto si el planeta el que nací todavía tiene un brillo azul.
En ese momento recordó que tenía el telescopio de su padre. Observando con el telescopio vio un pequeño planeta azul. Era aún más pequeño que un Trozo de Estrella.
-Qué extraño. Está muy lejos, pero lo siento muy, muy cerca.
Giró el objetivo del telescopio y el planeta azul creció y creció hasta enfocar una colina.
Siempre había guardado con cariño el recuerdo de ese paisaje.
- Solía ir allí a ver estrellas cuando vivía en mi planeta natal.
Estaba viendo justo la colina de su infancia.
Recordó aquella colina en la que estuvo con su padre mirando las estrellas…
Recordó como bajaba en trineo por esa colina con su hermano…
Recordó aquella colina en la que almorzaba con su madre los días soleados…
Y…
-¡Quiero volver! ¡Quiero ir a mi casa ahora mismo!
La muchacha comenzó a llorar, y los Destellos estaban desconcertados. No sabían que podían hacer.
-¡Quiero volver! ¡Quiero ir a mi casa en la colina! ¡Quiero ver a mi madre!
Sus gritos no tenían fin.
-Pero sé que no está allí. ¡Mi madre no puede estar junto a las estrellas! Es imposible…imposible, porque mi madre… ¡Está durmiendo bajo el árbol de la colina!
Los lamentos de la muchacha hicieron eco en la galaxia, pero solamente obtuvo silencio.
Capítulo 8 “El Deseo”
Aunque la muchacha solía estar muy feliz, un día entristeció de nuevo.
Destello se acercó y trató de animarla.
-¡Mamá, me tienes a mí! Y no te preocupes por tu mamá. ¡Ella está dentro de ti!, y eso quiere decir que siempre la tienes cerca. A mi me pasa lo mismo. Me encantan los Trozos de Estrellas porque me recuerdan a mi mamá.
-No… ¡No! – La muchacha no podía dejar de sollozar.
Destello, tras poner una cara apenada, sonrió mucho:
-¡Tengo una idea! ¡Me convertiré en un cometa errante que les lleve a todas partes durante el viaje!
Nada más pronunciar estas palabras, Destello se vio envuelto en un resplandor. Aunque parecía que su vuelo iba hacía las alturas más infinitas, cayó en picada hacía el mismo cometa.
¡Ba-baaaam! ¡Za-baaaam!
El suelo comenzó a temblar, y una estela de luz brotó del agujero que se había formado. La estela de luz comenzó a dar vueltas como un torbellino frenético, y finalmente se hizo un todo hasta formar la cola de un cometa.
El Destello renació en forma de cometa.
La muchacha no podía comprender lo que ocurría. No cesaba de preguntarse qué estaba pasando.
-¿Por qué? ¿Cómo?
Entonces un Destello Rojo dijo:
-Nuestro destino como Destellos es transformarnos en estrellas, cometas, planetas… ¡Podemos convertirnos en todas esas cosas!
Un Destello verde dijo:
-Cuando crezca, quiero convertirme en una estrella que traiga la sonrisa a un ser querido.
Por último, un Destello azul dijo:
- Se transformó en un cometa muy bonito ¿verdad?
Todos los Destellos gritaron a la vez:
-¡No llores más, mamá!
La muchacha dijo con un susurro:
- Gracias -
Y seguidamente, abrazó a los Destellos.
Desde aquél día, los Trozos de Estrellas dejaron de brotar de los ojos de la muchacha.
El cometa, con gran dignidad y belleza, extendió su estela que surcando el cosmos rumbo al hogar de la muchacha.
Epílogo “Familia”
Destellos mil. Telescopios mil. El cometa era tan bonito que la muchacha y los Destellos lo convirtieron en su hogar.
En la fiesta de bienvenida para un nuevo Destello, la muchacha reunió a todos los Destellos en la cocina y dijo…
-¡Hagamos un pastel y rociémoslo con Trozos de Estrellas! ¡Así será un pastel de estrellas!
Los Destellos, emocionados, comenzaron a reunir los ingredientes. Al ver a los Destellos correr de un lado para otro, la muchacha pensó:
-Ahora, esta es mi familia, y estaré con ellos hasta que estén listos para dejar el nido. Y cuando se marchen, los despediré con una sonrisa. Porque ese es el mayor motivo de felicidad para una madre.
Aquella noche, cuando la muchacha se acostó, una suave luz la envolvió y le hizo recordar su planeta azul.
-Pero sería estupendo volver a casa una vez cada cien años y dormir en mi rincón favorito.
El cometa que lleva a los Lumas y a la muchacha continúa su viaje por toda la galaxia.
Hoy en día, ya lleva sobre él innumerables compañeros que ya son familia y una vez cada cien años, vuelve al planeta natal de la muchacha. Su estela es tan resplandeciente como siempre.
FIN
miércoles, 27 de febrero de 2008
martes, 15 de enero de 2008
Feelings
Las luces de la ciudad de Tomoeda decaían en su potencia. Poco a poco, los faroles dejaron de reflejar el naranja color del atardecer, de un verano poco soportable, para dar paso a un triste color azulino claro, que alumbraría a partir de ese momento las calles hasta la llegada del amanecer.
Noche tranquila, cielo lleno de estrellas.
Noche inquieta y llena de preguntas.
Ansiedad que no pudo ser satisfecha florece en su pecho. Suspiros escapan de sus labios y sus ojos se pierden en la infinidad de la oscuridad. Verdes cristales reflejan la tristeza, la fuerza de voluntad y la espera paciente al primer destello de una estrella. Todo aquello que pudiese mostrar una pequeña jovencita de quince años de edad cuya vida aún no había sido recorrida en su plenitud pero que guardaba en su pequeño corazón de niña el deseo más ferviente, el regreso del ser querido y verdadero amor.
-Sakura…- se oyó decir a una voz diminuta y fina.- ¿No puedes dormir? – preguntó preocupada.
Un pequeño gemido lamentoso fue lo único que se escuchó como respuesta.
-Sakura.- dijo con tono más preocupado.
La muchacha estaba sentada frente a la ventana y se recostada en el barandal de esta. Miraba como el cielo cambiaba sus tonos entre rojizos y anaranjados con total lentitud. En las tardes de verano, cuando no tenía nada pendiente, le gustaba sentarse allí y pensar. Hacía que el tiempo fuese algo trivial mientras estuviera posada allí.
El pequeño animal de pelaje dorado voló hasta posarse frente a su ama: la dueña de las cartas mágicas y poseedora del báculo de la estrella, Kinomoto Sakura.
-Sakura…-volvió a llamar con angustia más pronunciada.
La jovencita de cabellos cortos de ligero color marrón volvió su vista hasta posarla con los pequeños ojos negros de aquella criatura más parecida a un peluche.
-Kero-chan…-respondió en voz vaga casi ausente.
El nombrado acerco una patita a la frente de su dueña, golpeándola suavemente.- Estoy muy preocupado por ti.- la carita expresaba lo que las palabras trataban de explicar.
Kinomoto quedó observando a su compañero, sus ojos brillaron como recobrando su vitalidad.
-Per…perdóname Kero-chan.- soltó con sinceridad, acariciando la cabeza de su guardián.- No fue mi intención preocuparte.- continuó esbozando una linda sonrisa. Aquel gesto cumplió su cometido y el animalito correspondió con otra sonrisa, una calmada.- Sólo me quedé pensando…
-Pero, haz estado así desde que iniciaste el primer semestre de la escuela media…, Tomoyo está muy angustiada por ti…incluso Yue…-habló Kerberos sin apartar la mirada de los ojos jade de la dueña de las cartas.- ¿Ha pasado alguna cosa? O… ¿Hay algo que pueda hacer por ti? – preguntó con mucho interés y con ver decidido.
Las esferas verdes por ojos de Sakura se entrecerraron enternecidas.- Muchas gracias, Kero-chan. Pero no me pasa nada en realidad…sólo que…
-Tú sabes que siempre puedes contar conmigo, ¿cierto Sakura?. Somos amigos.-
Ella abrió sus brazos y, con sumo cuidado, abrazó al animalito. Sus mejillas sonrosadas chocaban con la pequeña cabeza de su guardián en miniatura. Una disimulada lágrima rodó por la mejilla opuesta, oculta a los ojos de Kerberos.
-Te lo agradezco, siempre estaré muy agradecida de tenerte a ti como mi buen amigo, Kero-chan.
El “gran” guardián y protector de la dueña y señora de la baraja de la “Estrella”, relajó sus músculos y sonrió, disipando las dudas que por un momento embargaron su corazón.
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Los primeros rayos de una cálida mañana se infiltraron por la ventana de la habitación de una niña de primaria. El reloj despertador aún no había anunciado la hora, prevista una noche antes, para levantarse. Permitiéndole a esa persona, dormir hasta que llegase el momento de despertar. Ni siquiera la luz que caía de frente al rostro femenino, inquietaban el sueño de la doncella.
Pocos minutos pasaron hasta que sonase la alarma.
Ella elevó con delicadeza un párpado, el rayo de luz cayó directamente a los irises esmeraldas. “Lastimada”, se tapó con las ligeras sábanas hasta tope de su cabeza. No quería levantarse y dar cara a una calurosa mañana. El despertador esférico y de color rosa, seguía en su labor, sin que nadie lo apagase. Cuando el sonido se hizo insoportable, una delicada mano topó la superficie de este, cesando el ruido.
Con pesadez, descubrió las sábanas y su vista, aún cerrada, se negaba a enfrentar un nuevo día. A su corta edad, esta niña había sufrido incontables emociones, las cuales habían servido para el crecimiento y fortalecimiento de su carácter. Amable, cariñosa, sincera y muy valiente; eran las cualidades que daban nombre al título de Cazadora de cartas. Sin embargo, lo de “cazadora” sería un término en pasado. Ahora, con quince años de edad, era la dueña absoluta de unas cartas que habían cambiado para siempre su vida.
Les debía tanto a esas entidades y no pasaba un solo día sin que agradeciese a los cielos el poder contar con ellas.
Se sentó y estiró los músculos que habían estado en reposo durante el sueño. Había sido una agradable noche y le costaba el tener que despertar. Una sonrisa, con los ojos aún cerrados, adornó el rostro infantil.
-Hoy…daré lo mejor de mí.- susurró suavemente para ella sola soltando una risita al final.
Un cajón de su escritorio se abrió lentamente y de su interior, una criatura de aspecto gracioso emergió con igual pesadez que la niña en la cama. Voló con torpeza hasta la cabecera del sitio en donde dormía su ama. Sakura al notar la presencia de su guardián, le saludó:
-Buenos días, Kero.- soltó en tono sutil sabiendo que el nombrado aún no despertaba del todo.
-Buenos días…-respondió el animalito con cansancio.- El despertador sonó más de lo debido ¿no, Sakura? – añadió despejando un poco más su mente.
-Sí.- contestó la chica de cabellos cortos y marrones.- Perdóname si te desperté muy temprano Kero-chan.- habló con sinceridad la jovencita.
-No te preocupes.- el animal parecido a un peluche de pelaje dorado siguió.- ¿Pero, porqué lo pusiste muy temprano…? Que yo recuerde ni cuando te toca servicio lo colocas a esta hora.
-Es que hoy he decidido que me esforzaré mucho más.- en su tono se notaba el entusiasmo.- Ya no saldré más apurada a la escuela y no me atrasaré con los deberes.- su sonrisa era de confianza y compromiso.
Kerberos alabó su empeño pero…
-Algunos hábitos son difíciles de cambiar, Sakura. Poco a poco se logra mejores resultados, ¿sabes?
-Sí – sin molestarse a la falta de confianza, ella respondió.- Pero, igual lo intentaré.- terminó con el rostro iluminado ante su irrevocable decisión.
El guardián de dorados ojos asintió convencido.
Ella era Sakura después de todo. Además, tenía un poderoso conjuro de su parte.
Se levantó y animosa, se vistió con el uniforme de verano para poder ir a su escuela. Su cabello había mantenido el corte habitual sólo estaba un poco más largo, pero no lo suficiente como para que rozase con su nuca. Sus coletas de esferas habían sido reemplazas con unos ganchos de colores y sus mechones de cabellos seguían intactos, adornado el perfil de su rostro.
Su rostro…
Había cambiado un poco. Aún conservaba el encanto de la inocencia pero un leve velo de mujer cubría el mismo. Sus facciones se habían vuelto más finas, sus pestañas más largas y sus labios un poco más gruesos. La adolescencia daba sus primeros pasos y la transformaban en una bella jovencita.
Porque hermosa, su alma siempre fue.
Peinó y arregló su cabello, alisó con sus manos los pliegues de una corta falda blanca y acomodó con cuidado la corbata que desde la blusa, caía hasta mitad de su pecho. Estaba lista. Antes de salir del cuarto, cogió su maleta de forro de cuero negro y el saco característico de su colegio. A pesar de ser verano, era un reglamento de la escuela el llevarlo. Se despidió de Kero desde el marco de la puerta y salió sin oír el recado de los dulces de la tienda nueva que anunciaban por televisión que tanto deseaba que Sakura se los comprase.
Sería para otra vez.
Bajó las escaleras de su casa sin hacer bulla. La hora que marcaba el reloj de la cocina era cinco minutos para que sean las siete de la mañana. Su hermano, estaría durmiendo aún; y su padre estaría también descansando. Porque si mal no lo recordaba, él había estado despierto hasta altas horas de la noche por asuntos de la universidad. Sí, su padre aún trabajaba en aquel lugar, pero ahora le habían ascendido de cargo y era decano de la facultad de Arqueología. Un gran logro, el cual festejaron ni bien se enteraron de ello.
Su hermano había conseguido una beca en deportes y estudiaba en la universidad, alternando deberes y trabajos de medio tiempo. Sakura también quiso conseguir un pequeño empleo pero, tanto su padre como su hermano se negaron; y ella acabó, para beneficio y seguridad de todos, con los quehaceres completos de la casa. Así, ayudaba más de lo que ella pensaba.
Caminó hasta la cocina, posó su maleta en la mesa y decidió preparar un rápido desayuno. Las manecillas señalaban las siete y cuarto cuando terminó de colocar la mesa para ella y su familia. Esos eran sus labores diarios: preparar las comidas del día, ocuparse de la limpieza y el lavado de la ropa; y una que otra tarea más. Pero, la mayoría de las veces, la casa estaba vacía y no había mucho por hacer. Así que la pasaba en su cuarto repasando su brujería.
Kero la había mantenido ocupada en sus ratos libres repasando hechizos para el uso veloz de las cartas sin la necesidad de recitar un conjuro previo a su uso. Así, la de ojos verdes había podido dominar tan sólo con el pensamiento la capacidad de usarlas sin siquiera nombrarlas. Como Clow solía hacerlo en vida…
Pero, no sólo el mejorar los talentos de la dueña de las cartas de la “Estrella” había sido el objetivo de la criatura mágica y guardiana. El principal y, quizá, el verdadero motivo para mantenerla distraída era el que ella no se pusiese a pensar en aquel muchacho que viajó a China años atrás. Preocupado, Cerberos se encargó en la labor de dedicar su tiempo a que ella no pensase en el descendiente de Clow.
Todo por amor a su amiga.
Cuando la mesa estuvo puesta, no pasaron muchos minutos hasta que su hermano, la altiva apariencia masculina, llegase al mismo lugar que estaba ella. Sonrió con malicia y una expresión de desconfianza se mostró en su faz. Si bien, ya no la trataba de monstruo, aún no le daba los créditos suficientes para tratarla de otra manera.
-Buenos días, hermano.-saludó ella desde el otro extremo de la cocina.
La jovencita de vivaces ojos vedes, al notar que su pariente estaba expectante observando la mesa, le comentó:
-No se come por los ojos.
-Si se pudiese…me dejarías ciego.- contestó, sentándose a la mesa y cogiendo un bocado de lo servido.
La menor de los Kinomoto observó con falso desprecio a su hermano, pero luego su semblante cambió al verlo comer sin más quejas. Todos los días era lo mismo, no se cansaría hasta recibir un buen comentario de Touya alabando su comida. Aunque fuese una labor difícil, ella lo conseguiría. Así sería.
Después de todo, si quería ser en el futuro una buena esposa…lo menos que podía hacer, era congraciar a su esposo con deliciosas comidas…A su esposo…verlo feliz, al lado de ella.
Una mueca triste y un ligero sonrojo fue lo que mostró la niña de moños durante el resto del desayuno. Touya, el joven de cabellos oscuros, miró y analizó la faz de su hermana y el cambio de su actitud, llegó a la misma conclusión de siempre: ese mocoso.
No le había preguntado el porqué de estar levantada más temprano. Sabía que no tenía práctica de porristas ni que tenía que ir por servicio al salón de clases. Pero aún así, no interrogó. Entendía que de alguna manera, la persona que tenía frente suyo, estaba reclamando autonomía y él respetaba eso. No quería que ella cambiase radicalmente. Tenía en mente por siempre tener a su hermanita pequeña, la inocente y dulce Sakura. Se había acostumbrado a la idea pero, entendía que el “por siempre”, era sólo un engaño.
Ella crecería y buscaría por sus propias medidas la capacidad de “volar”. Sin la necesidad de contar con manos que la elevasen al cielo…le costaba y dolía ver que ella muy pronto no lo necesitaría.
No poseía más el talento mágico, se lo había otorgado a la criatura parecida a un ángel llamada Yue para que cumpliese su labor. Pero aún así, sentía que no había hecho todo lo que en sus manos estuviese para lograr apoyarla y auxiliarla. Percibía que se había quedado estancado en su tarea de ser su hermano protector…Aún sin poseer poderes sobrenaturales, había podido evitar el gran sufrimiento que causó ese mocoso al partir. No pudo proteger aquel corazón que lloró de tristeza noche tras noche, y que las palabras dulces no podían apaciguar. Lo único que hizo fue observar y maldecir a aquel que se fue dejando un corazón roto.
Mordió su labio inferior, un leve quejido escapó de la boca del joven universitario.
-Hermano, ¿estás bien? – preocupada, la niña de ojos esmeraldas, elevó su vista hasta los cafés de su pariente.
Este evitó la mirada.- No pasa nada.- y continuó comiendo.
-Hermano…-enfatizando la palabra.
Del rabillo del ojo- Que pasa – habló de mala gana, sin intención de seguir la conversación, el muchacho trigueño.- Come rápido sino se te hará tarde y por puro gusto te habrás levantado temprano.
Haciendo un puchero silente, ella se levantó de la mesa y llevó sus platos al fregadero.
-¿Tienes clases temprano en la universidad hoy, hermano? – pregunto interesada la joven. Olvidándose de la antipatía que sintió momentos antes.
-No.- tomando un sorbo de café.- Mis cursos empiezan luego del medio día.- terminó.
-Entonces, ¿por qué te haz levantado a esta hora…?
Sin responder, Touya Kinomoto se levantó de su lugar, dándole la espalda a su hermana. No sin antes, detenerse en la puerta y murmurar con suave voz:
-Que te vaya bien en la escuela, “Sakura”.
Y ella sonrió.
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Yendo por el camino habitual con dirección a la escuela pre-secundaria, la dueña de las cartas que poseían su nombre, cruzó con velocidad el gran parque céntrico de la ciudad de Tomoeda. Aún conservaba los patines que tanto había usado en su niñez cuando le tocaba la tarea de lidiar con alguna carta rebelde. Guardaba agradables recuerdos con ellos.
También, seguía siendo buena en los deportes y, las matemáticas continuaban siendo su materia menos agradable. En lo que se refería a pequeñas cosas, todo era igual que cuando era pequeña. Su esencia no había sido alterada.
Llegó al portón principal de la gran escuela, se encontraba abierto pero sin alumnos que entraran por el gran umbral que dividía las calles del interior de la institución. Pasó y se dirigió con paciencia hacia el salón de clases.
Fue la primera en llegar.
Abrió las ventanas, dejando que el aire fresco recorriese los rincones de cada esquina en la que el oxígeno no hubiese podido llegar. Borró las escrituras de las pizarras y modificó la fecha correspondiente. Luego, limpió los borradores y los colocó en el pupitre correspondiente al tutor. Con sonrisa en el rostro, regresó a su asiento.
Siempre había tenido la buena fortuna de que su lugar en el aula estuviese al lado de una ventana. Es como si le permitiesen la oportunidad de distraerse de lo tediosas que podían ser las clases y, mirando al exterior, podía dejar que su imaginación jugase con los pétalos de cerezo que en primavera florecían. Y, no sólo eso. Imaginaba que podía llegar a muy lejos…usando sus propias alas, volaría hasta China…encontraría la esencia añorada por tantos años y se dirigiría ahí sin pensarlo dos veces.
Ansiaba el poder verlo. Más alto que ella, más varonil y más caballero. Pero, igual de tierno y de amable; de valiente y… de tantas cosas más con las cuales poder soñar acerca de él. De su amado, Li Syaoran.
Suspiró. La nostalgia invadiendo su corazón y la imagen de él gobernaba su cerebro. Le extrañaba demasiado…no importaba cuantos fuesen los intentos de Kero-chan, de su hermano, o los quehaceres de la casa; siempre había un segundo en que su mente podía divagase en recuerdos. Pero, no podía dejarse abatir por ello. Debía mostrarse firme, para que así la buena voluntad de los otros no fuese en vano.
No quería preocupar más a nadie. Seguramente, si aquel muchacho la viese en ese estado, también estaría inquieto por saber lo que le pasa. Sonrió. Él es una persona muy tímida y sería casi imposible que se acercase directamente a interrogarla sobre sus sentimientos.
Un sonrojo cubrió el rostro de la niña casi mujer. Bellos ojos jades brillaban vivaces y a punto de desbordar penas. Una curvatura triste era lo que los labios dibujaban en aquel hermoso rostro. La mirada perdida en aquella ventana, divisando en el portón, la llegada de los alumnos del instituto Tomoeda.
Limpió su rostro con el reverso de su mano y dio unas suaves palmadas a sus mejillas, dándole una tonalidad rosa natural.
-No puedo ponerme triste.- se dijo, animándose.- Daré lo mejor, ahora y siempre.- continuó, llenando su espíritu de confianza y entrega.- Por mi familia, por Kero-chan, por Tomoyo-chan, por…. Syaoran-kun y…por mí.
El salón fue llenándose poco a poco. Afables estudiantes se saludaban los unos a los otros mientras que jovencitas reían en los pasillos comentando lo que habían hecho el día anterior.
Alrededor de la carpeta de la joven de cabellos cortos y marrones, había un grupo de jovencitas que reían sutilmente. Una de ellas, llevaba gafas y poseía un cabello largo y liso; su nombre Naoko Yanagisawa. A su lado, una joven conversaba con la susodicha de forma entusiasta, ella era Chiharu Mihada, que también era la novia del estudiante de mayor “ingenio” de la escuela, Takashi Yamazaki. Una joven de delicadas facciones sonreía a lo comentado por la otra muchacha. De cabellos oscuros y ondeados, Rika Sasaki a medida que se involucraba en la conversación, no dejaba de acariciar aquel anillo que posaba en su dedo anular izquierdo.
Estar rodeada de aquellas personas la hacía feliz. El poder conversar con ellas la motivaba a seguir sonriendo.
Una voz débil pero armoniosa interrumpió la conversación.
-Buenos días.- saludó la recién llegada.
Tomoyo Daidouji se presentaba ante ellas con escasos minutos de retraso. Se disculpó diciendo que habían llamado de la oficina de su madre y requerían sus servicios como modelo para un nuevo lanzamiento de muñecas que su madre estaba promocionando. Aparte de una prominente cantante, a su corta edad había sido la imagen para numerosas marcas de ropa y era la modelo adolescente más cotizada.
Aquello no le llamaba mucho la atención pero era de suma importancia para su madre. Así que la complacía. Además, al involucrarse en aquel mundo, aprendía con devoción lo necesario para que su sueño de confeccionar vestuarios se hiciese realidad. Su ideal incluía a su mejor amiga, Sakura Kinomoto, como la principal modelo.
-Buenos días, Tomoyo-chan.- respondió al momento la de cabellos cortos marrones.
-¿Qué tal, Sakura-chan? – respondió con encantadora sonrisa, ubicándose a su lado, en la carpeta que le tocaba.
-Muy bien, gracias.
La conversación no pudo durar más debido a la llegada del tutor de la clase. Un hombre alto de carácter amable y de claros ideales, que robaba suspiros a las escolares y hacía sonrojar de ternura a una muy especial.
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Los cursos del día acabaron y las campanas anunciando el retiro del alumnado comenzaron a sonar. La joven de largos cabellos azulinos, Tomoyo Daidouji, se acercó a Kinomoto.
-Con las chicas pensábamos en ir a las tiendas que se encuentran en el centro después de clase. ¿Te gustaría ir? – preguntó con dulzura el prodigio del canto.
-¿A las tiendas? – repitió inocente la antes cazadora.
-Así es. Iremos a conocer la marca de maquillaje que mi mamá produjo hace unos meses.- continuó, esperando que la jovencita aceptase.- Seguramente, si somos más, nos harán buenos descuentos.- finalizó con sonrisa un tanto maliciosa.
-Nunca había ido a ver maquillaje…- murmuró Sakura.- Pero, está bien, iré. Sólo dame un momento.- aceptó, guardando rápidamente sus útiles en su maleta.- Listo.- curvó sus labios en radiante sonrisa.
Naoko, Chiharu y Rika; las esperaban en la puerta principal de la escuela.
-Se demoraron.- habló la más entusiasta.
-Que bueno que decidiste acompañarnos.- dijo Naoko, cambiando el humor de la conversación.
-Sí, gracias por invitarme.- contestó una avergonzada jovencita.- Pero a decir verdad, nunca he tenido oportunidad de mirar maquillaje, ni mucho menos probármelo.- sus mejillas se encendieron ante su sinceridad.
Rika rió.- Yo tampoco he podido hacerlo, Sakura. Pero me llama la atención y creo que es mejor si vamos todas juntas.- confortó ella.
-Gracias, Rika-chan.- agradeció la susodicha.
-Entonces, vamos yendo.- intervino, Tomoyo.
Las jóvenes adolescentes se dirigieron con rumbo al centro de la ciudad de Tomoeda. El lugar en donde la mayor parte de los habitantes pasaba largas horas en sus almacenes y restaurantes. Disfrutando de lo apacible que podía ser ese pueblo y sin siquiera recordar los incidentes que pasaron hace años. Gente alegre y conversando era lo que se podía observar a donde se voltease la vista.
Recorrieron las galerías principales de la zona antes de dirigirse al lugar en donde se ofrecía el producto que era de su interés inicial. Eran jóvenes mujeres y la curiosidad de aquel elemento que transformaba hasta la menos agraciada en un monumento a la belleza femenina, que si bien, ninguna en realidad lo necesitaba, era un simple “intentar” ante tanto comercio que veían en el sitio.
Entraron al local y fueron recibidas por mujeres de divina silueta que las acompañaron hasta un área que, con un cartel, indicaban los productos especiales para niñas. Rubores de ligeros colores, labiales de tonos rosados, brillos, compactos de tonalidades pastel; y demás artículos de belleza que no denotasen agresividad en ellos. Todo pensando en lo más natural para las pre-adolescentes.
Chiharu fue la más interesada, probaba los labiales y sonreía ante un gran espejo que había en ese pequeño lugar. Naoko sólo reía ante las poses que podía hacer su amiga cuando se dejaba llevar. Rika observaba avergonzada un compacto de sombras, dudosa de probárselo. Tomoyo sólo se limitaba a observar con Sakura a su lado.
Pronto, la dueña de las cartas tuvo la urgencia de seguir el juego con sus amigas. Acercándose hacia un mostrador que portaba brillos de distintas tonalidades en pastel. Tomó uno y los desenroscó. Untó un poco en sus labios y observó su rostro en el espejo.
Se ruborizó ante lo que veía. Sus amigas la rodearon.
-Te queda muy bien, Sakura-chan.- habló Chiharu.
-Sí, te ves muy linda.- corroboró Naoko, la de lentes.
-¿Lo…lo creen así? – temerosa, la de ojos jades, quiso dejar el artículo en su lugar pero una mano la detuvo. Tomoyo le miraba con ternura y agregó.
-Te lo puedes quedar, Sakura-chan. Es un regalo mío.- convenció la de cabellos azulinos y largos.
-Pero…- dudó de nuevo, la nombrada como las flores de cerezo.
-Acéptalo, ¿si?
Tras un momento de incierto. Ella dijo que sí.
Al salir de la estancia, Sakura anunció que debía retirarse a su hogar. Tenía que preparar la cena.
-Volveremos a salir muy pronto.-comunicó Naoko.
-Espero que también vengas con nosotras.- habló Chiharu con alegría en el tono.
-Sí, lo haré.- agradeció la escolar, dándose vuelta.- Muchas gracias por el regalo, Tomoyo-chan.- dijo antes de partir.
-No hay de qué.- contestó finalmente la antigua maniática de las grabaciones, Tomoyo Daidouji.
Las cuatro amigas vieron como una de las suyas se perdía entre la multitud de las personas. Todas llevaban un semblante tranquilo y sonrisas corrían en la comisura de los labios de cada una. Sus corazones latían impasibles y las dudas de semanas atrás parecían haberse disipado.
-Me alegro que Sakura-chan, nos haya acompañado.- comentó una jovencita de cabellos marrones casi cobrizos, Chiharu Mihara.
-Ha estado cabizbaja desde que iniciamos el nuevo curso.- continúo la de lentes y de cabello lacio, Naoko Yanagisawa.
-Es cierto, no se comportaba como antes y su sonrisa parecía vacía.- Rika Sasaki, agregó con sutil tono de preocupación.- Fue buena idea el salir todas juntas, verdad Tomoyo-chan? – la mirada de la nombrada aún trataba de encontrar la espalda femenina que las había dejado momentos atrás. Al oír su nombre, volteó hasta fijarse en los ojos de quien le hablaba.
Asintió con la cabeza.
-Fue bueno verla sonreír. Aunque el motivo de la salida no fue algo especial...-confesó.- Al menos, Sakura-chan pudo relajarse y divertirse…al menos…ya no estaba con ese semblante triste y ese ver distraído…- habló la jovencita de quince años de cabellos largos azulinos oscuros.- Sólo me gustaría poder ver aquella sonrisa más a menudo, como antes. Como cuando Li-kun estaba entre nosotras…-divagó.
-Ella no ha podido… ¿verdad?
-No, aún lo sigue esperando.- habló Daidouji.- Lo seguirá haciendo y no se rendirá. Yo sé que Sakura-chan se repondrá pronto y volverá a ser como antes. Volverá a saludarnos con tanta energía que hará que nos contagiemos de ella. Será esa misma alegría y devoción lo que hará que Li-kun regrese.
-Ojalá y así sea, Tomoyo-chan.- dijo Rika, observando la faz preocupada de su amiga.
-Yo confío en Sakura-chan; y “sé que todo estará bien”.
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Tomó un camino diferente al habitual al retornar al su domicilio. Distinto pero no desconocido. Se deslizó por las avenidas cuesta abajo de la pequeña ciudad y cruzó calles con una velocidad impresionante. No quería detenerse, pero tampoco quería llegar pronto al lugar que había dicho al que llegaría.
Sus irises verduscos divisaron un complejo de departamentos que ocupaban una gran manzana a la vuelta de la esquina. Frenó sus patines y se quedó estática frente a ese lugar. Su mirada estaba quieta en una puerta visible a sus ojos pero con el sólo mirarla, no lograría que esta se abriese.
Ella sabía desde hace mucho tiempo que la puerta de aquel departamento, el interior, era habitado por una familia diferente. Ya no encontraría a aquel chico detrás de aquel lumbral. Ya no vería la sonrisa que con cariño la recibía, aprecio que ella en su niñez no percató los indicios del verdadero amor. El corazón alojado en su pecho marchó sin cesar en un palpitar acelerado. Sus mejillas calientes, sus manos temblantes y el labial inferior apretado con sutileza contra el otro…, ella quiso llorar.
Aguantó la respiración y negó fuertemente con la cabeza colocando las manos sobre su pecho.
-No, no voy a llorar.- se dijo así misma.- No lo haré.- repitió.- Porque cuando vea a Syaoran-kun, lo recibiré con una sonrisa…-susurró con su dulce voz de enamorada.- Porque yo…- rosadas mejillas aumentaron sus tonalidades y la voz cesó por emoción más que por vergüenza.- Será mejor, ir a casa.- dando un último vistazo a gran edificio delante de ella.- Adiós…
Con una velocidad menor a la primera, Kinomoto regresó a su hogar con la vista clara y con un suave viento rozando su rostro. Las palmas de sus manos casi podían tocar el aire al sentirse tan ligeras.
Al llegar, abrió la puerta para luego cerrarla con llave. Notó que los zapatos tanto de su padre como de su hermano, no se encontraban en el recibidor. La curvatura de sus labios se alargó en una gran sonrisa, ahora podía preparar la cena sin preocupaciones por el tiempo. Corrió por el pasillo y subió las escaleras con dirección a su habitación.
Tocó como de costumbre la puerta para avisarle a la criatura mágica sobre su presencia, pero no recibió respuesta. Abrió despacio y se sorprendió que su guardián no saliese a recibirla.
-Que raro…- habló.- ¿Kero-chan…?- llamó con incertidumbre.- Ya llegué, Kero-chan. Sal…- buscó en el cajón y no lo encontró. Divisó en la superficie de su escritorio una nota escrita torpemente. La cogió y leyó las letras superficiales que habían sido trazadas con rapidez.
“Sakura, como no llegaste a escuchar lo que quería pedirte, he decido ir por mi cuenta a ver los dulces de esa tienda nueva que aquella periodista comía con mucho apetito por la televisión. No tardaré.
Saludos,
El gran Kerberos.
P.D: Escuché decir a tu padre que llegaría tarde, y que tu hermano tendría prácticas hasta entrada la noche. Aún así, prepara una deliciosa cena y un gran postre.”
La muchacha releyó la carta otra vez. Y fuera de que Kero había salido en busca de dulces por su cuenta, de que su padre y su hermano no estarían con ella para cenar…descubrió que estaba sola en su casa.
Estaba sola en su casa…
Dejó el trozo de papel sobre el escritorio de lisa madera y fue a sentarse en su cama de cubrecama rosa pastel.
Suspiró.
Movió inconcientemente sus pies de arriba abajo. No sabía que hacer. Tenía tiempo suficiente de preparar la comida sin necesidad de hacerla en ese preciso momento. Sus ojos se perdieron en la infinidad del piso, como buscando la respuestas en el parquét de madera. Dándose cuenta que aún seguía con el uniforme de la escuela media Tomoeda, se dio prisa en cambiarse de atuendo.
Optando por una falda de pliegues color blanco y un polo de tiras delgadas naranja, el calor la obligaba a vestirse lo más cómodamente posible para poder así estar a gusto dentro de aquel lugar cerrado y en el que a escasas maneras la brisa de un aire acondicionador llegaba.
Sentándose ahora en el suelo, frente a aquel aparato que brindaba frescura, cogió su maletín sacando de su interior: cuadernos, su caja de útiles, dos libros de texto y…en un pequeño estuche, aquel regalo que su mejor amiga le había obsequiado.
Miró con curiosidad el empaque de aquel producto de belleza. Era alargado y de color rosa. Con un motivo de estrella en el centro que encerraba el nombre de la compañía de la madre de la de azulina mirada y miembro del coro de la escuela a la cual asisten. Destapó el objetó y desenroscó hasta ver salir por la superficie aquella silicona de color transparente que haría de otorgar a sus labios un brillo natural.
Allá en la tienda, con esmero presenció como sus amigas se divertían con aquellas muestras y ella también quiso ser parte de eso. Agarró lo primero que a su vista cruzó y su intención jamás fue el de llevar tal objeto con ella. Un regalo dado especialmente por aquella persona que la quiere como una hermana y con el fin de animar su espíritu.
Volvió a probar en sus labios aquel brillante material. Viéndose detenidamente a un espejo, se miró como en mucho tiempo no lo hacía. Las facciones suaves de su rostro se tiñeron de un carmesí que hacía juego con el color del labial y sus ojos miraban incrédulos a lo que su cristal reflejaba.
Se veía a sí misma, mayor y… ¿bonita?
Se avergonzó terriblemente.
-Je…je…je…- río en su nerviosismo.-…que estoy haciendo…si me vieran…así - sus irises destellaban sin perder la vista a aquella imagen de joven mujer.- Que pensaría…- posó una palma sobre la mitad de su rostro en el espejo.-…que diría Syaoran-kun…si me viese mayor…-soltó de repente, meditándolo en lo personal de su alcoba.- Es posible, ¿qué aún…sienta lo mismo por mí…? – Su mente no pensaba con claridad y sus labios profesaban a la imagen aquello que su corazón evitaba sentir.- …le gustaría de esta manera...- retiró la mano de la superficie del espejo, contemplando a la joven de quince años.- O…- con el revés de su mano, limpió de ras aquellos delicados labios, quitando por completo el luminoso material.- o…así? – La faz de niña volvía a aparecer, con una sonrisa triste y una expresión de vergüenza.-…que estoy haciendo…- en confusión, regresó a la pregunta del principio y la fundamental.
Cerró sus brazos alrededor de sus piernas y aproximó su mentón a sus rodillas, dejando que su rostro cayese completamente sobre ellas y, así, ocultar las fuertes lágrimas que resbalaban por la cándida superficie de su rostro.
-Syaoran-kun…- sollozó tristemente. Su aliento tibio chocaba contra sus piernas y las gotas caían de los irises verduscos sin poderse detener. El cabello de castaño claro color, tapaba su frente y resbalaba por los contornos de su fino rostro- Syaoran-kun…- una vez más, en susurro. Cesando sus palabras, sólo se dedicó a derramar su corazón y sus esperanzas en cristales de acuoso elemento. Unos minutos pasaron, el reloj era su sonido de fondo y sus oídos seguían fielmente ese tic-tac que le alertaban o, más bien desmentían, que el tiempo seguía su curso y que por ella, no se detendría.
El tiempo es traicionero. Aquel muchacho le pidió que le esperara y ella accedió.
“Para siempre”, dijo ese día en la parada de autobús, exhausta después de haber perseguido aquel vehículo que se llevaba a su verdadero amor.
“Te quiero”, gritó emocionada aquella vez en que pensó que él le había olvidado. Cuando creyó que no había más en que poder fiarse completamente y que su amor había desaparecido. Ese día sintió que el mundo en verdad había llegado a su fin. Pero, “Amor” le salvó.
-Te quiero…ahora….-la agitación volvió a embargarla a medida que recordaba los sucesos pasados y su desesperación se volvió una angustia severa.- Quiero que vuelvas.- lloró.- Quiero que vayamos a la escuela juntos.- sus manos, abrazadas a sus piernas, se sujetaron con firmeza.- Quiero conversar contigo, poder reírnos juntos, que Tomoyo-chan nos grave con su cámara y que Yamazaki-kun nos diga sus historias…-una pausa.- Quisiera…- su voz confusa cayó.- Tan sólo desearía…volver a repetir esas palabras…- y, de nuevo, sucumbió en llanto.
Aquel sonido tan lamentable, lo era aún más para aquellas criaturas mágicas que, desde su forma primaria, escuchaban los sollozos de su querida dueña y, sobretodo, amiga. Las cartas de nombre Sakura, que poseían sentimientos y voluntad, maquinaban alguna solución para poder aliviar el pesar de aquella muchacha. Su dolor era el de ellas, y la amistad les impedían el no actuar. Pronto, comprendieron el real deseo de su señora. No es que desconocieran de el, pero no podían aliviar el corazón que frente a ellas se destrozaba. Conocían el motivo, la persona, el alma, las palabras; que tanto Sakura Kinomoto quería entender, tener, abrazar y escuchar.
Si la magia lo solucionase todo, hubiesen evitado que aquel joven se marchase.
Como que así pudo ser…pero no fueron los deseos de ella en ese momento. La fe es lo mantiene de pie las esperanzas. Las ansias de querer ver al ser amado pronto sucumben con el traicionero y real tiempo, y tarde o temprano, ese momento tan cruel de la desolación vendría.
Pero estaban preparadas.
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Cuando el cielo se cubrió en una sábana negra estampada de puntos luminosos, ya la dueña de las cartas mágicas antes pertenecientes a Clow, cansada por el llanto, cayó en pesado sueño. La intrusa luna, escabullía uno de sus rayos desafiantes por una cortina entreabierta del cuarto de la doncella. Aquel haz de luz se posó sobre la superficie de una baraja de apariencia normal.
Pronto, la primera carta brilló.
“SUEÑO”
Y, el cuerpo de la Card Captor se iluminó.
Una ciudad de luces artificiales.
Cristales de color jade observaban atónitos un paisaje no esperado.
La Torre de Tokio.
De pie, sobre la superficie de una azotea de algún edificio, ella estaba parada…
-Porque…-habló desconcertada.- Porque estoy soñando con esto.- dijo más fuerte tomándose por los codos y sujetándolos contra su pecho.- Yo ya no tenía este sueño desde hace mucho tiempo…-miró su cuerpo. No había un traje especial de “batalla” hecho por su amiga de la infancia. Se vio que portaba su uniforme del instituto y que tampoco tenía el báculo de la estrella en sus manos, ni el colgante de la llave en su cuello.
Pronto se dio cuenta.
-Un sueño…premonitorio…- sus labios esbozaron las palabras pero ningún sonido salió de ellos.- Pero…por qué…-pensó más calmada.
Sin embargo, antes de que profundizase en su pensar, una fuerte ventisca la sacó de ese estado mental. Sus cabellos taparon su visión y aquel aire, le hizo perder un poco el balance. Pronto, sus ojos divisaron un componente faltante en la escena.
Los pétalos de cerezo.
Sakura por primera vez sostenía con sus manos las flores de las que provenía su nombre. Eran tan delicadas…
La ventisca volvió, esparciendo las pequeñas delicias rosadas por el aire, Kinomoto estaba maravillada por el espectáculo. Una sonrisa ingenua apareció en su rostro. Aquellas flores le recordaban el camino que tomaba todos los días para ir a la escuela y en los cuales iba acompañada de su hermano y de su primera ilusión, Yukito Tsukishiro. Eran hermosos recuerdos.
Pero, el momento de emotividad no le duró mucho.
Como si aquellas ventiscas anteriores anunciaran la venida de un torbellino desastroso, la ciudad cayó en tinieblas y lo único que alumbraba aquella oscuridad, era la imponente Torre de Tokio, maravilla de Japón.
La dueña de la baraja hechizada, no sabía porqué, pero supuso que debía acercarse a ese lugar. Arquitectura que se le fue anunciada en su primer sueño y que decidiría su vida para siempre. Aquel sitio en el cual habría librado el juicio final con el ser mágico Yue y que había vencido gracias a su valor y su fuerza del corazón. Además de ser el lugar en donde, en un sueño también, conocería a Eriol Hiragisawa y a sus guardianes, Ruby Moon y Spinel Sun. Los cuales también la pondrían a prueba y conseguirían, no sólo la transformación de sus aliadas, sino la realización del primero amor.
Un espacio con el cual estaba relacionada íntimamente.
Aún así, no se movió de su lugar.
No por miedo, no por dubitación.
Sino, porque lo vio.
Una figura estaba parada al borde de un peldaño de aquella estructura. Alta y con un porte elegante. No parpadeó para no evitar ni un solo detalle y talvez, por temor a que ese espejismo lejano no se esfumara. No pudo divisar su rostro, pero aquellos cabellos marrones, movidos por la brisa, oscuros bañados por lo plateado de la luna, si los pudo reconocer. Era como esa vez, como en ese sueño en el que anunciaba su llegada. Con el rostro tapado con un grueso cerquillo y un traje con motivos chinos; con el tablero mágico en una mano tratando de ubicarla. Pero esta vez, aquella forma masculina portaba un traje oscuro y sujetaba un objeto con firmeza a su lado.
Sakura gritó pero su voz fue cortada cuando la luna iluminó el rostro de aquella persona tan lejana a ella. Un rayo captó la dulce sonrisa y el ver bondadoso de su amado, Syaoran Li.
Ella dejó que una lágrima recorriera el borde de su rostro y juntando ambas manos en el pecho, como si tratase de que su corazón se quedase quieto y dejara de latir tan violentamente contra su delicado pecho, exclamó el nombre tan deseado.
-SYAORAN-KUN!
-SYAORAN-KUN! – el eco devolvió el llamado.
La jovencita quiso acercársele pero las delicias rosas rodearon su cuerpo, impidiéndole su aproximación al cuerpo que yacía en aquel brillante lugar.
-SYAORAN-KUN, SYAORAN-KUN! – llamó con desesperación. Las lágrimas eran llevadas por el aire que circulaba a su alrededor, pero unas nuevas salían al instante. Gotas gruesas llegaron a caer al suelo, dejando su marca de dolor en ella.
El rostro de esa persona acentúo una sonrisa y le dirigió unas palabras.
-…….
Ella no las escuchó. El viento arrasó con la imagen de una Torre de Tokio y de un perfil luminoso en ella.
Todo se volvió oscuridad.
Los pétalos pararon en su danza brusca y fueron descendiendo a lo que podía llamarse piso. Una alfombra de rosa color se formó. La de ojos esmeraldas ahora teñidos en desgracia, cayó de rodillas en ella. La suavidad de aquella manta impidió que se lastimara, más eso no le importaba.
Le había “perdido” otra vez.
-Por…qué…- voz temblante y entrecortada susurraba una búsqueda de esta tragedia.
Talvez fue por su estado emocional quebrantado, pero la joven mujer no se percató de que había despertado.
Su frágil cuerpo tiritaba y sus manos, que sujetaban la cubre cama con fuerza, podían verse temblar. Su hermoso rostro, tan de niña, tan de mujer, expresaba una mueca de profunda desolación. Un sueño premonitorio…, una realidad que se avecina, una desgracia por carta adelantada, unas lágrimas que habían sido ahorradas pero ahora derrochadas por la tristeza. Ella no entendía.
-Fue todo… un sueño… ¿verdad? – dijo para sí en un suspiro, último aliento después de tranquilizarse. Sus ojos observaban quietos sus manos ahora relajadas. Con el reverso de la izquierda, limpio su frente de las gotas de sudor que allí estaban. Volvió su ver a su mano derecha, notando que esta encerraba en ella algo. Abriéndola, descubrió un solo pétalo de flor de cerezo. Lo miró atónita y, cerrándola, acercó su mano hasta su pecho, confiando, en que todo lo que había visto en ese sueño era cierto y que, pronto habría buenas nuevas.
Dejó escapar un suspiro y curvó sus labios.
-Te volveré a ver…-sus ojos cerrados hacían un voto a la flor y sonriendo con la esperanza que brotaba siempre en su pecho y que, ni el tiempo ni el dolor habría logrado vencer.- No importa cuanto tardes, Syaoran-kun…sólo lo sé.- sus mejillas se tornaron de un delicado color sonrosado.- Te esperaré, mi querido Syaoran-kun.
Aún inquieta por lo que había visto, se dispuso a volver a retomar el sueño. Después de todo, eran las tres de la mañana…
En el escritorio, las cartas que eran suyas, resplandecieron nuevamente. Pero, esta vez, ningún poder fue evocado de ellas. Más bien, parecían contentas, un brillo de regocijo, porque estaban seguras, que su ama tendría un buen sueño lo que continuase de la noche.
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-Mmmm…
Un animal parecido a un peluche observaba suspendido en el aire a una joven muchacha dormir.
-Hay…algo raro en ella.- masticaba en sus labios aquel pensamiento que tenía desde que había salido del cajón en el cual descansaba.- Parece…feliz…- dijo en tono dubitativo.
Acercándose a ella, la miró fijamente.
-Mmmm…Syaoran-kun…
Escuchó de los labios de ella.
-Cómo? – habló el guardián en miniatura totalmente confundido.- Soñando, Sakura? – en tonalidad cariñosa, soltó al oído de la susodicha. Una sonrisa había sido dibujada en los juveniles labios, facción que no será borrada aún cuando despertase la dueña de las cartas.
Virando los ojos hacia el reloj despertador, percató que faltaban pocos minutos para que este sonase. Voló hasta posarse al costado de aquel objeto. Tomándolo con sus patas, manipuló las cuerdas hasta agregar treinta minutos más a la alarma que despertaría a su amiga.
-No es necesario que crezcas tan rápido, Sakura.- habló la criatura, sus pequeños ojos oscuros miraban con estima a la durmiente.- No es necesario que cambies.- volviéndose a las cartas que estaban encima del amplio escritorio, estás se iluminaron.- Nos gustas tal y como eres,…Sakura.- agregó en sonrisa.- diciendo esto, voló de regreso al cajón.- Descansa unos minutos más, mi señora.
El cajón se cerró y la habitación volvió a quedar en silencio.
En la primera planta de la casa, ruidos de la cocina indicaban que los habitantes de la morada estaban despiertos. Treinta minutos habían pasado desde que el muñeco cambiase la hora escogida. Ella seguía durmiendo cual ángel en gracia de Dios. La sonrisa hermosa no se esfumaba.
Sonó el objeto antes modificado indicando la hora.
-Sakura! Ya es tarde! – se oyó en tono alarmante.
-Mmmm, un rato…ya me levanto.- perezosamente, Kinomoto se sentó en su cama. Estirándose, con una mano cogió el reloj.- Pero si aún es temprano…- sin abrir los ojos, habló.
-Mira otra vez.- dijo el peluche en sonrisa burlona.
-Eh?- fijó los esmeraldas en las manecillas, notó con espanto que habían cambiado la hora antes señalada.- EHHHHHHH!!!
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En el primer piso, el padre de la dueña de las cartas escuchó el grito proveniente del segundo piso de su casa.
-Al parecer Sakura ya despertó.- habló complacido el hombre, depositando una taza de café en la mesa.
-Algunos hábitos nunca cambian.- dijo con sorna, el joven hermano de la muchacha, recibiendo el recipiente que le había extendido su padre. Esbozó una sonrisa comprensiva a la hora de tomar el líquido caliente.
Arriba, bulla era lo único que se lograba escuchar.
-Pero, pero…. Estoy segura que dejé el despertador fijo…entonces…porqué…- decía como podía, Sakura mientras se colocaba, con torpeza, el uniforme estudiantil.- Como…..- se cuestionaba, acomodándose la corbata.
-No lo sé.-
La de ojos jade me dirigió una mirada acusadora que fue esquivada con gracia.
-Sakura! Yo ya me voy.- la voz de su hermano llegó hasta el cuarto de la hechicera, distrayéndola.
-Hermano, espérame! – contestó, peinándose con un cepillo las hembras de su no tan corto cabello.
Bajó las escaleras rápidamente. Entró a la cocina, saludó a su padre y tomó con velocidad aquello servido en la mesa, unas migajas de pan aún se veían en su rostro. Se dirigió hacia la salida, encontrando a su hermano montado en su bicicleta en el umbral de la puerta, listo para irse. Le sorprendió ver una sonrisa tranquila en el rostro de su aquel hombre.
-Aún eres una niña de primaria que se queda dormida y se atraganta al desayunar.- habló con calma, señalando el rostro de su pequeña hermana.
-No es así.- contestó enfadada ella, limpiándose con los dedos los residuos de comida.
Touya Kinomoto amplió una sonrisa y perdió su mirada por las calles de la cuidad.
-Me voy, Yukito me espera.- dicho y hecho, partió.
-Pero…-trató de detenerlo, pero ya era muy tarde.- Mi hermano aún me fastidia por lo de levantarme tarde…aunque ya sea estudiante de media…-habló con pesadez y vergüenza.
-Sakura, ya pasaste la hora límite.- señaló su padre con una sonrisa cariñosa.
-Ehhh, si, ya me voy.- se despidió ella.- Es tarde, tarde…
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Saliendo de la casa, por el enfado, había olvidado ponerse los patines que había utilizado el día anterior. Corrió con velocidad, tomando la misma ruta de siempre, aquella vía con cerezos adornando la vista. El viento chocaba su rostro mientras corría y en sus pensamientos, el llegar temprano era lo único que los llenaba.
Hasta que lo vio.
Un joven estaba caminado delante de ella con parsimonia. Uno de los brazos del muchacho estaba recogido llevando un objeto entre su mano y pecho. Por detrás, los ojos verdes de Sakura, examinaron lo alto del hombre, el cabello fino de color marrón oscuro y el uniforme masculino de su escuela. La curiosidad la llamaba.
Pasando por su lado, aminorando la velocidad, miró de reojo al muchacho y sus pies de detuvieron automáticamente.
Un oso rosa alado estaba posado en el brazo del joven hombre.
Sus ojos no podían creer lo que veían y sus labios se entreabrieron para soltar una sola palabra tan extrañada como los abrazos de su madre y dicha de una manera tan dulce, que si no fuese por la sorpresa la repetiría constantemente.
-Syaoran…kun…?- soltó con delicadeza.
Y el viento llevó ese nombre hasta los oídos de aquella persona tan ansiada…
Noche tranquila, cielo lleno de estrellas.
Noche inquieta y llena de preguntas.
Ansiedad que no pudo ser satisfecha florece en su pecho. Suspiros escapan de sus labios y sus ojos se pierden en la infinidad de la oscuridad. Verdes cristales reflejan la tristeza, la fuerza de voluntad y la espera paciente al primer destello de una estrella. Todo aquello que pudiese mostrar una pequeña jovencita de quince años de edad cuya vida aún no había sido recorrida en su plenitud pero que guardaba en su pequeño corazón de niña el deseo más ferviente, el regreso del ser querido y verdadero amor.
-Sakura…- se oyó decir a una voz diminuta y fina.- ¿No puedes dormir? – preguntó preocupada.
Un pequeño gemido lamentoso fue lo único que se escuchó como respuesta.
-Sakura.- dijo con tono más preocupado.
La muchacha estaba sentada frente a la ventana y se recostada en el barandal de esta. Miraba como el cielo cambiaba sus tonos entre rojizos y anaranjados con total lentitud. En las tardes de verano, cuando no tenía nada pendiente, le gustaba sentarse allí y pensar. Hacía que el tiempo fuese algo trivial mientras estuviera posada allí.
El pequeño animal de pelaje dorado voló hasta posarse frente a su ama: la dueña de las cartas mágicas y poseedora del báculo de la estrella, Kinomoto Sakura.
-Sakura…-volvió a llamar con angustia más pronunciada.
La jovencita de cabellos cortos de ligero color marrón volvió su vista hasta posarla con los pequeños ojos negros de aquella criatura más parecida a un peluche.
-Kero-chan…-respondió en voz vaga casi ausente.
El nombrado acerco una patita a la frente de su dueña, golpeándola suavemente.- Estoy muy preocupado por ti.- la carita expresaba lo que las palabras trataban de explicar.
Kinomoto quedó observando a su compañero, sus ojos brillaron como recobrando su vitalidad.
-Per…perdóname Kero-chan.- soltó con sinceridad, acariciando la cabeza de su guardián.- No fue mi intención preocuparte.- continuó esbozando una linda sonrisa. Aquel gesto cumplió su cometido y el animalito correspondió con otra sonrisa, una calmada.- Sólo me quedé pensando…
-Pero, haz estado así desde que iniciaste el primer semestre de la escuela media…, Tomoyo está muy angustiada por ti…incluso Yue…-habló Kerberos sin apartar la mirada de los ojos jade de la dueña de las cartas.- ¿Ha pasado alguna cosa? O… ¿Hay algo que pueda hacer por ti? – preguntó con mucho interés y con ver decidido.
Las esferas verdes por ojos de Sakura se entrecerraron enternecidas.- Muchas gracias, Kero-chan. Pero no me pasa nada en realidad…sólo que…
-Tú sabes que siempre puedes contar conmigo, ¿cierto Sakura?. Somos amigos.-
Ella abrió sus brazos y, con sumo cuidado, abrazó al animalito. Sus mejillas sonrosadas chocaban con la pequeña cabeza de su guardián en miniatura. Una disimulada lágrima rodó por la mejilla opuesta, oculta a los ojos de Kerberos.
-Te lo agradezco, siempre estaré muy agradecida de tenerte a ti como mi buen amigo, Kero-chan.
El “gran” guardián y protector de la dueña y señora de la baraja de la “Estrella”, relajó sus músculos y sonrió, disipando las dudas que por un momento embargaron su corazón.
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Los primeros rayos de una cálida mañana se infiltraron por la ventana de la habitación de una niña de primaria. El reloj despertador aún no había anunciado la hora, prevista una noche antes, para levantarse. Permitiéndole a esa persona, dormir hasta que llegase el momento de despertar. Ni siquiera la luz que caía de frente al rostro femenino, inquietaban el sueño de la doncella.
Pocos minutos pasaron hasta que sonase la alarma.
Ella elevó con delicadeza un párpado, el rayo de luz cayó directamente a los irises esmeraldas. “Lastimada”, se tapó con las ligeras sábanas hasta tope de su cabeza. No quería levantarse y dar cara a una calurosa mañana. El despertador esférico y de color rosa, seguía en su labor, sin que nadie lo apagase. Cuando el sonido se hizo insoportable, una delicada mano topó la superficie de este, cesando el ruido.
Con pesadez, descubrió las sábanas y su vista, aún cerrada, se negaba a enfrentar un nuevo día. A su corta edad, esta niña había sufrido incontables emociones, las cuales habían servido para el crecimiento y fortalecimiento de su carácter. Amable, cariñosa, sincera y muy valiente; eran las cualidades que daban nombre al título de Cazadora de cartas. Sin embargo, lo de “cazadora” sería un término en pasado. Ahora, con quince años de edad, era la dueña absoluta de unas cartas que habían cambiado para siempre su vida.
Les debía tanto a esas entidades y no pasaba un solo día sin que agradeciese a los cielos el poder contar con ellas.
Se sentó y estiró los músculos que habían estado en reposo durante el sueño. Había sido una agradable noche y le costaba el tener que despertar. Una sonrisa, con los ojos aún cerrados, adornó el rostro infantil.
-Hoy…daré lo mejor de mí.- susurró suavemente para ella sola soltando una risita al final.
Un cajón de su escritorio se abrió lentamente y de su interior, una criatura de aspecto gracioso emergió con igual pesadez que la niña en la cama. Voló con torpeza hasta la cabecera del sitio en donde dormía su ama. Sakura al notar la presencia de su guardián, le saludó:
-Buenos días, Kero.- soltó en tono sutil sabiendo que el nombrado aún no despertaba del todo.
-Buenos días…-respondió el animalito con cansancio.- El despertador sonó más de lo debido ¿no, Sakura? – añadió despejando un poco más su mente.
-Sí.- contestó la chica de cabellos cortos y marrones.- Perdóname si te desperté muy temprano Kero-chan.- habló con sinceridad la jovencita.
-No te preocupes.- el animal parecido a un peluche de pelaje dorado siguió.- ¿Pero, porqué lo pusiste muy temprano…? Que yo recuerde ni cuando te toca servicio lo colocas a esta hora.
-Es que hoy he decidido que me esforzaré mucho más.- en su tono se notaba el entusiasmo.- Ya no saldré más apurada a la escuela y no me atrasaré con los deberes.- su sonrisa era de confianza y compromiso.
Kerberos alabó su empeño pero…
-Algunos hábitos son difíciles de cambiar, Sakura. Poco a poco se logra mejores resultados, ¿sabes?
-Sí – sin molestarse a la falta de confianza, ella respondió.- Pero, igual lo intentaré.- terminó con el rostro iluminado ante su irrevocable decisión.
El guardián de dorados ojos asintió convencido.
Ella era Sakura después de todo. Además, tenía un poderoso conjuro de su parte.
Se levantó y animosa, se vistió con el uniforme de verano para poder ir a su escuela. Su cabello había mantenido el corte habitual sólo estaba un poco más largo, pero no lo suficiente como para que rozase con su nuca. Sus coletas de esferas habían sido reemplazas con unos ganchos de colores y sus mechones de cabellos seguían intactos, adornado el perfil de su rostro.
Su rostro…
Había cambiado un poco. Aún conservaba el encanto de la inocencia pero un leve velo de mujer cubría el mismo. Sus facciones se habían vuelto más finas, sus pestañas más largas y sus labios un poco más gruesos. La adolescencia daba sus primeros pasos y la transformaban en una bella jovencita.
Porque hermosa, su alma siempre fue.
Peinó y arregló su cabello, alisó con sus manos los pliegues de una corta falda blanca y acomodó con cuidado la corbata que desde la blusa, caía hasta mitad de su pecho. Estaba lista. Antes de salir del cuarto, cogió su maleta de forro de cuero negro y el saco característico de su colegio. A pesar de ser verano, era un reglamento de la escuela el llevarlo. Se despidió de Kero desde el marco de la puerta y salió sin oír el recado de los dulces de la tienda nueva que anunciaban por televisión que tanto deseaba que Sakura se los comprase.
Sería para otra vez.
Bajó las escaleras de su casa sin hacer bulla. La hora que marcaba el reloj de la cocina era cinco minutos para que sean las siete de la mañana. Su hermano, estaría durmiendo aún; y su padre estaría también descansando. Porque si mal no lo recordaba, él había estado despierto hasta altas horas de la noche por asuntos de la universidad. Sí, su padre aún trabajaba en aquel lugar, pero ahora le habían ascendido de cargo y era decano de la facultad de Arqueología. Un gran logro, el cual festejaron ni bien se enteraron de ello.
Su hermano había conseguido una beca en deportes y estudiaba en la universidad, alternando deberes y trabajos de medio tiempo. Sakura también quiso conseguir un pequeño empleo pero, tanto su padre como su hermano se negaron; y ella acabó, para beneficio y seguridad de todos, con los quehaceres completos de la casa. Así, ayudaba más de lo que ella pensaba.
Caminó hasta la cocina, posó su maleta en la mesa y decidió preparar un rápido desayuno. Las manecillas señalaban las siete y cuarto cuando terminó de colocar la mesa para ella y su familia. Esos eran sus labores diarios: preparar las comidas del día, ocuparse de la limpieza y el lavado de la ropa; y una que otra tarea más. Pero, la mayoría de las veces, la casa estaba vacía y no había mucho por hacer. Así que la pasaba en su cuarto repasando su brujería.
Kero la había mantenido ocupada en sus ratos libres repasando hechizos para el uso veloz de las cartas sin la necesidad de recitar un conjuro previo a su uso. Así, la de ojos verdes había podido dominar tan sólo con el pensamiento la capacidad de usarlas sin siquiera nombrarlas. Como Clow solía hacerlo en vida…
Pero, no sólo el mejorar los talentos de la dueña de las cartas de la “Estrella” había sido el objetivo de la criatura mágica y guardiana. El principal y, quizá, el verdadero motivo para mantenerla distraída era el que ella no se pusiese a pensar en aquel muchacho que viajó a China años atrás. Preocupado, Cerberos se encargó en la labor de dedicar su tiempo a que ella no pensase en el descendiente de Clow.
Todo por amor a su amiga.
Cuando la mesa estuvo puesta, no pasaron muchos minutos hasta que su hermano, la altiva apariencia masculina, llegase al mismo lugar que estaba ella. Sonrió con malicia y una expresión de desconfianza se mostró en su faz. Si bien, ya no la trataba de monstruo, aún no le daba los créditos suficientes para tratarla de otra manera.
-Buenos días, hermano.-saludó ella desde el otro extremo de la cocina.
La jovencita de vivaces ojos vedes, al notar que su pariente estaba expectante observando la mesa, le comentó:
-No se come por los ojos.
-Si se pudiese…me dejarías ciego.- contestó, sentándose a la mesa y cogiendo un bocado de lo servido.
La menor de los Kinomoto observó con falso desprecio a su hermano, pero luego su semblante cambió al verlo comer sin más quejas. Todos los días era lo mismo, no se cansaría hasta recibir un buen comentario de Touya alabando su comida. Aunque fuese una labor difícil, ella lo conseguiría. Así sería.
Después de todo, si quería ser en el futuro una buena esposa…lo menos que podía hacer, era congraciar a su esposo con deliciosas comidas…A su esposo…verlo feliz, al lado de ella.
Una mueca triste y un ligero sonrojo fue lo que mostró la niña de moños durante el resto del desayuno. Touya, el joven de cabellos oscuros, miró y analizó la faz de su hermana y el cambio de su actitud, llegó a la misma conclusión de siempre: ese mocoso.
No le había preguntado el porqué de estar levantada más temprano. Sabía que no tenía práctica de porristas ni que tenía que ir por servicio al salón de clases. Pero aún así, no interrogó. Entendía que de alguna manera, la persona que tenía frente suyo, estaba reclamando autonomía y él respetaba eso. No quería que ella cambiase radicalmente. Tenía en mente por siempre tener a su hermanita pequeña, la inocente y dulce Sakura. Se había acostumbrado a la idea pero, entendía que el “por siempre”, era sólo un engaño.
Ella crecería y buscaría por sus propias medidas la capacidad de “volar”. Sin la necesidad de contar con manos que la elevasen al cielo…le costaba y dolía ver que ella muy pronto no lo necesitaría.
No poseía más el talento mágico, se lo había otorgado a la criatura parecida a un ángel llamada Yue para que cumpliese su labor. Pero aún así, sentía que no había hecho todo lo que en sus manos estuviese para lograr apoyarla y auxiliarla. Percibía que se había quedado estancado en su tarea de ser su hermano protector…Aún sin poseer poderes sobrenaturales, había podido evitar el gran sufrimiento que causó ese mocoso al partir. No pudo proteger aquel corazón que lloró de tristeza noche tras noche, y que las palabras dulces no podían apaciguar. Lo único que hizo fue observar y maldecir a aquel que se fue dejando un corazón roto.
Mordió su labio inferior, un leve quejido escapó de la boca del joven universitario.
-Hermano, ¿estás bien? – preocupada, la niña de ojos esmeraldas, elevó su vista hasta los cafés de su pariente.
Este evitó la mirada.- No pasa nada.- y continuó comiendo.
-Hermano…-enfatizando la palabra.
Del rabillo del ojo- Que pasa – habló de mala gana, sin intención de seguir la conversación, el muchacho trigueño.- Come rápido sino se te hará tarde y por puro gusto te habrás levantado temprano.
Haciendo un puchero silente, ella se levantó de la mesa y llevó sus platos al fregadero.
-¿Tienes clases temprano en la universidad hoy, hermano? – pregunto interesada la joven. Olvidándose de la antipatía que sintió momentos antes.
-No.- tomando un sorbo de café.- Mis cursos empiezan luego del medio día.- terminó.
-Entonces, ¿por qué te haz levantado a esta hora…?
Sin responder, Touya Kinomoto se levantó de su lugar, dándole la espalda a su hermana. No sin antes, detenerse en la puerta y murmurar con suave voz:
-Que te vaya bien en la escuela, “Sakura”.
Y ella sonrió.
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Yendo por el camino habitual con dirección a la escuela pre-secundaria, la dueña de las cartas que poseían su nombre, cruzó con velocidad el gran parque céntrico de la ciudad de Tomoeda. Aún conservaba los patines que tanto había usado en su niñez cuando le tocaba la tarea de lidiar con alguna carta rebelde. Guardaba agradables recuerdos con ellos.
También, seguía siendo buena en los deportes y, las matemáticas continuaban siendo su materia menos agradable. En lo que se refería a pequeñas cosas, todo era igual que cuando era pequeña. Su esencia no había sido alterada.
Llegó al portón principal de la gran escuela, se encontraba abierto pero sin alumnos que entraran por el gran umbral que dividía las calles del interior de la institución. Pasó y se dirigió con paciencia hacia el salón de clases.
Fue la primera en llegar.
Abrió las ventanas, dejando que el aire fresco recorriese los rincones de cada esquina en la que el oxígeno no hubiese podido llegar. Borró las escrituras de las pizarras y modificó la fecha correspondiente. Luego, limpió los borradores y los colocó en el pupitre correspondiente al tutor. Con sonrisa en el rostro, regresó a su asiento.
Siempre había tenido la buena fortuna de que su lugar en el aula estuviese al lado de una ventana. Es como si le permitiesen la oportunidad de distraerse de lo tediosas que podían ser las clases y, mirando al exterior, podía dejar que su imaginación jugase con los pétalos de cerezo que en primavera florecían. Y, no sólo eso. Imaginaba que podía llegar a muy lejos…usando sus propias alas, volaría hasta China…encontraría la esencia añorada por tantos años y se dirigiría ahí sin pensarlo dos veces.
Ansiaba el poder verlo. Más alto que ella, más varonil y más caballero. Pero, igual de tierno y de amable; de valiente y… de tantas cosas más con las cuales poder soñar acerca de él. De su amado, Li Syaoran.
Suspiró. La nostalgia invadiendo su corazón y la imagen de él gobernaba su cerebro. Le extrañaba demasiado…no importaba cuantos fuesen los intentos de Kero-chan, de su hermano, o los quehaceres de la casa; siempre había un segundo en que su mente podía divagase en recuerdos. Pero, no podía dejarse abatir por ello. Debía mostrarse firme, para que así la buena voluntad de los otros no fuese en vano.
No quería preocupar más a nadie. Seguramente, si aquel muchacho la viese en ese estado, también estaría inquieto por saber lo que le pasa. Sonrió. Él es una persona muy tímida y sería casi imposible que se acercase directamente a interrogarla sobre sus sentimientos.
Un sonrojo cubrió el rostro de la niña casi mujer. Bellos ojos jades brillaban vivaces y a punto de desbordar penas. Una curvatura triste era lo que los labios dibujaban en aquel hermoso rostro. La mirada perdida en aquella ventana, divisando en el portón, la llegada de los alumnos del instituto Tomoeda.
Limpió su rostro con el reverso de su mano y dio unas suaves palmadas a sus mejillas, dándole una tonalidad rosa natural.
-No puedo ponerme triste.- se dijo, animándose.- Daré lo mejor, ahora y siempre.- continuó, llenando su espíritu de confianza y entrega.- Por mi familia, por Kero-chan, por Tomoyo-chan, por…. Syaoran-kun y…por mí.
El salón fue llenándose poco a poco. Afables estudiantes se saludaban los unos a los otros mientras que jovencitas reían en los pasillos comentando lo que habían hecho el día anterior.
Alrededor de la carpeta de la joven de cabellos cortos y marrones, había un grupo de jovencitas que reían sutilmente. Una de ellas, llevaba gafas y poseía un cabello largo y liso; su nombre Naoko Yanagisawa. A su lado, una joven conversaba con la susodicha de forma entusiasta, ella era Chiharu Mihada, que también era la novia del estudiante de mayor “ingenio” de la escuela, Takashi Yamazaki. Una joven de delicadas facciones sonreía a lo comentado por la otra muchacha. De cabellos oscuros y ondeados, Rika Sasaki a medida que se involucraba en la conversación, no dejaba de acariciar aquel anillo que posaba en su dedo anular izquierdo.
Estar rodeada de aquellas personas la hacía feliz. El poder conversar con ellas la motivaba a seguir sonriendo.
Una voz débil pero armoniosa interrumpió la conversación.
-Buenos días.- saludó la recién llegada.
Tomoyo Daidouji se presentaba ante ellas con escasos minutos de retraso. Se disculpó diciendo que habían llamado de la oficina de su madre y requerían sus servicios como modelo para un nuevo lanzamiento de muñecas que su madre estaba promocionando. Aparte de una prominente cantante, a su corta edad había sido la imagen para numerosas marcas de ropa y era la modelo adolescente más cotizada.
Aquello no le llamaba mucho la atención pero era de suma importancia para su madre. Así que la complacía. Además, al involucrarse en aquel mundo, aprendía con devoción lo necesario para que su sueño de confeccionar vestuarios se hiciese realidad. Su ideal incluía a su mejor amiga, Sakura Kinomoto, como la principal modelo.
-Buenos días, Tomoyo-chan.- respondió al momento la de cabellos cortos marrones.
-¿Qué tal, Sakura-chan? – respondió con encantadora sonrisa, ubicándose a su lado, en la carpeta que le tocaba.
-Muy bien, gracias.
La conversación no pudo durar más debido a la llegada del tutor de la clase. Un hombre alto de carácter amable y de claros ideales, que robaba suspiros a las escolares y hacía sonrojar de ternura a una muy especial.
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Los cursos del día acabaron y las campanas anunciando el retiro del alumnado comenzaron a sonar. La joven de largos cabellos azulinos, Tomoyo Daidouji, se acercó a Kinomoto.
-Con las chicas pensábamos en ir a las tiendas que se encuentran en el centro después de clase. ¿Te gustaría ir? – preguntó con dulzura el prodigio del canto.
-¿A las tiendas? – repitió inocente la antes cazadora.
-Así es. Iremos a conocer la marca de maquillaje que mi mamá produjo hace unos meses.- continuó, esperando que la jovencita aceptase.- Seguramente, si somos más, nos harán buenos descuentos.- finalizó con sonrisa un tanto maliciosa.
-Nunca había ido a ver maquillaje…- murmuró Sakura.- Pero, está bien, iré. Sólo dame un momento.- aceptó, guardando rápidamente sus útiles en su maleta.- Listo.- curvó sus labios en radiante sonrisa.
Naoko, Chiharu y Rika; las esperaban en la puerta principal de la escuela.
-Se demoraron.- habló la más entusiasta.
-Que bueno que decidiste acompañarnos.- dijo Naoko, cambiando el humor de la conversación.
-Sí, gracias por invitarme.- contestó una avergonzada jovencita.- Pero a decir verdad, nunca he tenido oportunidad de mirar maquillaje, ni mucho menos probármelo.- sus mejillas se encendieron ante su sinceridad.
Rika rió.- Yo tampoco he podido hacerlo, Sakura. Pero me llama la atención y creo que es mejor si vamos todas juntas.- confortó ella.
-Gracias, Rika-chan.- agradeció la susodicha.
-Entonces, vamos yendo.- intervino, Tomoyo.
Las jóvenes adolescentes se dirigieron con rumbo al centro de la ciudad de Tomoeda. El lugar en donde la mayor parte de los habitantes pasaba largas horas en sus almacenes y restaurantes. Disfrutando de lo apacible que podía ser ese pueblo y sin siquiera recordar los incidentes que pasaron hace años. Gente alegre y conversando era lo que se podía observar a donde se voltease la vista.
Recorrieron las galerías principales de la zona antes de dirigirse al lugar en donde se ofrecía el producto que era de su interés inicial. Eran jóvenes mujeres y la curiosidad de aquel elemento que transformaba hasta la menos agraciada en un monumento a la belleza femenina, que si bien, ninguna en realidad lo necesitaba, era un simple “intentar” ante tanto comercio que veían en el sitio.
Entraron al local y fueron recibidas por mujeres de divina silueta que las acompañaron hasta un área que, con un cartel, indicaban los productos especiales para niñas. Rubores de ligeros colores, labiales de tonos rosados, brillos, compactos de tonalidades pastel; y demás artículos de belleza que no denotasen agresividad en ellos. Todo pensando en lo más natural para las pre-adolescentes.
Chiharu fue la más interesada, probaba los labiales y sonreía ante un gran espejo que había en ese pequeño lugar. Naoko sólo reía ante las poses que podía hacer su amiga cuando se dejaba llevar. Rika observaba avergonzada un compacto de sombras, dudosa de probárselo. Tomoyo sólo se limitaba a observar con Sakura a su lado.
Pronto, la dueña de las cartas tuvo la urgencia de seguir el juego con sus amigas. Acercándose hacia un mostrador que portaba brillos de distintas tonalidades en pastel. Tomó uno y los desenroscó. Untó un poco en sus labios y observó su rostro en el espejo.
Se ruborizó ante lo que veía. Sus amigas la rodearon.
-Te queda muy bien, Sakura-chan.- habló Chiharu.
-Sí, te ves muy linda.- corroboró Naoko, la de lentes.
-¿Lo…lo creen así? – temerosa, la de ojos jades, quiso dejar el artículo en su lugar pero una mano la detuvo. Tomoyo le miraba con ternura y agregó.
-Te lo puedes quedar, Sakura-chan. Es un regalo mío.- convenció la de cabellos azulinos y largos.
-Pero…- dudó de nuevo, la nombrada como las flores de cerezo.
-Acéptalo, ¿si?
Tras un momento de incierto. Ella dijo que sí.
Al salir de la estancia, Sakura anunció que debía retirarse a su hogar. Tenía que preparar la cena.
-Volveremos a salir muy pronto.-comunicó Naoko.
-Espero que también vengas con nosotras.- habló Chiharu con alegría en el tono.
-Sí, lo haré.- agradeció la escolar, dándose vuelta.- Muchas gracias por el regalo, Tomoyo-chan.- dijo antes de partir.
-No hay de qué.- contestó finalmente la antigua maniática de las grabaciones, Tomoyo Daidouji.
Las cuatro amigas vieron como una de las suyas se perdía entre la multitud de las personas. Todas llevaban un semblante tranquilo y sonrisas corrían en la comisura de los labios de cada una. Sus corazones latían impasibles y las dudas de semanas atrás parecían haberse disipado.
-Me alegro que Sakura-chan, nos haya acompañado.- comentó una jovencita de cabellos marrones casi cobrizos, Chiharu Mihara.
-Ha estado cabizbaja desde que iniciamos el nuevo curso.- continúo la de lentes y de cabello lacio, Naoko Yanagisawa.
-Es cierto, no se comportaba como antes y su sonrisa parecía vacía.- Rika Sasaki, agregó con sutil tono de preocupación.- Fue buena idea el salir todas juntas, verdad Tomoyo-chan? – la mirada de la nombrada aún trataba de encontrar la espalda femenina que las había dejado momentos atrás. Al oír su nombre, volteó hasta fijarse en los ojos de quien le hablaba.
Asintió con la cabeza.
-Fue bueno verla sonreír. Aunque el motivo de la salida no fue algo especial...-confesó.- Al menos, Sakura-chan pudo relajarse y divertirse…al menos…ya no estaba con ese semblante triste y ese ver distraído…- habló la jovencita de quince años de cabellos largos azulinos oscuros.- Sólo me gustaría poder ver aquella sonrisa más a menudo, como antes. Como cuando Li-kun estaba entre nosotras…-divagó.
-Ella no ha podido… ¿verdad?
-No, aún lo sigue esperando.- habló Daidouji.- Lo seguirá haciendo y no se rendirá. Yo sé que Sakura-chan se repondrá pronto y volverá a ser como antes. Volverá a saludarnos con tanta energía que hará que nos contagiemos de ella. Será esa misma alegría y devoción lo que hará que Li-kun regrese.
-Ojalá y así sea, Tomoyo-chan.- dijo Rika, observando la faz preocupada de su amiga.
-Yo confío en Sakura-chan; y “sé que todo estará bien”.
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Tomó un camino diferente al habitual al retornar al su domicilio. Distinto pero no desconocido. Se deslizó por las avenidas cuesta abajo de la pequeña ciudad y cruzó calles con una velocidad impresionante. No quería detenerse, pero tampoco quería llegar pronto al lugar que había dicho al que llegaría.
Sus irises verduscos divisaron un complejo de departamentos que ocupaban una gran manzana a la vuelta de la esquina. Frenó sus patines y se quedó estática frente a ese lugar. Su mirada estaba quieta en una puerta visible a sus ojos pero con el sólo mirarla, no lograría que esta se abriese.
Ella sabía desde hace mucho tiempo que la puerta de aquel departamento, el interior, era habitado por una familia diferente. Ya no encontraría a aquel chico detrás de aquel lumbral. Ya no vería la sonrisa que con cariño la recibía, aprecio que ella en su niñez no percató los indicios del verdadero amor. El corazón alojado en su pecho marchó sin cesar en un palpitar acelerado. Sus mejillas calientes, sus manos temblantes y el labial inferior apretado con sutileza contra el otro…, ella quiso llorar.
Aguantó la respiración y negó fuertemente con la cabeza colocando las manos sobre su pecho.
-No, no voy a llorar.- se dijo así misma.- No lo haré.- repitió.- Porque cuando vea a Syaoran-kun, lo recibiré con una sonrisa…-susurró con su dulce voz de enamorada.- Porque yo…- rosadas mejillas aumentaron sus tonalidades y la voz cesó por emoción más que por vergüenza.- Será mejor, ir a casa.- dando un último vistazo a gran edificio delante de ella.- Adiós…
Con una velocidad menor a la primera, Kinomoto regresó a su hogar con la vista clara y con un suave viento rozando su rostro. Las palmas de sus manos casi podían tocar el aire al sentirse tan ligeras.
Al llegar, abrió la puerta para luego cerrarla con llave. Notó que los zapatos tanto de su padre como de su hermano, no se encontraban en el recibidor. La curvatura de sus labios se alargó en una gran sonrisa, ahora podía preparar la cena sin preocupaciones por el tiempo. Corrió por el pasillo y subió las escaleras con dirección a su habitación.
Tocó como de costumbre la puerta para avisarle a la criatura mágica sobre su presencia, pero no recibió respuesta. Abrió despacio y se sorprendió que su guardián no saliese a recibirla.
-Que raro…- habló.- ¿Kero-chan…?- llamó con incertidumbre.- Ya llegué, Kero-chan. Sal…- buscó en el cajón y no lo encontró. Divisó en la superficie de su escritorio una nota escrita torpemente. La cogió y leyó las letras superficiales que habían sido trazadas con rapidez.
“Sakura, como no llegaste a escuchar lo que quería pedirte, he decido ir por mi cuenta a ver los dulces de esa tienda nueva que aquella periodista comía con mucho apetito por la televisión. No tardaré.
Saludos,
El gran Kerberos.
P.D: Escuché decir a tu padre que llegaría tarde, y que tu hermano tendría prácticas hasta entrada la noche. Aún así, prepara una deliciosa cena y un gran postre.”
La muchacha releyó la carta otra vez. Y fuera de que Kero había salido en busca de dulces por su cuenta, de que su padre y su hermano no estarían con ella para cenar…descubrió que estaba sola en su casa.
Estaba sola en su casa…
Dejó el trozo de papel sobre el escritorio de lisa madera y fue a sentarse en su cama de cubrecama rosa pastel.
Suspiró.
Movió inconcientemente sus pies de arriba abajo. No sabía que hacer. Tenía tiempo suficiente de preparar la comida sin necesidad de hacerla en ese preciso momento. Sus ojos se perdieron en la infinidad del piso, como buscando la respuestas en el parquét de madera. Dándose cuenta que aún seguía con el uniforme de la escuela media Tomoeda, se dio prisa en cambiarse de atuendo.
Optando por una falda de pliegues color blanco y un polo de tiras delgadas naranja, el calor la obligaba a vestirse lo más cómodamente posible para poder así estar a gusto dentro de aquel lugar cerrado y en el que a escasas maneras la brisa de un aire acondicionador llegaba.
Sentándose ahora en el suelo, frente a aquel aparato que brindaba frescura, cogió su maletín sacando de su interior: cuadernos, su caja de útiles, dos libros de texto y…en un pequeño estuche, aquel regalo que su mejor amiga le había obsequiado.
Miró con curiosidad el empaque de aquel producto de belleza. Era alargado y de color rosa. Con un motivo de estrella en el centro que encerraba el nombre de la compañía de la madre de la de azulina mirada y miembro del coro de la escuela a la cual asisten. Destapó el objetó y desenroscó hasta ver salir por la superficie aquella silicona de color transparente que haría de otorgar a sus labios un brillo natural.
Allá en la tienda, con esmero presenció como sus amigas se divertían con aquellas muestras y ella también quiso ser parte de eso. Agarró lo primero que a su vista cruzó y su intención jamás fue el de llevar tal objeto con ella. Un regalo dado especialmente por aquella persona que la quiere como una hermana y con el fin de animar su espíritu.
Volvió a probar en sus labios aquel brillante material. Viéndose detenidamente a un espejo, se miró como en mucho tiempo no lo hacía. Las facciones suaves de su rostro se tiñeron de un carmesí que hacía juego con el color del labial y sus ojos miraban incrédulos a lo que su cristal reflejaba.
Se veía a sí misma, mayor y… ¿bonita?
Se avergonzó terriblemente.
-Je…je…je…- río en su nerviosismo.-…que estoy haciendo…si me vieran…así - sus irises destellaban sin perder la vista a aquella imagen de joven mujer.- Que pensaría…- posó una palma sobre la mitad de su rostro en el espejo.-…que diría Syaoran-kun…si me viese mayor…-soltó de repente, meditándolo en lo personal de su alcoba.- Es posible, ¿qué aún…sienta lo mismo por mí…? – Su mente no pensaba con claridad y sus labios profesaban a la imagen aquello que su corazón evitaba sentir.- …le gustaría de esta manera...- retiró la mano de la superficie del espejo, contemplando a la joven de quince años.- O…- con el revés de su mano, limpió de ras aquellos delicados labios, quitando por completo el luminoso material.- o…así? – La faz de niña volvía a aparecer, con una sonrisa triste y una expresión de vergüenza.-…que estoy haciendo…- en confusión, regresó a la pregunta del principio y la fundamental.
Cerró sus brazos alrededor de sus piernas y aproximó su mentón a sus rodillas, dejando que su rostro cayese completamente sobre ellas y, así, ocultar las fuertes lágrimas que resbalaban por la cándida superficie de su rostro.
-Syaoran-kun…- sollozó tristemente. Su aliento tibio chocaba contra sus piernas y las gotas caían de los irises verduscos sin poderse detener. El cabello de castaño claro color, tapaba su frente y resbalaba por los contornos de su fino rostro- Syaoran-kun…- una vez más, en susurro. Cesando sus palabras, sólo se dedicó a derramar su corazón y sus esperanzas en cristales de acuoso elemento. Unos minutos pasaron, el reloj era su sonido de fondo y sus oídos seguían fielmente ese tic-tac que le alertaban o, más bien desmentían, que el tiempo seguía su curso y que por ella, no se detendría.
El tiempo es traicionero. Aquel muchacho le pidió que le esperara y ella accedió.
“Para siempre”, dijo ese día en la parada de autobús, exhausta después de haber perseguido aquel vehículo que se llevaba a su verdadero amor.
“Te quiero”, gritó emocionada aquella vez en que pensó que él le había olvidado. Cuando creyó que no había más en que poder fiarse completamente y que su amor había desaparecido. Ese día sintió que el mundo en verdad había llegado a su fin. Pero, “Amor” le salvó.
-Te quiero…ahora….-la agitación volvió a embargarla a medida que recordaba los sucesos pasados y su desesperación se volvió una angustia severa.- Quiero que vuelvas.- lloró.- Quiero que vayamos a la escuela juntos.- sus manos, abrazadas a sus piernas, se sujetaron con firmeza.- Quiero conversar contigo, poder reírnos juntos, que Tomoyo-chan nos grave con su cámara y que Yamazaki-kun nos diga sus historias…-una pausa.- Quisiera…- su voz confusa cayó.- Tan sólo desearía…volver a repetir esas palabras…- y, de nuevo, sucumbió en llanto.
Aquel sonido tan lamentable, lo era aún más para aquellas criaturas mágicas que, desde su forma primaria, escuchaban los sollozos de su querida dueña y, sobretodo, amiga. Las cartas de nombre Sakura, que poseían sentimientos y voluntad, maquinaban alguna solución para poder aliviar el pesar de aquella muchacha. Su dolor era el de ellas, y la amistad les impedían el no actuar. Pronto, comprendieron el real deseo de su señora. No es que desconocieran de el, pero no podían aliviar el corazón que frente a ellas se destrozaba. Conocían el motivo, la persona, el alma, las palabras; que tanto Sakura Kinomoto quería entender, tener, abrazar y escuchar.
Si la magia lo solucionase todo, hubiesen evitado que aquel joven se marchase.
Como que así pudo ser…pero no fueron los deseos de ella en ese momento. La fe es lo mantiene de pie las esperanzas. Las ansias de querer ver al ser amado pronto sucumben con el traicionero y real tiempo, y tarde o temprano, ese momento tan cruel de la desolación vendría.
Pero estaban preparadas.
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Cuando el cielo se cubrió en una sábana negra estampada de puntos luminosos, ya la dueña de las cartas mágicas antes pertenecientes a Clow, cansada por el llanto, cayó en pesado sueño. La intrusa luna, escabullía uno de sus rayos desafiantes por una cortina entreabierta del cuarto de la doncella. Aquel haz de luz se posó sobre la superficie de una baraja de apariencia normal.
Pronto, la primera carta brilló.
“SUEÑO”
Y, el cuerpo de la Card Captor se iluminó.
Una ciudad de luces artificiales.
Cristales de color jade observaban atónitos un paisaje no esperado.
La Torre de Tokio.
De pie, sobre la superficie de una azotea de algún edificio, ella estaba parada…
-Porque…-habló desconcertada.- Porque estoy soñando con esto.- dijo más fuerte tomándose por los codos y sujetándolos contra su pecho.- Yo ya no tenía este sueño desde hace mucho tiempo…-miró su cuerpo. No había un traje especial de “batalla” hecho por su amiga de la infancia. Se vio que portaba su uniforme del instituto y que tampoco tenía el báculo de la estrella en sus manos, ni el colgante de la llave en su cuello.
Pronto se dio cuenta.
-Un sueño…premonitorio…- sus labios esbozaron las palabras pero ningún sonido salió de ellos.- Pero…por qué…-pensó más calmada.
Sin embargo, antes de que profundizase en su pensar, una fuerte ventisca la sacó de ese estado mental. Sus cabellos taparon su visión y aquel aire, le hizo perder un poco el balance. Pronto, sus ojos divisaron un componente faltante en la escena.
Los pétalos de cerezo.
Sakura por primera vez sostenía con sus manos las flores de las que provenía su nombre. Eran tan delicadas…
La ventisca volvió, esparciendo las pequeñas delicias rosadas por el aire, Kinomoto estaba maravillada por el espectáculo. Una sonrisa ingenua apareció en su rostro. Aquellas flores le recordaban el camino que tomaba todos los días para ir a la escuela y en los cuales iba acompañada de su hermano y de su primera ilusión, Yukito Tsukishiro. Eran hermosos recuerdos.
Pero, el momento de emotividad no le duró mucho.
Como si aquellas ventiscas anteriores anunciaran la venida de un torbellino desastroso, la ciudad cayó en tinieblas y lo único que alumbraba aquella oscuridad, era la imponente Torre de Tokio, maravilla de Japón.
La dueña de la baraja hechizada, no sabía porqué, pero supuso que debía acercarse a ese lugar. Arquitectura que se le fue anunciada en su primer sueño y que decidiría su vida para siempre. Aquel sitio en el cual habría librado el juicio final con el ser mágico Yue y que había vencido gracias a su valor y su fuerza del corazón. Además de ser el lugar en donde, en un sueño también, conocería a Eriol Hiragisawa y a sus guardianes, Ruby Moon y Spinel Sun. Los cuales también la pondrían a prueba y conseguirían, no sólo la transformación de sus aliadas, sino la realización del primero amor.
Un espacio con el cual estaba relacionada íntimamente.
Aún así, no se movió de su lugar.
No por miedo, no por dubitación.
Sino, porque lo vio.
Una figura estaba parada al borde de un peldaño de aquella estructura. Alta y con un porte elegante. No parpadeó para no evitar ni un solo detalle y talvez, por temor a que ese espejismo lejano no se esfumara. No pudo divisar su rostro, pero aquellos cabellos marrones, movidos por la brisa, oscuros bañados por lo plateado de la luna, si los pudo reconocer. Era como esa vez, como en ese sueño en el que anunciaba su llegada. Con el rostro tapado con un grueso cerquillo y un traje con motivos chinos; con el tablero mágico en una mano tratando de ubicarla. Pero esta vez, aquella forma masculina portaba un traje oscuro y sujetaba un objeto con firmeza a su lado.
Sakura gritó pero su voz fue cortada cuando la luna iluminó el rostro de aquella persona tan lejana a ella. Un rayo captó la dulce sonrisa y el ver bondadoso de su amado, Syaoran Li.
Ella dejó que una lágrima recorriera el borde de su rostro y juntando ambas manos en el pecho, como si tratase de que su corazón se quedase quieto y dejara de latir tan violentamente contra su delicado pecho, exclamó el nombre tan deseado.
-SYAORAN-KUN!
-SYAORAN-KUN! – el eco devolvió el llamado.
La jovencita quiso acercársele pero las delicias rosas rodearon su cuerpo, impidiéndole su aproximación al cuerpo que yacía en aquel brillante lugar.
-SYAORAN-KUN, SYAORAN-KUN! – llamó con desesperación. Las lágrimas eran llevadas por el aire que circulaba a su alrededor, pero unas nuevas salían al instante. Gotas gruesas llegaron a caer al suelo, dejando su marca de dolor en ella.
El rostro de esa persona acentúo una sonrisa y le dirigió unas palabras.
-…….
Ella no las escuchó. El viento arrasó con la imagen de una Torre de Tokio y de un perfil luminoso en ella.
Todo se volvió oscuridad.
Los pétalos pararon en su danza brusca y fueron descendiendo a lo que podía llamarse piso. Una alfombra de rosa color se formó. La de ojos esmeraldas ahora teñidos en desgracia, cayó de rodillas en ella. La suavidad de aquella manta impidió que se lastimara, más eso no le importaba.
Le había “perdido” otra vez.
-Por…qué…- voz temblante y entrecortada susurraba una búsqueda de esta tragedia.
Talvez fue por su estado emocional quebrantado, pero la joven mujer no se percató de que había despertado.
Su frágil cuerpo tiritaba y sus manos, que sujetaban la cubre cama con fuerza, podían verse temblar. Su hermoso rostro, tan de niña, tan de mujer, expresaba una mueca de profunda desolación. Un sueño premonitorio…, una realidad que se avecina, una desgracia por carta adelantada, unas lágrimas que habían sido ahorradas pero ahora derrochadas por la tristeza. Ella no entendía.
-Fue todo… un sueño… ¿verdad? – dijo para sí en un suspiro, último aliento después de tranquilizarse. Sus ojos observaban quietos sus manos ahora relajadas. Con el reverso de la izquierda, limpio su frente de las gotas de sudor que allí estaban. Volvió su ver a su mano derecha, notando que esta encerraba en ella algo. Abriéndola, descubrió un solo pétalo de flor de cerezo. Lo miró atónita y, cerrándola, acercó su mano hasta su pecho, confiando, en que todo lo que había visto en ese sueño era cierto y que, pronto habría buenas nuevas.
Dejó escapar un suspiro y curvó sus labios.
-Te volveré a ver…-sus ojos cerrados hacían un voto a la flor y sonriendo con la esperanza que brotaba siempre en su pecho y que, ni el tiempo ni el dolor habría logrado vencer.- No importa cuanto tardes, Syaoran-kun…sólo lo sé.- sus mejillas se tornaron de un delicado color sonrosado.- Te esperaré, mi querido Syaoran-kun.
Aún inquieta por lo que había visto, se dispuso a volver a retomar el sueño. Después de todo, eran las tres de la mañana…
En el escritorio, las cartas que eran suyas, resplandecieron nuevamente. Pero, esta vez, ningún poder fue evocado de ellas. Más bien, parecían contentas, un brillo de regocijo, porque estaban seguras, que su ama tendría un buen sueño lo que continuase de la noche.
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-Mmmm…
Un animal parecido a un peluche observaba suspendido en el aire a una joven muchacha dormir.
-Hay…algo raro en ella.- masticaba en sus labios aquel pensamiento que tenía desde que había salido del cajón en el cual descansaba.- Parece…feliz…- dijo en tono dubitativo.
Acercándose a ella, la miró fijamente.
-Mmmm…Syaoran-kun…
Escuchó de los labios de ella.
-Cómo? – habló el guardián en miniatura totalmente confundido.- Soñando, Sakura? – en tonalidad cariñosa, soltó al oído de la susodicha. Una sonrisa había sido dibujada en los juveniles labios, facción que no será borrada aún cuando despertase la dueña de las cartas.
Virando los ojos hacia el reloj despertador, percató que faltaban pocos minutos para que este sonase. Voló hasta posarse al costado de aquel objeto. Tomándolo con sus patas, manipuló las cuerdas hasta agregar treinta minutos más a la alarma que despertaría a su amiga.
-No es necesario que crezcas tan rápido, Sakura.- habló la criatura, sus pequeños ojos oscuros miraban con estima a la durmiente.- No es necesario que cambies.- volviéndose a las cartas que estaban encima del amplio escritorio, estás se iluminaron.- Nos gustas tal y como eres,…Sakura.- agregó en sonrisa.- diciendo esto, voló de regreso al cajón.- Descansa unos minutos más, mi señora.
El cajón se cerró y la habitación volvió a quedar en silencio.
En la primera planta de la casa, ruidos de la cocina indicaban que los habitantes de la morada estaban despiertos. Treinta minutos habían pasado desde que el muñeco cambiase la hora escogida. Ella seguía durmiendo cual ángel en gracia de Dios. La sonrisa hermosa no se esfumaba.
Sonó el objeto antes modificado indicando la hora.
-Sakura! Ya es tarde! – se oyó en tono alarmante.
-Mmmm, un rato…ya me levanto.- perezosamente, Kinomoto se sentó en su cama. Estirándose, con una mano cogió el reloj.- Pero si aún es temprano…- sin abrir los ojos, habló.
-Mira otra vez.- dijo el peluche en sonrisa burlona.
-Eh?- fijó los esmeraldas en las manecillas, notó con espanto que habían cambiado la hora antes señalada.- EHHHHHHH!!!
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En el primer piso, el padre de la dueña de las cartas escuchó el grito proveniente del segundo piso de su casa.
-Al parecer Sakura ya despertó.- habló complacido el hombre, depositando una taza de café en la mesa.
-Algunos hábitos nunca cambian.- dijo con sorna, el joven hermano de la muchacha, recibiendo el recipiente que le había extendido su padre. Esbozó una sonrisa comprensiva a la hora de tomar el líquido caliente.
Arriba, bulla era lo único que se lograba escuchar.
-Pero, pero…. Estoy segura que dejé el despertador fijo…entonces…porqué…- decía como podía, Sakura mientras se colocaba, con torpeza, el uniforme estudiantil.- Como…..- se cuestionaba, acomodándose la corbata.
-No lo sé.-
La de ojos jade me dirigió una mirada acusadora que fue esquivada con gracia.
-Sakura! Yo ya me voy.- la voz de su hermano llegó hasta el cuarto de la hechicera, distrayéndola.
-Hermano, espérame! – contestó, peinándose con un cepillo las hembras de su no tan corto cabello.
Bajó las escaleras rápidamente. Entró a la cocina, saludó a su padre y tomó con velocidad aquello servido en la mesa, unas migajas de pan aún se veían en su rostro. Se dirigió hacia la salida, encontrando a su hermano montado en su bicicleta en el umbral de la puerta, listo para irse. Le sorprendió ver una sonrisa tranquila en el rostro de su aquel hombre.
-Aún eres una niña de primaria que se queda dormida y se atraganta al desayunar.- habló con calma, señalando el rostro de su pequeña hermana.
-No es así.- contestó enfadada ella, limpiándose con los dedos los residuos de comida.
Touya Kinomoto amplió una sonrisa y perdió su mirada por las calles de la cuidad.
-Me voy, Yukito me espera.- dicho y hecho, partió.
-Pero…-trató de detenerlo, pero ya era muy tarde.- Mi hermano aún me fastidia por lo de levantarme tarde…aunque ya sea estudiante de media…-habló con pesadez y vergüenza.
-Sakura, ya pasaste la hora límite.- señaló su padre con una sonrisa cariñosa.
-Ehhh, si, ya me voy.- se despidió ella.- Es tarde, tarde…
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Saliendo de la casa, por el enfado, había olvidado ponerse los patines que había utilizado el día anterior. Corrió con velocidad, tomando la misma ruta de siempre, aquella vía con cerezos adornando la vista. El viento chocaba su rostro mientras corría y en sus pensamientos, el llegar temprano era lo único que los llenaba.
Hasta que lo vio.
Un joven estaba caminado delante de ella con parsimonia. Uno de los brazos del muchacho estaba recogido llevando un objeto entre su mano y pecho. Por detrás, los ojos verdes de Sakura, examinaron lo alto del hombre, el cabello fino de color marrón oscuro y el uniforme masculino de su escuela. La curiosidad la llamaba.
Pasando por su lado, aminorando la velocidad, miró de reojo al muchacho y sus pies de detuvieron automáticamente.
Un oso rosa alado estaba posado en el brazo del joven hombre.
Sus ojos no podían creer lo que veían y sus labios se entreabrieron para soltar una sola palabra tan extrañada como los abrazos de su madre y dicha de una manera tan dulce, que si no fuese por la sorpresa la repetiría constantemente.
-Syaoran…kun…?- soltó con delicadeza.
Y el viento llevó ese nombre hasta los oídos de aquella persona tan ansiada…
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